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EL ASESINATO DEL PRESIDENTE

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EL ASESINATO DEL PRESIDENTE

Eran aproximadamente las cuatro de la mañana y en medio del silencio empezó

a sonar un estridente sonido que daba un fuerte dolor de cabeza, eran las alarmas de la

casa presidencial. Después, se escuchó el sonido de unos cristales rotos. ¿Qué estaba

pasando? No sucedió nada más. A los pocos minutos llegó la policía y se desactivó la

alarma, el presidente fue desalojado del bunker donde se había protegido ante tal susto.

Nada parecía extraño ni fuera de lo normal, hasta que encontraron la respuesta en el

despacho principal de la casa. En las paredes estaba escrito con spray rojo un mensaje:

“Primer aviso, conseguiremos lo que queremos”. Al jefe del estado le recorrió un

escalofrío por todo el cuerpo cuando lo vio, los policías compadecían al pobre hombre y

de vez en cuando le intentaban tranquilizar con alguna frase como: “No se preocupe

Señor, encontraremos pronto a los gamberros” o “Pondremos más protección, no

volverá a pasar algo así” Y él con todas sus ganas quería creérselo, pero le costaba

bastante. No sabían quiénes habían sido ni qué querían, pero pronto lo descubrirían.

Se fue desalojando poco a poco el jardín y al cabo de unas horas, ya sólo

quedaban un puñado de guardaespaldas. Cuando hubo suficiente luz inspeccionaron

más a fondo la casa y no encontraron ningún indicio de nada raro. Más tarde, como de

costumbre el presidente se puso a trabajar, pero antes tuvo q ir a recoger unos

documentos que desgraciadamente estaban en su antiguo despacho, al cual, si tenía un

poco de suerte, no volvería a entrar jamás.

Al llegar a su destino cogió un puñado de carpetas y se marchó lo antes que

pudo. Se pasó toda la mañana trabajando. Le ayudaba a olvidarse de la fechoría de la

noche anterior. Cuando estaba dispuesto a irse a comer, entraron en su nueva oficina

tres hombres con aspecto rígido, uniforme negro y gafas de sol. Se asustó tanto por la

situación, que hubiera gritado, si no fuera porque uno de ellos le enseñó la placa de

agente especial y le habló:

– No se alarme, somos agentes especiales y estamos aquí por su caso -dijo

mientras guardaban las placas en las que pudo confirmar que eran agentes de

verdad.

Acto seguido, se volvió a abrir la puerta, pero esta vez fue como verse en un

espejo. El que entró en la habitación era un clon exactamente igual a él.

– Para su mayor seguridad vamos a sustituirle públicamente por este agente

especializado en actuaciones y usted vendrá con nosotros hasta que esté

todo solucionado – volvió a hablar el mismo agente.

Después de escuchar al agente se levantó, cogió las últimas carpetas que tenía

entre manos y se fue con ellos, dejando a su doble ocupar su puesto.

Le llevaron en coche hasta un centro de mando donde lo mantendrían hasta que

se sucedieran nuevas noticias y le instalaron en una bonita habitación-escritorio. Para

matar el tiempo se puso a terminar trabajos de las carpetas que había llevado con él. Al

abrir una de ellas encontró unos papeles que le dejaron pálido del terror.

Los habían dejado la banda que se había colado aquella noche para darle un

tremendo susto. Contenían unas exigencias que debía cumplir en un plazo máximo de

dos días y una amenaza, si no cumplía las exigencias o contaba algo de aquello, le

matarían.

Lleno de coraje salió en busca de alguien a quien le pudiera servir aquella

información, al final encontró al agente Bravo, quién comandaba su misión de rescate.

Esta información le resultó muy útil e ideó un plan.

Dicho plan se llevó a cabo dos días después, por la noche. Un coche se paró en

medio de la nada y el falso presidente salió de él. De repente, salieron de sus escondites

personas con máscaras, bates y algún arma.

– Así que eres más inteligente de lo que pensábamos, has obrado bien

presentándote -dijo uno de los malhechores. Se paró para coger aire y hacer

más dramático el momento- ¿Has traído todo?

Permanecieron en silencio un instante y de repente, se vieron rodeados por

coches y helicópteros de policía. Intervinieron rápidamente los agentes y consiguieron

reducirlos sin que hubiera heridos.

De nuevo instalado en su casa el jefe del estado y con la historia protegida del

conocimiento del mundo, todo volvió al orden natural de las cosas. Y gracias al servicio

secreto de agentes, el país estaba protegido.

Versus

 

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