UN DÍA QUE NO SE OLVIDA

Siete y media de la mañana, Jacksonville, Florida, Estados Unidos.

Por fin volvemos al instituto, por fin veo a mis amigos, pero nunca podré volver a otros.

Hace apenas una semana, Lucas, un ex-alumno que acababa de cumplir diecinueve años llegó con su rifle «AR-15´´ semiautomático llegó a mi instituto, «REALITY COUNTRY PUBLIC SCHOOL´´, creo que para entender la historia debemos empezar por el principio.

Hace una semana…

Ocho y diez, estoy esperando a Paola, que ha ido a recoger a José.

Ocho y cuarto, ya han llegado, nos montamos en el autobús del instituto a las ocho y veinte, cuando llegamos el ambiente estaba perfecto, como cada día, vemos a Daniel hablando por teléfono a escondidas. Ese chico no era nada tímido, era un buen amigo de Lucas, pero Lucas ya no está, nadie menos Dani sabe nada.

– Soy la policía -dice apresuradamente Daniel- Les tengo que decir algo, es sobre Lucas…-cortó la llamada.

– Creo que primero os aviso a vosotros, ¿os acordáis de Lucas?- dijo Daniel

– ¿Y quién no? Menos los de séptimo, todos le conocemos – dije yo

– Creo que cometerá una locura dentro de poco,-dijo él ya sudoroso- pero no sé ni dónde ni por qué, solo sé eso.-estaba nervioso.

– Creo que será mejor que llames a la policía lo más rápido que puedas, creo que Lucas necesita tu ayuda para no acabar en la cárcel- dijo muy tranquila Paola, que siempre intenta tranquilizar a todo el mundo.

-RING- era el timbre del recreo, depositamos los libros en las taquillas de enfrente de clase, cogemos el almuerzo y…

– ¡Cuidado! – gritaron Juan, Francisco, Marcos y Cristina a la vez.

Natalia, profesora de Matemáticas y ex-tutora de Lucas cierra la puerta de clase.

– AH – grité, empecé a llorar y veía el ambiente, ahora sanguinario, no como esa mañana. Veo a Lucas, con un rifle, disparando, una bala llega a mi pierna, otra a el estómago de Paola, vi mi infancia con ella, tuve miedo.

Al día siguiente…

Estaba en el hospital, no puedo mover ni la pierna ni el brazo, ambos derechos. Llegó el médico, estaba algo sudado, era de las operaciones de extracción de balas.

-Me alegro de que hayas despertado, una afortunada, enciende la tele por favor- dice el médico, todavía manchado de sangre.

– Lucas un joven de diecinueve años, entra en el instituto…-tras acabar de decir todo, llega la hora de los heridos y los fallecidos- 20 personas han resultado heridas y 17 fallecidas, entre los heridos estaba la profesora de lengua que intentaba salvar a una alumna-

– Jo con Aída no te metas Lucas- pensé yo, después el médico apaga la televisión y me mira algo triste.

– ¿Ha atendido usted a mi amiga Paola- le digo

– Paola…un segundo… lo siento mucho pero… Paola ha muerto – dijo el médico, sin saber cómo decírmelo.

Empecé a llorar.

– No puede ser Paola, aquella persona que te tranquiliza, no, ella no puede ser.

– Pero Paola me encargó que te dijera una cosa

– No puede ser…

  • Que te quería y que ella nunca habrá muerto, no hasta que no te mueras tú.

El médico me vuelve a encender la televisión.

– Hubo problemas con él el año pasado por amenazas a estudiantes y creo que se le pidió que abandonase el campus – era Óliver, profesor de física y química.

Ahora, una semana más tarde, voy en silla de ruedas al instituto, con José, pero sin ella, sin mi mejor amiga, la que me enseñó a vivir, a ver el mundo con otros ojos, a reírme, a ser feliz, a todo… «Te echaré de menos Paola´´.

Este será un día que no se olvida, pero tampoco te olvidaré a ti, TE QUIERO PAOLA.

 

Pluma Libre

 

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