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Freedom – Libertad

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El mundo eligió volverse loco. Y es que, como dicen, toda destrucción comienza

con unas elecciones.

Más concretamente con el día en que le conocí en persona, en su primera

entrevista como presidente electo. ¿Por qué? Bueno, si no lo habéis descubierto

todavía era periodista, del periódico <<Journal>>. Mi nombre es Alfred Jackson,

tengo 29 años actualmente, pero cuando hice la entrevista tenía 27. Soy padre y

marido de la mejor familia que podría pedir alguien como yo, al menos eso

espero. Desde que Mason Miller ganó las elecciones, no hay nada seguro. Solo

rezo todos los días por lo mejor.

Mason Miller, él es la persona de la que os vengo a hablar. Él había sido

elegido por los ciudadanos de mi país como presidente por mayoría: 300 escaños

obtenidos por los votos de 30 estados.

Yo no le voté. Seré sincero. Nunca me gustó la gente que como frase de

campaña utilice un lema racista. Pero al parecer, yo era uno de los pocos que veía

su equivocación antes de que todo ocurriese.

El presidente entró en la sala de entrevistas con aires de grandeza. Era la

persona más poderosa del mundo, y en un día se le habían subido los humos a la

cabeza. Cosas del poder. Su pelo cano estaba bien peinado, hasta diría que hacía

juego con su traje azul, pero todo halago que escriba para él no se lo merece. Por

ello, evitaré todo lo que pueda tener una benevolente mirada de Miller y a la vez

hacer un buen juicio.

Los periodistas nos agrupamos, tal y como siempre hacíamos en las ruedas de

prensa, listos para lanzar cualquier pregunta. Mason solo ajustó el micrófono y

nos miró con una sonrisa falsa que vendía a todo el que pasase por su lado.

–¿No tenéis nada que decir?–preguntó.

–Felicidades, presidente–le respondieron mis colegas.

Yo me limité a fingir limpiar el objetivo de la cámara. Eso fue, supongo, lo

que despertó interés en él. Por primera vez, una hormiga había plantado cara a un

gigante.

Las preguntas comenzaron mientras mantenía la mirada fija en mí, de vez en

cuando miraba a las cámaras, mas yo no apartaba la vista. Hablaba del muro que

quería construir. De separar de una vez a nuestros vecinos del sur.

Evidentemente, los habitantes del país latino no estaban de acuerdo con nuestro

presidente; no obstante, él decía que las palabras de las razas inferiores no

importaban.

Recordó sus ideas de república bananera de invadir a esos países que estaban

obstaculizando el desarrollo de nuestra patria. Había descubierto ese día que a

golpe de dinero y bombas se conseguía todo. Si no me equivoco, mencionó la

idea de deportar a once millones de inmigrantes y de eliminar la salud pública.

Sabía que me estaba provocando, pero no pude remediar saltar ante tantos

insultos a la Declaración de los Derechos Humanos. Sonrió orgulloso cuando

levanté la mano, lo gracioso es que desapareció tras la pregunta.

–¿Por qué?–pregunté.

–¿Disculpe?

–He dicho <<¿por qué?>>. Quiero que me diga porqué ha decidido hacer todo

esto.

–Es lo que presenté en mi programa electoral. Por favor, que alguien le traiga

un café y una tablet con los periódicos de los últimos meses.–Todos se rieron

siguiendo a Miller. Yo no.

–No me refería a eso. Estaba hablando de sus ideas tan extremas. Creo que si

alguien fuera presidente de la primera potencia mundial, no hablaría de leyes

racistas, de exportaciones en masa y mucho menos de la separación social. ¿Cree

que estamos en la época del apartheid? ¿No cree, señor, que hemos pasado

muchas cosas y hemos aprendido que el muro de Berlín no era más que otra

barrera usada para crear más odio y diferencias?

La sala se quedó en silencio por unos segundos. Todos tenían miedo de

hablar, e incluso esa situación por un momento me hizo dudar de mi postura.

Mas la intervención de Miller me hizo olvidar mis dudas.

–¿Cómo se llama usted?

–Alfred Jackson. Periodista del periódico Journal.

–Bien, Alfred Jackson, queda vetado de cualquier entrevista que sea conmigo

o con cualquiera de aquellas personas que me rodean. Ah, y si no abandona su

periódico en un plazo de un mes, no haré más entrevistas para su periódico.

Puede irse si gusta. ¿Alguna pregunta más?

