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ESPERANZA, AMISTAD Y AMOR

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Año 2070, me llamo Isabela, me encuentro en mi casa, escribiendo mi próximo

libro aunque hoy no me encuentro muy inspirada. De repente suena una

melodía. Me llaman. Es mi abuela. Genial, seguro que ella me puede ayudar.

Descuelgo el teléfono.

-Hola, cielo ¿cómo vas con el libro?-pregunta mi abuela

-Buf- resoplo, -un poco mal, la verdad.

-¿Por qué no subes a casa? Tengo que ordenar el desván, ¿me ayudas?

En cuanto dice la palabra desván me sobresalto. Ella no suele dejar entrar a

nadie al desván, de hecho yo nunca he entrado, a decir verdad, eso siempre

me ha intrigado.

Pero la verdad es que cada vez que entro en su casa es una oleada de

felicidad e ilusión infinita la que siento. Me encanta pasar tiempo con mi abuela,

ha vivido 76 años, es como un libro abierto de historia y sabiduría.

-Claro que sí, enseguida voy, abu. Te quiero.

-Yo también, hasta ahora Isa.

Al llegar a su casa, ahí está ella, con una enorme sonrisa dibujada en su cara.

En sus manos tiene dos trapos para limpiar.

-Bien, pues vamos a ello. –me dice.

Subimos las escaleras, y ahí está, la puerta del tiempo, como yo la llamo. Esto

es, porque cuando entras, es como si entraras en el pasado.

Abre la puerta, hay muchas cajas precintadas con polvo por el suelo, un sofá

con una manta, cuadros… Después de recogerlo y limpiarlo puedo ver que se

parece bastante a un salón antiguo. Detrás del sofá distingo un baúl cerrado

con llave. Me acercó a él.

-Abu, ¿qué tiene este baúl?

-Ábrelo, aquí tienes la llave.-me responde sonriendo, a la vez que la saca del

bolsillo de su bata.

Al abrirlo, se desprende un olor a papel antiguo muy fuerte. Esto le da más

emoción y misterio al asunto.

Hay un montón de fotos, películas, relojes, móviles, tabletas y libros antiguos.

Pienso que esto es como si fuera una cápsula del tiempo. La miro y percibo

cómo mi abuela me observa con una expresión que refleja algo parecido a

orgullo.

-Guardé en este baúl estos objetos en el año 2016. Ese año fue muy especial

para mí y para tu abuelo.

Actualmente, hoy en día, no existen tablets ni móviles tan antiguos, cualquier

mesa funciona como un ordenador o un móvil y es táctil, donde puedes leer el

periódico, llamar… Quedan pocos libros en papel, dado que la mayor parte de

la gente utiliza los e-books. Y en las paredes ya vienen incorporados relojes.

Al momento saca un diario del baúl. Se sienta en el sofá, yo la imito y me

acomodo a su lado.

-Bueno, quiero que te pongas en situación, ¿vale? Te voy a contar algunos

acontecimientos que marcaron ese año 2016 e hicieron de él un año inolvidable

para mí. Cada uno de esos momentos los tengo escritos en este diario de viaje.

“Navidad del año 2015, cena de nochevieja, me acababan de regalar un

diario de viajes, ya que a la semana siguiente iba a viajar con mis compañeros

de la universidad a Francia y Alemania. Ya tenía todo preparado y listo para

realizar este emocionante viaje que tanto nos entusiasmaba a mí y a mis

amigos.

Por fin llega ese esperado lunes, 11 de enero. Ahí estábamos todos con las

maletas y el autobús detrás, todo en orden para emprender esta nueva

experiencia. Las caras de mis compañeros lo decían todo, mostraban mucha

alegría e ilusión en ellas.

Una vez subidos en el autobús, nos esperaban unas cuantas horas por delante

para llegar a nuestro destino. Nos pasamos durante todo el trayecto hablando

sobre el viaje y lo que posiblemente íbamos a encontrarnos en nuestro destino.

Lo que no nos esperábamos, al parar a descansar y estirar las piernas era que

nos íbamos a encontrar con algo que parecía un gran campamento. Nos

acercamos todo lo que pudimos ya que había un montón de militares que

vigilaban la zona. Había mucho ruido. Muchas personas hablando. A nuestro

encuentro salieron un montón de niños, no entendíamos su idioma, pero el

brillo de sus ojos y las expresiones de sus rostros nos transmitían muchas

emociones, pero sobre todo, brillaban de “Esperanza”. Querían mostrarnos su

campamento, era todo lo que tenían, ya que habían tenido que huir de sus

países abandonando sus casas. Una vez dentro pudimos ver que era un

campo de refugiados. En él se encontraban cientos de personas y unos

cuantos voluntarios de ONG´S que ayudaban, pero eran pocos para tanta

gente. Les pedimos permiso a nuestros profesores para cambiar el itinerario de

nuestro viaje y poder quedarnos unas semanas a ayudar. Estos accedieron

muy contentos. Afortunadamente gran parte de los monitores hablaban nuestro

idioma. Llevábamos a cabo todo tipo de tareas, cocinar, atender a los niños,

ayudar a los enfermeros… Yo me encargaba de la cocina con un chico

llamado Daniel, que aparentaba ser unos pocos años mayor que yo. Iniciamos

una gran amistad. Por las noches nos reuníamos los monitores, mis

compañeros y profesores para organizar el día siguiente y charlar. Realizamos

un excelente trabajo entre todos, y nos los pasamos muy bien, viviendo esta

inolvidable experiencia como un equipo. Trabajando todos unidos.

Llegó el día en el que tuvimos que dejar el campamento e irnos de vuelta casa.

No nos queríamos marchar, pero en algún momento debíamos volver a

nuestras vidas

Un año después, al salir de clase todos nos sorprendimos mucho al encontrar

que en nuestra Universidad habían llegado chicos que por entonces estaban en

el Campamento. Al principio me sentí un poco triste al no ver a Daniel por

ningún lado. Pero pocos minutos apareció detrás de mí, y fue mi mejor

sorpresa.

-¡Qué historia tan bonita abuela! ¿Y quién era ese chico?-le pregunté a mi

abuela.

-Ese chico es tu abuelo.

Y así es como conocí la historia más bonita sobre esperanza, amistad y amor.

 

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