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Atrapado


De repente, un ruido le despertó pero no era aquel típico sonido que hacían siempre

sus vecinos cuando llegaban a su casa en las horas de la madrugada, sino un ruido muy

molesto, un ruido que cada vez se escuchaba más alto. Se notaba incómodo y no

lograba ver la pequeña luz que siempre enchufaba porque tenía miedo a la oscuridad,

estaba confuso no sabía dónde estaba ni por qué estaba allí .Tampoco estaban sobre él

las dos mantas con las que siempre dormía aunque estuviese en verano, porque era

friolero. Fue a darle al interruptor de la luz pero no lo encontraba. Entonces se dispuso

a coger su linterna de un cajón de su mesita de noche pero no lograba tocar nada salvo

la pared. Además, le dolían las piernas y la espalda por lo que pensó que se había

levantado sonámbulo y se habría caído en el pasillo de su casa.

Pero descubrió que no era su casa porque en una esquina de esa habitación en la que

se encontraba había unos botones circulares con números y alrededor de ellos había

una pequeña lucecita. Se estaba empezando a poner nervioso porque no sabía qué

había pasado y tampoco sabía el lugar en el que se encontraba.

Se empezó a escuchar una música que no contenía letra y una luz en el techo se

encendió está parpadeaba de vez en cuando.

Entonces se levantó un poco mareado y descubrió sorprendido el curioso lugar en el

que se encontraba era… ¡un ascensor!

Todavía no se lo podía creer cuando la música paró y el ruido que tan fuerte sonaba

también y Lucas, después de quedarse unos minutos allí parado sin saber qué hacer,

empezó a pensar una forma de salir de aquel sitio que tanto le agobiaba y del que no

sabía cómo habría entrado.

Primero, intentó abrir la puerta, pero todos sus esfuerzos eran inútiles ya que la puerta

era muy grande y pesada. Entonces decidió gritar pero no recibió ninguna contestación

y además le empezó a doler la garganta, también intentó dar a los botones del

ascensor pero el ascensor ni subía ni bajaba.

Perdiendo todas las esperanzas de que alguien le encontrase y poder ir otra vez con su

familia a su casa y saber lo que había pasado, se dio cuenta de que para ser un

ascensor era uno muy grande y que el edificio tenía muchas plantas ya que una

esquina del ascensor estaba repleta de números del uno al cincuenta. Encima de toda

esa fila de números de pisos había un número más grande que era el cuarenta y nueve

pero algunas veces este número parpadeaba y se ponía en el nº 48.

Esto le llevó a pensar en que estaba el un rascacielos pero no tenía ningún sentido

haberse ido a dormir como todos los días en su habitación y en mitad de la noche

haberse despertado por un ruido que sonaba fuera de un ascensor de un rascacielos

en el que estaba atrapado.

El único rascacielos en el que había estado unas cuantas veces era el rascacielos donde

trabajaba su padre. Lucas no sabía muy bien en qué trabajaba su padre pero sabía que

trabajaba toda la semana salvo los domingos, casi no podía verle porque salía a correr

por la tarde y por la mañana dormía hasta la una. También sabía que algunas veces los

sábados se olvidaba el bocadillo de mediodía y su madre le obligaba a llevárselo y

cuando iba a su oficina en el piso de arriba, es decir, el cincuenta, lo veía muy

estresado buscando papeles en una larga fila de estanterías. Debía de trabajar mucho.

Cuando Lucas le llevaba el bocadillo no podía estar mucho tiempo porque si no, su

padre no podía trabajar adecuadamente y luego tendría que llegar un poco más tarde

a casa. Además Lucas lo prefería así porque tenía mucho vértigo y tan solo de

imaginarse que estaba tan alto, se empezaba a marear. Alguna vez que había hecho

viento y se había olvidado el bocadillo su madre tenía que ir a dárselo ya que la punta

de los rascacielos se puede llegar a mover hasta un metro.

Después de pensar todo esto, Lucas se dio cuenta de lo que había pasado: él fue a

darle el bocadillo a su padre. Subió como de costumbre en uno de los diez ascensores

de aquel rascacielos. Subió con más trabajadores que se fueron bajando en sus

respectivas plantas y Lucas al final llegó a la planta quincuagésima, en la que trabajaba

su padre. Le dio el bocadillo y bajó en diferente ascensor del que había subido con tan

mala suerte que no se dio cuenta de que había un cartel aun lado del ascensor en el

que ponía “fuera de servicio”. Al no darse cuenta, él entró y le dio al botón de planta

principal un par de veces, al fin el ascensor cedió pero no por mucho tiempo ya que el

ascensor se paró entre la planta cuarenta y ocho y la planta cuarenta y nueve. Se

empezó a poner nervioso y se mareó. Esta es la hipótesis que se le ocurrió a Lucas y la

que parecía más lógica.

De repente, su alarma del reloj empezó a sonar y eso era porque la tenía programada

para que sonase a las siete y media la hora en la que él se tenía que levantar de lunes a

viernes para ir al colegio pero los fines de semana no la quitaba porque le gustaba

madrugar y se levantaba pronto todos los días. Ya eran las siete y media y empezaba a

tener hambre.

Entonces le pareció que el ascensor bajaba y el número cuarenta y ocho que

parpadeaba con el cuarenta y nueve dejó de parpadear y se puso directamente en el

cuarenta y ocho, luego en el cuarenta y siete, después en el cuarenta y seis…y así

sucesivamente hasta que llegó a la planta que él había señalizado hacía casi medio día.

La planta principal ¡por fin!

Y se abrió la puerta del ascensor y en frente de Lucas aparecieron sus dos hermanas,

su madre y su padre. También estaba cerca el director del edificio, algunos empleados

y las personas que fueron las encargadas de rescatarle.

Lucas fue corriendo a donde se encontraba su familia les dio un fuerte abrazo a todos y

después les dio las gracias a todas las personas que le habían ayudado a salir de allí.
Post date: 2017-04-03 17:59:02
Post date GMT: 2017-04-03 16:59:02

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