Ese fue el inicio de todo. No me pudo parecer más injusto; sin embargo

comprendí la decisión de echarme del trabajo. Mis jefes se despidieron por una

parte conmigo y los compañeros consiguieron hacerme una fiesta y recolectar

suficiente dinero como para poder pagar el hospital a Eva.

Eva es mi mujer. Y en esa época estaba embarazada de seis meses. Debido a

mi actual despido no sabía si fuésemos capaces de pagar el hospital debido a que

el mes en que naciera mi hija, tenía por seguro, que la poca sanidad pública que

quedaba sería eliminada por Mason.

Estaba desesperado por encontrar un trabajo para poder darle la vida que

merecían mi esposa y mi hijo. Por desgracia, todos los habitantes de la ciudad

debían de haber visto mi “entrevista” con él y eso les hacía querer librarse de mí.

Oh, es verdad, se me olvidó contar que salí en la televisión. A pesar de que, mas

tarde me daría cuenta de lo que supuso.

Conseguí tras más de un mes de búsqueda un trabajado, no muy bien pagado,

de noche en una editorial no muy grande. Eso fue suficiente para mí.

No obstante, me sabía mal porque Allen me reclamaba el pasar más tiempo

con él. Quería que volviésemos a jugar a la pelota como antes y ver películas por

las noches en el sofá de casa. Le besaba la frente y le decía que tal vez la semana

próxima.

De no ser por Eva… Todo lo que me apoyó en aquella época. Me llamaba por

las noches al trabajo y, al no tener compañeros, era como estar los dos solos en

casa. La susurraba bonitas palabras hasta que conseguía oír sus pequeños

ronquidos.  En esa época aprendí que mi familia era lo más maravilloso del

mundo, y que nadie me la podría quitar…

También por esa época me di cuenta de lo que había creado. Un día mirando

en YouTube vídeos de Miller, para un trabajo que tenía que entregar, lo vi. Esos

días había gente que salió a la calle a manifestarse por mi causa. ¡Por mí! Por

alguien que ni conocían. Eso me hizo consciente de lo que era capaz de hacer una

injusticia, cuando la gente se daba cuenta de ello. Como yo, que lo había sido

hasta ese momento. Tampoco me parece algo por lo que culparme, necesitaba

encontrar un trabajo de manera urgente y era un lujo centrarme en otras cosas.

Fue en esos momentos de quizás desesperación, ira o venganza cuando cree lo

que pasaría a ser conocido como la mayor fuerza rebelde en contra del

presidente. Cree un blog, y le llamé <<Freedom>>, libertad en inglés.

Compaginé mi vida en el trabajo con el blog. Al principio, no tenía más que

veinte visitas, y quince eran de mi mujer con mensajes de apoyo. Eran pequeñas

críticas a la gestión que estaba llevando, condenando a la miseria poco a poco a

millones de familias. Pero a él le daba igual, y es que sé que su único propósito

era enriquecerse.

La explosión de visitas se la debo de agradecer de nuevo a Mason y su ley de

reforma medioambiental.

<<Queridos lectores:

Hoy, nuestro presidente ha vuelto a demostrar su incapacidad de gobernar.

Ha conseguido que aprobaran su ley sobre la explotación de materias primas del

país. A partir del mes que viene, cuando la ley entre en vigor, pues ya sabéis que

le gusta que todas las leyes se cumplan rápido, todos los bosques, minas de

carbón o yacimientos de petróleo serán explotados para así obtener todo el

dinero que él quiere, <<evitando>> así, que China logre convertirse en la

primera potencia del mundo.

Siendo la primera potencia del mundo, el que creemos todo el dióxido de

carbono, que vamos a crear, va a tener repercusiones horribles en todo el

planeta. Matar a nuestra nación, sin obtener beneficio alguno…

Porque nosotros realmente no le importamos. Solo nos utiliza, solo está ahí

para cumplir sus objetivos, no para representar a los ciudadanos de nuestro

país.

¡Despierta, Patria! ¿Por qué apoyar a alguien que quiere destruirte desde

dentro? Primero tu naturaleza, ¿qué será lo siguiente? Divididos no somos más

que hormigas solitarias de un hormiguero, pero juntos podemos hacer grandes

cosas. Empecemos por mejorar la calidad de nuestro país. No os pido que

salgáis y que luchéis, solo pido que expreséis vuestra opinión abiertamente sobre

esto.

Atentamente,

Freedom>>.

