Un diario una historia

Era un día como otro cualquiera en la sede del Diario Montañés, o eso parecía. De repente entró Javier Morgade, el jefe de la sede, con el rostro barriendo el suelo que pisaba. Sumergidos en la curiosidad todos sus empleados dirigieron la mirada a Javier. Este les contó con un suspiro de tristeza de dónde venía y el motivo de este sentimiento. Su madre Melisa Morales había fallecido con 74 años y Javier venía del notario.Uno de los periodistas que más confianza tenía con Javier de la empresa le preguntó qué era el objeto que traía bajo su brazo. Sin mucho entusiasmo les enseñó la herencia que le había dejado su madre. Era un diario viejo, rectangular, con la solapa en color beis y un candado. Lentamente se deslizó hasta su despacho donde se sentó y pacientemente buscó la llave. Una vez hallada en el fondo de su chaqueta intentó abrir el diario. Mientras una lágrima bajaba por su pómulo simulando el curso de un rió, metió la llave en el candado y con un delicado giro le abrió. Se secó las lágrimas y empezó a leer.

1/01/1954

El primer día de otro año. Por fin se acabó este infierno de año. Estoy harta de que al salir no te puedas poner lo que quieras. De no poder votar, conducir o trabajar. Tengo muy claro que en este año yo voy a luchar solo por poder ser yo misma sin ser juzgada.

7/01/1954

Ayer salió el presidente por la tele diciendo que se había vuelto a casar. Literalmente me quedé impresionada por el rumor que contaba el hecho de su separación. Decían que el motivo de su divorcio fue que su mujer no le limpiaba bien la casa. ¿Qué pasa que ahora somos aspiradores en vez de mujeres?

27/01/1954

Ayer exploté. Estábamos en el salón de la casa de mi vecina y me llamó un desconocido diciéndome que si limpiaba bien. A él qué más le dará. Junté a todas las mujeres del barrio y me dirigí al ayuntamiento. Me planté delante de Manuel González-Mesones y le dije en nombre de todo el grupo de vecinas de Santander que estábamos hartas.

Se nos consideraba fregona, aspiradora, lavadora y no éramos ninguna de esas opciones. Éramos y somos mujeres y queríamos que se nos respetara. Le hubiera dado un tortazo en ese momento gracias a su respuesta. Él nos dijo que ya teníamos derecho a votar, que qué más queríamos. Nos fuimos de allí indignadas. Pero yo no me iba a rendir. Día tras día le mandaba una carta con firmas y quejas de cada vez más mujeres que luchaban por su causa.

10/02/1954

Llevaba 14 días mandándole cartas y firmas de todas las mujeres y ya no solo del barrio, sino de la ciudad. Mujeres desde los 18 hasta los 65 se unían a nuestra lucha. Finalmente cedió y nos dio derecho a trabajar. Hubo un millón de quejas al respecto por parte de los hombres. Ellos no deseaban que nos dieran ese derecho ya que si no, no tenían a nadie para limpiar. Ellos decían que nuestro único derecho era limpiar y tener hijos. Ellos seguían pensando igual a pesar de todo. No estábamos hechas solo para la reproducción y la limpieza.

6/05/1954

No he podido escribir en estos cuatro meses ya que he estado entre rejas. Me detuvieron únicamente por expresar mi opinión. Pero gracias a mi tiempo en la cárcel más mujeres y hombres se han unido a mi causa. Finalmente cuando salí vi el progreso de mi lucha. Teníamos derecho al voto, a una educación y a un trabajo digno. Antes era de la cuna a la fregona y ahora es de la cuna a la escuela. No es todo lo que quería conseguir pero seguiré adelante.

1/01/1994

Hace cuarenta años que comencé mi lucha. Hemos hecho grandes progresos. La mujer puede: conducir, salir sin la autorización del marido, votar, trabajar, estudiar y un millón de cosas más. Ya no somos fregonas ni aspiradoras: somos mujeres. Somos exactamente iguales que los hombres. Nadie nos va a quitar lo que hemos conseguido en estos cuarenta años. Nosotras nacemos mujer, nosotras decidimos qué hacer.

Este es nuestro lema y es algo que por mucho que pasen los años no va a cambiar.

Izatorga.

 

Dejar un comentario