COCHABAMBA QUERIDA

Piel morena, ojos negros, pelo largo y fosco, sonrisa dulce, acento susurrante, bondad infinita. Así es mi amiga Laura; bueno, mi amiga y la de otros muchos niños, profesores etc. Quien la conoce cae en su hechizo.

Todo empezó hace ya cuatro o cinco años cuando, iniciado el curso, la maestra nos anunció la llegada de una alumna nueva y nos invitó a recibirla con una pequeña fiesta de bienvenida para hacerla sentir especial. A mí me pareció estupendo. Un paréntesis entretenido en nuestra mañana aburrida y monótona. ¡Qué bien! – pensé, esto promete. Minutos más tarde cruzaba el umbral de la puerta una niña de aspecto tímido y leve sonrisa. Uno a uno nos fuimos presentando y así lo hizo ella. 

El tiempo pasó rápido y cuando nos quisimos dar cuenta faltaban dos meses para acabar el curso. A esas alturas, todos en clase habíamos oído hablar de Totora,” pequeña localidad al sureste de Cochabamba, en Bolivia”. Y es que cada vez que surgía un pequeño conflicto en clase, Laura intervenía e intentaba hacernos ver que no merecía la pena disgustarse por esas tonterías. En realidad, las cosas que merecían la pena las teníamos todos a nuestro alrededor.

Aún recuerdo el día en el que Laura levantó su tono de voz más de lo acostumbrado para hacer ver a una compañera, un poco pija, que sus amigas de Totora suspirarían por tener la ropa que ella despreciaba y el móvil que ella golpeaba sin piedad para pedir otro. Carmen, la niña aludida, la llamó pobretona y muerta de hambre y Laura, visiblemente afectada, la contó lo siguiente: tienes razón Carmen, soy pobre, he pasado hambre, he visto a mis padres disimular para ponernos a nosotros algo más en el plato, he visto a niños llamar a nuestra puerta rota y vieja para pedirnos pan, he tenido que trabajar, he aprovechado el poco material del colegio hasta el margen y más allá…¿ Y sabes una cosa? Siempre fui más feliz que tú. Nunca sufrí por caprichos porque no los pude tener, nunca envidié a ninguna amiga porque todos teníamos pocas cosas…pero yo siempre he sido muy agradecida porque he visto mucho amor a mi alrededor y nunca sentí envidia. Ahora que estoy en España, me siento una diosa afortunada y voy a estudiar duro para intentar cambiar a mejor mi entorno. Si quieres, te invito a mi casa. Puedes ver mi habitación compartida. Nos la ha donado el ayuntamiento. Es pequeña pero suficiente para vivir bien. Mis padres no nos pueden llevar a ningún sitio en coche porque no tenemos, pero si quieres podemos organizar una tarde de cocina y os enseño a ti y al resto a hacer alfajores, uno de los dulces típicos de Bolivia.

Carmen bajó la mirada, la pidió perdón y se sintió ridícula porque Laura la había dado una lección de humildad. Desde ese día, Laura era la chica más inspiradora y voluntariosa de clase y del colegio. Gracias a ella sabemos mucho más de su querida tierra y en vez de comprar alimentos precocinados para celebrar los cumpleaños, ahora cocinamos mucha comida de Bolivia y de nuestra” tierruca”, por supuesto.

El tiempo pasa y todos hemos crecido. Ya en el Instituto, seguimos teniendo a Laura junto a nosotros. Es una gran estudiante. Ayuda en lo que puede y nunca la he visto enfadada. La encanta relacionarse con la gente nueva que aterriza en clase, para integrarles lo antes posible. Ella es la delegada por unanimidad, el ojito derecho de los profesores y por resumirlo, un ángel de piel oscura y sonrisa infinita. Su última locura, impensable hace años, ha sido organizar una vez al mes un mercadillo solidario en el instituto donde cada uno trae ropa que ya no usa para intercambiarla por la de algún compañero. Como solo Laura sabe explicar: para qué gastar dinero cuando puedes reutilizar ropa gratis. Y además he de reconocer que es muy divertido porque entre que eliges y te decides, te lo pasas muy bien disfrazándote. No solo eso: también ha ideado un sistema de preferencia de elección basado en notas y actividades voluntarias que deja boquiabierto a cualquiera.

 El día de mañana quiero seguir en contacto con ella porque compartir mi día a día con Laura me ha hecho mejor persona y a todos nos ha hecho ser más tolerantes. Es en este punto cuando tengo que susurrar: Cochabamba querida. Gracias.

SEÑOR X

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