Destino o mala suerte?

Alba

Me levanté una mañana del martes 13 de octubre de 1989,  era mi cumpleaños, pero por desgracia me tocaba sufrir lo mismo de siempre.

Ya era una rutina para mí saber que el hecho de no importarle a nadie no hace que cambie nada.

Sin más me preparé para ir al instituto, el único sitio en el que por menos me sentía feliz de tener un grupo de amigas que no cambiaría por nadie.

Tocó el timbre de la primera clase y como todo martes empezaba con mi asignatura “preferida”, si no lo adivinaste te lo diré: Matemáticas, exacto, Matemáticas, empezar el día de tu cumpleaños con esa asignatura no es lo mejor pero tocaba lo que tocaba. Ahora que lo pienso… ¿para qué queréis saber lo que hago en el instituto? Supongo que iré al grano…

Esa misma tarde tenía planeado quedar con mis amigas e ir a celebrar mi día especial, pero no pudo ser, como era de esperar ,mi padre llegó borracho otra vez más. 

Pensé que por lo menos en mi cumpleaños podría mantenerse dentro de los límites, pero me di cuenta de que solo era un estorbo para él, no tuve más remedio que aguantar el dolor y la crueldad que él demostraba al mirarme con esos ojos, así que tras la misma historia de siempre subí a mi cuarto, me tiré en la cama y empecé a llorar en silencio. Mi madre era la única que entendía mi sufrimiento, pero no podía hacer nada a cambio porque ella sabía de lo que era capaz mi padre, ese hombre…

***

Ya era miércoles y pronto se acercaba la semana de vacaciones  no tenía nada pensado para hacer ya que no me irían a dejar salir igualmente, así que preferí estudiar para los exámenes de noviembre.

Como era de esperar aprobé todos con un cinco raspado, eso era una ventaja para poder pasar un poco desapercibida frente a mi familia con las notas. Se me pasó el curso volando ya que no había nada interesante o fuera de lo normal. No me esperaba tampoco que mi padre pagara los estudios, así que tuve que sacarme un trabajo de tarde, busqué uno que se amoldara a mis gustos por el arte y encontré el mejor conforme a eso.

Trabajaba en una galería de arte no muy grande pero cómoda, me tocaron los mejores compañeros de trabajo, es más, ¡ellos me consideraban como su amiga! 

El tiempo se me pasó volando y me empezó a gustar un compañero del trabajo, cada día nos acercabamos más y más, pasé ratos que jamás pensé que llegaría a pasar.

Pero como me temía, mi padre tuvo que arruinar todo. Él amenazó a por increíble que me parezca a mi novio con que jamás se acercara a mí. Yo no sabía qué hacer, pero esta vez no le dejé pasar el límite, empecé a gritarle al nivel que él me solía gritar a mí y le recalqué lo mucho que ese chico me alegró mientras él me arruinaba la vida. Los buenos ratos que pasaba con él y lo mucho que me ayudó en los estudios… No me dejó terminar.  Me había pegado un bofetón en pocos instantes y con la mente en blanco caí al suelo ahogándome en las lágrimas que derramaban mis ojos. Subí corriendo las escaleras hacia mi cuarto y llamé a mi mejor amiga, le dije que me viniera a buscar porque necesitaba un poco de aire libre.  Como no podía salir por la puerta tuve que salir por la ventana de mi cuarto. No se me hizo fácil. Al ser un tercero, tuve que hacer una cuerda improvisada con las sábanas que iba encontrando por mi cuarto, dejé una nota en mi cuarto porque mi madre siempre pasaba por esa hora a mirar qué tal estaba y no quería preocuparla.

Al fin llegó a mi casa, no me podía quejar de cuánto tardó porque por lo menos vino a por mí en su moto, me llevó a su casa a pasar la noche, no quería para nada volver a ese antro con olor a drogas y alcohol por lo menos hasta el día siguiente, así que me prestó un pijama de los suyos y preparó la habitación de invitados. Me sentía mal por mi madre, pero no tenía otra opción…



 

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