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EL FENÓMENO CAMALEÓN

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“Lo más importante para conseguir tus metas es el esfuerzo, tienes que permanecer

impasible al cansancio, al estrés, a aquellas personas que te dicen que nunca llegarás, a los

desmotivadores, a aquellos que por envidia intentan que fracases. En definitiva a todos los

obstáculos del camino, tú solo debes centrarte en esa meta y perseguirla a toda costa, y en

los momentos de bajón pensar que si te rindes entonces seguro que fracasarás. El fracaso no

está en mi agenda, ¿en la vuestra?”

Las palabras del profesor Mateo retumbaban en la cabeza de nuestra protagonista Clara,

quien había pasado la noche en vela pensando en la reunión de hoy con su jefe, en la que

decidiría quién conseguiría el ascenso si ella o Margaret. Se me había olvidado mencionarlo,

Margaret es la mejor amiga de Clara desde el instituto; ha pasado una época muy mala su

padre murió y su madre se suicidó. Ahora vive sola con su hija ya que su novio la abandono

cuando las cosas comenzaron a complicarse, pero este no es el caso.

Clara quería conseguir el ascenso a toda costa, quería que su esfuerzo fuera recompensado,

las noches en vela escribiendo artículos de última hora, las horas extras trabajadas y no

remuneradas, el horario de trabajo desorbitado desde las ocho de la mañana a las diez de la

noche con un descanso de una hora para comer…Es decir esos abusos que padecen gran

cantidad de nuestros lectores actualmente. Al fin todos esos abusos acabarían y su sueño se

haría realidad, convertirse en escritora de artículos de crítica. Todos estos pensamientos

hicieron que se levantara de buen humor aunque algo nerviosa por lo que podría suceder.

Dio un beso muy fuerte a su novio Jon, el cual la apoyaba en todo lo que hacía, incluso si él

no estaba de acuerdo. Desayunaron juntos como todos los días, se recogió su rizado pelo

rubio en una cola de caballo, desenfundó su recién comprada blusa de Victoria Secret, y una

falda que le había regalado su madre por su cumpleaños. Decidida a afrontar lo que

ocurriese, cogió su maletín y salió corriendo por la puerta en dirección al trabajo.

Allí estaban las dos mejores amigas esperando la decisión de su jefe como quien espera en la

consulta del médico si el cáncer ha remitido o si me voy a morir pasado mañana. Su jefe

entró por la puerta con una sonrisa de oreja a oreja lo que extrañó bastante a las dos

amigas, ya que su corazón latía al ritmo de una canción de rock. Las palabras iniciales fueron

tranquilizadoras para ambas, aunque en esta situación nada hace que tu sistema nervioso se

relaje. Entonces llegó el momento, el momento en el que el jefe expresó su decisión final y

que hizo surgir a Clara una pregunta, la única pregunta que no la había surgido hasta ese

momento, ese momento que cambió su vida para siempre ¿Por qué a mí?. Sin embargo no

tuvo mucho tiempo para pensar la respuesta a esa pregunta ya que su jefe interrumpió sus

pensamientos para informarlas de que tenían el resto del día libre. Clara se levantó

sobresaltada y salió corriendo. Cogió su coche y aceleró, aparentemente no llevaba un

rumbo fijo pero el destino quiso que acabara en el barrio donde nació, en el parque donde

conoció a Margaret y donde pasaron horas hablando de sus amores o criticando a sus

compañeras inaguantables y repelentes. Entonces pensó en su trabajo hasta ese momento,

cómo había sido la primera de su promoción, había encontrado trabajo de lo que había

estudiado aunque no le agradaba la idea de pasarse el resto de la vida escribiendo artículos

de belleza que nadie leía (solo mujeres amargadas, con una baja autoestima que buscan en

sus artículos la solución para que sus maridos las presten atención o para disimular las

arrugas y las manchas de la piel que aparecen con la edad). Pensó en Margaret, en la dura

vida que había sufrido y también pensó en hoy y cómo lo ocurrido cambiaría su vida para

siempre. Cuando despertó de entre sus pensamientos estaba sentada en el coche decidida a

volver a casa.

Y allí estaba metiendo la llave en la cerradura y decidida a contarle todo lo ocurrido a Jon.

Abrió la puerta y su cara era todo un poema, no sabría decir si expresaba sorpresa, falta de

crédito o simplemente un increíble colapso. Su tez blanca se volvió aún más blanca y ahí se

quedó de pie, sin moverse, inmóvil, como si se hubiera dado cuenta de algo que había estado

ignorando.

¿Qué estáis pensando? dejadme aventurarme: “pobre Clara encima de no haber conseguido el

ascenso que tanto había estado esperando y para lo que había trabajado tan duramente, su

novio estaba siendo infiel y ella lo estaba ignorando”. Es una historia clásica y bastante obvia

pero yo tengo una pregunta, una pregunta para vosotros ¿Por qué pensáis esto?