Mi carta tuvo tanta repercusión en la red que miles de personas vieron mi

publicación. Las visitas comenzaron a crecer constantes y a ritmo acelerado,

recibiendo cien mensajes diarios. Llegó a oídos de tanta gente que hasta en

algunas ciudades, pequeños grupos de personas protestaron por las medidas

medioambientales.

Mi familia estaba orgullosa de mí. Mi hija recién nacida tendría un mundo

mejor, yo me ocuparía de ello y lucharía hasta el fin por ellos.

Me solía plantear la verdadera razón por lo que lo creé. ¿Por qué lo abrí

realmente? Fue por resentimiento hacia él, o fue para luchar por la libertad y los

derechos de mi familia y de todos aquellos que no podían defenderse.

A lo largo de tres meses, mientras mi blog crecía y crecía, el país se iba

hundiendo cada vez más. Aquellos, como los ancianos o los sin hogar, que no

podían pagarse la sanidad, comenzaron a provocar estragos. Los robos en

farmacias u hospitales se duplicaron, por no hablar de todo lo que cruzaba de

contrabando por la frontera norte y luego se vendía en el mercado negro por el

doble de precio. Tal y como imaginé, sus planes eran un fracaso; mas eso no le

detuvo en ningún momento.

Las manifestaciones, que estaban resurgiendo con más fuerza ante tales

reformas, estaban siendo aplacadas por los militares. Sí, todo el dinero recortado

en la educación y en la sanidad había ido a parar al ejercito. ¿Para qué queremos

salud si tenemos armas? ¿Para qué sobrevivir si podemos matar? Miller nunca se

dio cuenta de que nadie podría sostener un arma y luchar, si no había podido

curarse de una enfermedad.

Mi blog había llegado a las quinientos mil visitas en el mes de Mayo.

Decidimos salir a celebrarlo, pero sin que nadie más supiera que era por esa

razón. Avisé desde un primer momento a mi familia de que era peligroso que

alguien supiese que yo era Freedom. No todos estaban de acuerdo conmigo y

tampoco todos aceptarían bien las críticas… El presidente el primero de ellos.

A la mañana siguiente estaban registrando mi trabajo, lo vi en las noticias.

Había sido arrasada buscando rastros del blog. Pero dudo que lo hiciesen, yo

tenía el portátil del delito. Esa era la segunda vez que Miller conseguía

arruinarme la vida. La única diferencia que habría aquella vez es que era que no

dejaría que alcanzase a mi familia.

Había estado siguiendo sus movimientos durante todos esos meses y sabía

bien el número de familias deportadas que iban, por las buenas o por las malas.

Teniendo en cuenta que mi mujer era española, no dudé ni un momento, en

cuanto vi el mínimo atisbo de peligro hacia ellos, en tomar todas las cosas

importantes y necesarias y abandonar la ciudad cuanto antes.

Tomamos una serie de trenes y autobuses para llegar a otra ciudad en la que

hospedarnos. A pesar de las amenazas que solía dejar Miller en las redes sociales

sobre que el acoso en internet era delito, yo no dejé de escribir en el blog en

ningún momento. Al contrario, me veía en el derecho de hacerlo.

Me sentía responsable de toda esa gente que estaba en las mismas situaciones

que yo.

Encerró a miles de personas en los seis meses que vinieron a continuación,

solo por no compartir sus ideas, por defender sus derechos o por sobrevivir.

Porque claramente, todas estas reformas provocaron problemas de subsistencia.

Hasta los más mayores hablaban de que la crisis de 1929 fue mucho menos

perjudicial.

Las injusticias se sucedían al haber aumentado el número de leyes ridículas y

la policía y ejercito. Ellos cumplían órdenes; sin embargo, creo que no era de

buen gusto el arrestar personas en medio de un supermercado. Mis hijos no

dejaban de preguntarme qué hacían tantos policías arrestando personas de a pie,

comunes y sin ningún fin… Yo solo podía mentirles, hacer que todavía fuesen

niños, diciendo que era un juego de pillar. Algún día, sería al revés, el pueblo

cazaría a los policías. Lo veían divertido el intercambiar papeles.

La mayoría de habitantes latinos tuvieron que ocultarse en sus casas, vivir,

como lo hicieron los judíos antes que ellos, atemorizados y escondidos para

poder ver la luz del amanecer otro día más.

<<Queridos lectores:

Hoy he vuelto a ver como otra familia de latinos era golpeada y sacada de su

casa a la fuerza.

