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EL GRAN DESCUBRIMIENTO

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Cuando salí, me encontré con ella. Me dijo que me iba a acompañar al colegio

porque me tenía que contar una cosa muy importante. Me dijo que no se lo podía contar

a nadie. Me estaba asustando. La noticia era que… Se tropezó con un escalón que había,

la miré y estaba sangrando mucho por la cabeza. Lo primero que hice, fue avisar a sus

padres. Pero ellos estaban trabajando y no la podían llevar al hospital. Entonces la cogí

en brazos y la llevé yo. Le tuvieron que dar puntos pero como a mí no me gustaba ver

esas cosas me fui al colegio pensando qué sería lo que me tenía que decir. Odio que me

dejen con la intriga. Cuando llegué al colegio, mi profesora de Lengua me dijo que

había llegado tarde y me preguntó cuál fue el motivo. Si le decía que había sido porque

mi amiga me tenía que contar una cosa muy importante, me iba a reñir porque pensaría

que era una tontería y, si la decía que había sido porque una amiga mía se había abierto

la cabeza, seguramente no me iba a creer. Entonces la dije lo primero que se me pasó

por la cabeza:

-Anoche sin querer me puse el despertador media hora más tarde.

Ella se empezó a reír como si le hubiera contado un chiste y me dijo:

-Llevo dando clase más tiempo del que tú te piensas y la verdad que esa excusa ya me la

he encontrado.

Me dirigí hacía mi sitio un poco indignada aunque sabía que ella tenía razón.

Lo que más me inquietaba era lo que mi amiga me tenía que contar. Cuando salí de

clase, fui a casa de mi amiga a ver cómo estaba del golpe que se había dado. No se

acordaba de mí, estuve un rato con ella a ver si la ayudaba a recordar quién era y lo que

me tenía que contar. Llego su madre a casa y rápidamente fue a verla. Ella pensaba que

el golpe que se había dado no era para tanto. Se puso histérica. Para tranquilizarla la dije

lo que había pasado más detenidamente.

Una vez que ella se marchó y me quedé sola con mi amiga, empecé a darle vueltas a la

cabeza sobre cómo podría devolverle la memoria.

Le enseñé algunas fotos nuestras de cuando éramos pequeñas y poco a poco me fue

recordando. Ella estaba muy rara. Se comportaba de una manera un tanto extraña.

Me empezó a hablar de fórmulas matemáticas, de ecuaciones y de un montón de cosas

que yo ni siquiera entendía. La pregunté lo que le estaba pasando. Cada vez le costaba

más hablar y, tanto ella como yo nos estábamos poniendo muy nerviosas. Avisé

rápidamente a su madre, que se encontraba en la planta de arriba. Subí a toda pastilla y

le dije lo que estaba pasando. Cuando bajamos ella ya no estaba allí. La buscamos por

toda la casa. ¡Pero no estaba!

La estuvimos buscando por toda la ciudad, y como no estaba regresamos a casa.

Al entrar en casa, oímos ruidos extraños que venían de la planta superior. Subimos

rápidamente y la encontramos en el desván delante de una pizarra llena de polvo

escribiendo fórmulas matemáticas. Entramos y la observamos. Al cabo de un rato su

madre le preguntó qué es lo que estaba haciendo.

Ella respondió que estaba intentando averiguar la fórmula para llegar al planeta Marte

que tanto le gustaba a ella. Su madre, asustada, llamó a unos científicos para que le

dijeran el sentido de lo que ella estaba escribiendo. Cuando ellos llegaron y empezaron

a mirar las fórmulas se quedaron de piedra. Todo lo que estaba escrito tenía sentido.

Mi amiga había descubierto el camino para llegar a un planeta que nadie había pisado

de momento. La NASA se puso en contacto con mi amiga y le preguntaron si podían

utilizar sus fórmulas para poder enviar una nave espacial al planeta Marte. Ella dijo que

sí, que estaba de acuerdo.

Pero a cambio, les pidió una condición que se debería cumplir. Tanto a ella como a mí,

nos deberían incluir en el viaje espacial y así ser las primeras personas en pisar Marte.

Los científicos dudaron de la propuesta. Tuvieron varias reuniones, y al final aceptaron

que las dos subiéramos en la nave espacial.

Cuando comenzamos nuestro viaje a Marte, yo le dije que estaba muy contenta por el

descubrimiento que había hecho. Antes de llegar, la dije:

-¿Qué era aquello tan importante que me tenías que decir aquel día que te caíste?

Y ella me respondió con una sonrisa de oreja a oreja:

-Lo que te iba a decir era, que “algún día te llevaría a Marte”.

Pseudónimo: Escorpio24

 

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