Supongo que la mayor parte de vosotros, por no decir todos, hayáis pensado esto y que sin

saberlo, a pesar de lo diferentes que somos los unos de los otros, hayáis coincidido en un

mismo pensamiento sin necesidad de hablar, de miraros, de conoceros. Sin embargo es el

porqué de esta extraña coincidencia, el que nadie se para a pensar y en el que reside la clave de

todo. Quizá estemos tan acostumbrados a ver películas en las que el protagonista es un pobre

desgraciado al que no le pueden suceder más cosas y que nadie sabe cómo no sucumbe ante la

presión de los sucesos que le acontecen; quizá sea que haya un pensamiento global cada vez

más extendido que hace creer a la gente que en la vida solo ocurren desgracias o quizá

simplemente sea porque la mayoría de las personas, cada vez el número es más elevado,

carecen de empatía y por ello en esa situación nadie se habría parado a pensar en la pobre

Margaret, en como ese ascenso hubiera reorientado su vida mejorándola hasta tal punto de

poder ver crecer a su hija o poder mandarla a la universidad en un futuro. También puede ser

que exista un concepto erróneo de la amistad, que es probable que exista, suele ser conocido

como el fenómeno amigos por conveniencia. Si me resulta beneficioso ser tu amigo ya que

puedo sacar algo de provecho de tu amistad resulta que soy un gran amigo tuyo, te digo que

todo es perfecto y maravilloso. Pero tras un, generalmente, breve período de tiempo resulta

que ya no me interesas o me está resultando tan urticante fingir que todo es perfecto y

maravilloso que decido dejarte tirado cuando más me necesites. Precisamente la amistad no

se basa en fingir, sino en expresar tu opinión de forma que se respete y se tenga en cuenta

siempre y cuando no vaya en contra de alguien. Esta visión un tanto individualista y egoísta del

concepto de la amistad quizá coincida con vuestra formar de pensar o quizá por el contrario

esté completamente en desacuerdo con vuestra forma de ver las cosas. Pensáis que alguno de

vosotros viéndose en esa situación se hubiera parado a pensar en su mejor amigo o amiga del

instituto, el cual ha tenido una vida mucho más complicada que la vuestra; o simplemente

hubieseis seguido con vuestra vida, ascendiendo, logrando vuestro objetivo, pero sin daros

cuenta de que a lo mejor en el camino estáis actuando a ciegas como si llevarais anteojos que

te impidan ver a tu alrededor, descuidando todo aquello que te importa. Y sí quizá conseguirás

tu meta, pero a lo mejor tendrá sabor agridulce porque no hay nada que te haga sentir más

feliz que compartir aquello que te ha costado tanto trabajo con tus seres queridos, con los que

te apoyan, con los que te ayudan a seguir hacia delante, esa sensación que de forma

mayoritaria nos gustaría sentir casi diariamente, esa sensación como cuando eres pequeño y

has sacado un buena nota en un examen y lo único que esperabas era que sonara el timbre que

te permitiera salir corriendo para ir a contárselo a tu madre y esta te hiciera sentir orgulloso de

tu trabajo a la vez que ella se enorgullecía de ti porque su pequeño se iba haciendo grande.

Entonces ¿por qué seguimos tendiendo a ver la parte negativa de las cosas en vez de

alegrarnos por los demás o desarrollar una visión más positivista y optimista de las cosas?

De vuelta a la historia creo que ya sé lo que estáis pensando ahora mismo “Así que resulta que

Clara consiguió el ascenso pero le remordió la culpa de dejar a su amiga por el camino, tirada

como un céntimo en la acera que no te agachas a recoger porque total para lo que vale, pues

no merece la pena el gasto inútil de energía. Y por supuesto Jon no la estaba siendo infiel sino

que la estaba preparando la mejor velada de su vida porque estaba seguro de que Clara

conseguiría el ascenso. Quizá incluso alguno pensó que lo que pasaba es que estaba de rodillas

esperando que entrara por la puerta para pedirla matrimonio” ¿Me he acercado?

Yo solo quiero hacer una última reflexión, ¿por qué habéis cambiado de opinión? Primero

creíais que Clara era una pobre desgraciada, poco afortunada y ahora resulta que es la mujer

más afortunada del mundo, y con mucha suerte en los diversos ámbitos de su vida el laboral y

el familiar”. Pues bien, ¿de verdad he sido tan convincente o es que tendemos a pensar en

cierto modo aquello que piensan los demás?; o ¿más bien nos dejamos influenciar por aquellas

personas que resultan convincentes de forma que pasamos de estar seguros de lo que creemos

y pensamos a dudar hasta tal punto que pensamos lo contrario? Esto se podría denominar

fenómeno camaleón. Los camaleones cambian de color para mimetizarse con el entorno y

poder sobrevivir y nosotros lo que hacemos es cambiar de opinión para encajar no sentirnos

extraños y evitar así cualquier tipo de situación que pudiera suponernos un riesgo, un motivo

de tristeza o de reflexión de forma que tuviéramos que recapitular en nuestras acciones.

En resumen la historias pueden tener muchos finales y cada uno puede elegir el final de la suya,

lo más importante es estar seguro de lo realizado y sentir que hiciste todo lo posible que no te

falto una pequeña cosa por hacer, por pensar, sobre la que reflexionar sino que lo diste todo y

llegaste hasta donde pudiste.

ANA REDACTORA DE LA REVISTA VIDA

********************************

Ana se reclinó sobre su nueva silla de redactora jefe, al fin había acabado su primer artículo de

tema libre. La jornada había acabado y aunque sentía que su artículo estaba a la altura de su

puesto solo ansiaba que la reflexión que ella había hecho meses atrás ayudara a sus lectores a

darse cuenta de algo tan obvio como esto “a veces andamos a ciegas sin mostrarnos como

somos, sin expresar nuestras ideas, en vez de fijarnos a nuestro alrededor y ver que si todos

hacemos eso lo único que conseguimos es un ambiente de hipocresía y falsedad y nos

olvidamos de lo que de verdad importa”. Sin embargo estaba demasiado cansada para pensar

en eso así que se marchó a casa. Ricardo, su marido la esperaba con la cena, cenaron,

dialogaron y se fueron a dormir tras un intenso maratón de cine clásico.

A la mañana siguiente solo había algo que ocupara la mente de Ana su artículo, en el que

compartía una pequeña parte de su historia. Los días próximos transcurrieron con normalidad

A la semana siguiente el cartero llamó al timbre, había más de mil cartas en aquel saco todas

con un mensaje común “gracias por despertarme de mi ceguera”.

Firmado: Martolez

 

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