¿Qué sentirá Miller desde su sillón de cuero?  Tengo por seguro que ningún

remordimiento. Pero tal vez sea toda esa ira insana y esa maldad que tiene

contra todos los extranjeros, lo que le ha hecho perder a su familia. ¿Alguien

querría vivir con él? ¿Después de todo lo que ha provocado?

Yo al menos tengo a mi familia. Tengo a mi apoyo. Puede que no gobierne

una nación y viva en la casa presidencial. Pero no estoy solo en esa casa, al

menos. Abandonado por los que tendrían que ser mi familia. Yo sé que no moriré

solo. Al igual que no lo harán todas esas familias deportadas.

Yo escribiré en su recuerdo, yo lucharé por vuestros derechos, por poco que

sea. No os prometo nada grandioso ni perfecto, solo os prometo la libertad con

la que fuisteis traídos al mundo y la esperanza que se pueda depositar en nuestra

lucha. Nunca dejéis de pelear por lo que es justo.

Atentamente,

Freedom>>.

Supongo que eso fue lo que inició la <<guerra>> contra mí. En un

comunicado especial hizo un llamamiento sobre mi causa. Me llamó terrorista al

atentar contra él y la nación, me llamó anarquista por defender los valores que

defiendo, me llamó enclenque y cobarde… Me dijo que no era nada y no tenía el

poder para ello.

Lo único que era verdad fue, más o menos, el que no poseía el mismo poder

que él. Tampoco era del todo cierto puesto que yo fui el que por esas palabras,

convocó, sin querer, una manifestación en la capital con un aforo de cuarenta mil

personas. Eso provocó más su ira contra los extranjeros… Instalando aún más

medidas contra ellos.

Ya no solo se centraban en aquellos que eran latinos, sino que poco a poco la

policía comenzó a cargar contra todo aquel que fuese extranjero y no pareciese

respetar una serie de reglas impuestas por el gobierno. Las penas iban desde

multas hasta las palizas y cárcel.

Tuve en esa época que aferrarme mucho a mis ideales dado que en verdad no

soportaba aberraciones contra seres humanos. También fue en esa época cuando

dejé más en casa a mis hijos y mi mujer. Las calles ya no eran seguros para ellos.

El país tampoco.

Con todo el dolor de mi alma tenía que aceptar que mi familia no podía seguir

a mi lado en esta misión. Había sido un mal marido y un mal padre arrastrándoles

por todo el país para que no nos encontraran. Ellos se merecían algo mejor, se

merecían mucho más por ser las personas más maravillosas del mundo.

Se lo merecían por hacerme sonreír en los días más oscuros, por hacerme el

almuerzo en aquellas largas noches en la editorial, gracias hijos por esos dibujos,

por escribirme mensajes llenos de palabras de ánimo, también gracias a esos

momentos en los que escuchabais mis delirios sobre la lucha social… Gracias por

venir a mi vida.

Eva me encontró llorando esa noche, en el que escribía las palabras que

utilizaría para explicarles que ya no podíamos estar juntos. Me besó varias veces

intentándome sentir mejor. Me consoló como ella solía hacer, con bellas palabras

de amor y esperanza. Eso fue por lo que me casé con ella, era increíble la manera

en la que me hacía sentir cuando estaba a su lado.

–¿Sabes que veo cuando te miro?

–¿Al imbécil que ha arruinado nuestras vidas?

–No.–Se rió–. Veo gran valor en ti. Te he visto hacer cosas que nadie más en

este país ha sido capaz de hacer. Veo amor. Nos amas y sé que quieres que

estemos a tu lado, pero prefieres que estemos a salvo antes de tus preferencias.

Veo libertad. Eres un hombre, que lucha en la sombra por llegar a un país mejor,

a una nación en la que hubiese libertad e igualdades para todos. Yo sé, que tú le

devolverás al país lo que le pertenece… No veo en ti una hormiga, Alfred. Veo en

ti un espíritu revolucionario y, como se hace con las águilas, debes dejarles volar.

Las semanas siguientes preparé todas sus cosas, les di casi todo el dinero que

teníamos para que pudiesen volver a España. La madre de Eva los acogería por

un tiempo, el necesario para que acabara este tormento. Yo me quedaría a

enmendar el daño.

