El viaje de la vida

Y allí la vi, con su sonrisa loca, sus labios brillantes y sus ojos, si pudieses ver sus ojos mamá, eran verdes, un verde al que ningún azul cielo se le podía comparar.

En la terminal 13, puerta A, aterrizó en un avión con la bandera de Inglaterra. Pero ella no venía de allí, venía de Barcelona. Cuando pasó la primera puerta, mis piernas ya no me pertenecían, pasó la segunda y la última, mi corazón iba a cien.

Yo miré hacia abajo, cuando oí una voz que gritaba ¡Pablo!, vino corriendo y me abrazó. No fue un abrazo normal, fue de esos que en veinte, o quizás, treinta segundos que duran, te quitan y te devuelven la vida.

La saludé, la miré de arriba abajo y  dije lo típico de cómo has crecido o estás más alta.  Mirándome a los ojos dijo que me veía más guapo y me dio un ligero beso en la mejilla.

Fuimos al coche y la llevé a casa, a mi casa, en Somo. Nada más llegar se asomó al balcón. Hacía seis meses que no veía una playa y yo hacía seis meses que no la veía a ella. Bajamos a la playa, mientras corría por la arena me miró, sonrió y  dijo “¡Vamos al agua!”, yo dije “¡estás loca!”. Me miró y respondió “sí, pero por ti”. ¿Qué si me bañé? claro que lo hice, con una respuesta así quien no lo hubiera hecho… 

Si me hubieses visto mamá, mi cara de enamorado era impresionante.

Al salir del agua dimos un paseo, la pregunté por su experiencia, dijo que su experiencia comenzaba ahora, que iba a volver a Barcelona.

Querida mamá, en ese momento se me cayó una lágrima, la llevaba esperando tanto tiempo que pensar que se volvería a marchar, me partía el alma. Sé que soy pesado pero… ¿Tú crees que si la digo “quédate”, se quedará? Parezco tonto, claro que no, además sería poner las cosas más difíciles o hacerla daño otra vez y eso mamá, no me lo podría perdonar.

Cuando volvimos a casa, estaba cansada, se sentó en el sofá, me pidió unas palomitas, ya la conoces, le gustan las dulces. Cuando estaban listas,  pusimos una peli, se tumbó sobre mi pierna izquierda, empecé a acariciar su cabeza, me agarró la mano y en los momentos de miedo la apretaba. Me sentía tan grande, siendo yo tan pequeño. No te lo vas a creer, se durmió encima de mí, la oía respirar, me concentré en ella y me dormí.

A la mañana siguiente ya no estaba, miré hacia la playa y la vi, como no, cogiendo olas. Es preciosa hasta de lejos mamá. Pasaron unas semanas y de verdad que parecíamos otra vez una pareja. Estábamos en la playa sentados cuando la pregunté, “¿te quedarás conmigo?”, me miró y me besó. Pensé, me habrá vuelto a querer, me habrá perdonado, fueron esas, entre cientos de preguntas, las que tenía en la cabeza.

Claro que volvió a Barcelona, pero volvió conmigo, la vi terminar su año de carrera, despedirse de sus nuevas amistades y de su vida de esos meses.

Y bueno hoy se ha vestido de blanco, yo estoy de negro, ya sabes la otra opción era el marrón y a mí nunca me gustó. Hoy me ha dicho que sí, que me quiere, que pasará toda la vida conmigo, como me prometió hace ya catorce años, no te imaginas como la amo.

Me tengo que despedir, me espera, sólo decirte que después de pasar la mano una y otra vez por tus letras, por tí, no me creo que ya no estés, como tú no hay nadie, mi vida, porque aunque tú ya no la tengas, siempre serás la mía, hasta pronto mamá.

Raat



 

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