Gracias a un contacto que tenía en el país que quedaba al sur, Pedro, un amigo

de la infancia, conseguiría que allí pudiesen coger un avión que les llevase al país

europeo. Les pedí a mis hijos que fuesen fuertes, les conté todo lo que los amaba,

prometí mil y un cosas que fui olvidando con el tiempo y el dolor, besé a mi

mujer todas las veces que puede y por última vez les abracé, rezando porque

fuese un sueño y que no les tuviese que soltar de verdad. El abrazo duró minutos,

que supieron a segundos. Tras esto, nos despedimos. Siempre recordaré la última

vez que vi sus caras. Y mucho menos, olvidaré las lágrimas tan amargas que se

me escaparon aquel día.

Culpé a Maison de todos mis problemas. De arrebatarme de todo lo que

quiero en esta vida. Le grité al cielo hasta quedarme afónico desesperado que yo

nunca pedí que el mundo fuera así de horrible. Me perdí en mi propia oscuridad,

buscando algo para calmar mi dolor. Y es que ese día aprendí que nunca se debe

escribir con la idea de destruir porque las palabras son una de las armas más

poderosas del mundo…

Escribí una nueva entrada desprestigiando toda su figura, llenando cada

párrafo de rencor. Todas las frases que escribí eran ataques públicos y cada

palabra que redacté estaba hecha para que explotara. Y así fue.

Cerró la ONU y todas las fronteras. En el reportaje que salió por la televisión

dijo que nadie más entraría o saldría del país hasta que acabara con la ola de

<<terrorismo>> que se había instalado en el corazón del país. Dijo saber que era

un extranjero y que estaba movilizando a todos los que quedaban en el país para

acabar con él.

Las naciones del resto del mundo estaban consternadas, mas decidieron no

hacer nada y aislarnos hasta que despertásemos de nuevo de esa oscura pesadilla

a la que se nos había sometido. Lo que comenzaron siendo elecciones pasaron a

ser una autocracia.

Yo me disculpé con mis lectores porque me vi responsable de aquello.

Los meses siguientes me dediqué a vagar por el país gastando lo más mínimo

y casi viviendo de lo que la naturaleza me daba. A veces, también encontraba

buenas personas que me cuidaban.

Una vez, cuando estaba caminando por una de las ciudades del noroeste más

importante del país me encontré a un hombre herido tendido en medio de la calle.

Corrí a ayudarle y con algunas de las medicinas que había logrado recolectar con

el tiempo pude aliviarle el dolor.

Me agradeció los cuidados recibidos y me pidió que le llevara a una de las

casas de las afueras de la ciudad. Allí conocí a una serie de escritores famosos

nacionales que se habían recluido en ese lugar para poder salvaguardar la poca

literatura y cultura que quedaba antes de que Miller lo pervirtiera todo.

Era gente amable, que no dudó en compartir conmigo todo lo que tenían. Les

conté quién era sin miedo y eso pareció interesarles y animarles más a descubrir

como estaba el país o porqué hice aquello. Fueron un soplo de aire nuevo en mi

vida últimamente oscura y dura. Me dieron esperanzas a seguir con mi misión y

me ofrecieron un puesto en su club si algún día quería unirme a ellos. Halagado

por sus alentadores comentarios sobre mí o mi blog, y provisto de provisiones,

me volví a echar a los caminos.

Otra vez, cuando huía de la policía ya que habían descubierto mi paradero

antes de que me diera tiempo a huir de la ciudad, una familia me atendió.

Malherido por la huida, la madre de la familia Ortega me recogió malherido en

un callejón en el que me había escondido entre la basura acumulada. Me llevó a

su escondite. Una casa en ruinas pegada a un riachuelo en la parte abandonada de

la ciudad.

Estuve casi un mes con la familia. Unas dos semanas me llevó recuperarme y

otra quise convivir con ellos para saber todo de los Ortega. Era un matrimonio y

sus tres hijos. Me contaron que no pudieron escapar a tiempo antes de que las

fronteras se cerrasen. Eran conscientes de lo que sus compatriotas habían sufrido

en todo ese tiempo y como yo eran la resistencia en la sombra. Al final Miller

tenía razón y en las sombras se estaban reuniendo muchos que tramaban planes

contra él.

Mas yo había aprendido de mis errores y cada vez lo que juzgase sería desde

un punto de vista pacífico y para liberar al resto de ciudadanos que vivían bajo el

mismo yugo de esclavitud que yo.

Así fue como recorrí el país de norte a sur, de este a oeste, y en definitiva en

todas las direcciones. Descubrí tantas cosas nuevas, obre grandes cosas, escribí

todas las costumbres y tradiciones que la gente que conocía me contaba, hablaba

de las cosas maravillosas de la vida, rezaba por volver a esos tiempos de paz en

los que no tuviésemos que luchar para sobrevivir.

Escribí desde el corazón para mi familia que estaba al otro lado del Atlántico

y que leía siempre mis entradas dándome bonitos mensajes cada día. Mi blog

consiguió tener un alcance mundial y millones de personas lo leyeron. El ver que

tantas personas del planeta apoyaban mi causa me hacía muy feliz dado que todo

aquello que escribía desde mi corazón conseguía llegar al corazón de otras

personas.

Por desgracia… No dura todo para siempre.

En una manifestación, de las muchas que concerté y asistí, fui detenido. Creo

que fue alguien del hotel el que reveló quién era al descubrir el contenido de mi

portátil mientras limpiaba.

Mason vino a verme en persona después de que confesara todo y de que me

torturaran por días, pero prefiero no hablar de eso. Salí en las noticias. Mason me

obligó a pedir perdón en público nacional. No lo hice por él, lo hizo porque me

dijo que no dudaría en ir a por mi familia aún estando en otro país. Actué con

cautela y certeza de que la gente no toleraría eso.

No me equivoqué. Miles de manifestaciones se sucedieron en el país por mi

causa. Estaba aturdido por la felicidad que me causaba que la gente a la que había

ayudado me devolviera el favor. No le quedó a Maison otra que encerrarme,

porque a pesar de las ganas que tenía de matarme por todo el daño que le había

causado, sabía que si moría como un mártir, la gente iría a por él. Eso no le

convenía. Planeó algo mejor: encerrarme en una cárcel perdida hasta que la gente

olvidara quién era y qué hacía. Fue eso lo que más o menos pasó. Con el tiempo

la gente comenzó a olvidarme, sacándome de sus vidas y volviendo a la

normalidad mientras yo iba perdiendo la cabeza poco a poco. Odio estar

enjaulado.

No obstante, eso no es lo peor. Hace dos meses Maison Miller vino a verme

para decirme todo aquello que antes nunca pudo decirme.

–Una pequeña parte de mí  siempre supo que eras tú. Desde el primer día en

que te vi supe que serías un obstáculo en mi vida. Me has dado muchos dolores

de cabeza y te has enfrentado a mi autoridad múltiples veces sin importar las

consecuencias. Has ayudado a inmigrantes, has dejado de lado a tu familia y

amigos… Todo para perseguir un estúpido sueño de libertad. ¿De verdad ha

servido de algo? Mira dónde has acabado y nadie te recuerda. Solo has sido un

fracaso tras otro toda tu vida y morirás siendo el mayor de nuestra historia.

Se equivocaba. Yo no tenía ejército como él y había conseguido movilizar a

más personas para luchar. No era rico y no tenía tantas propiedades; sin embargo

había entrado en millones de casas por todo el mundo. No era presidente de

gobierno y medio mundo había escuchado mis palabras. Él hablando desde el

odio solo había conseguido crearse una mala reputación mientras que yo habían

hecho cientos de miles de amistades. Y es que me di cuenta de que él nunca fue

un gigante o un elefante, él solo era otra hormiga, solo que subida en un pedestal.

Yo tenía una familia que me amaba, una gente que me apoyaba y esperanza.

Lo único que no poseo es libertad. Echo de menos eso y ha sido lo que me ha

hecho cambiarme el nombre a Alfred Freedom. A veces saco la mano entre los

barrotes e intento alcanzar el amanecer. Pues es un intento de alcanzar el otro

lado del mar y ver a mi mujer y mis hijos… Deseo salir y encontrar a mi familia

para abrazarles. En ellos pienso para mantenerme cuerdo. Tal vez para matar el

tiempo, y no pensar que terminaría siendo un recuerdo.

Mas… Yo he hecho todo lo que he podido por ellos. Y sé que ellos trabajan

por mí ahora mismo…

Sé que no había sido olvidado por la gente. Solo había sido dormido en sus

inconscientes. Sé que despertarán algún día, con sus ideas de libertad.

***

–Mamá, mamá, mamá. ¡He encontrado otra carta de mi amigo Freedom!

La pequeña niña agitó el papel. Todos los días a la vuelta de jugar en el

campo mientras hacía sus tareas, el viento la traía papeles escritos por un tal

Freedom. Estos se quedaban enganchados en el césped y Fantine los recogía para

llevárselos a sus padres todos los días. Ella no sabía que poco más allá de su

campo se escondía una pequeña prisión.

–¿Y qué dice hija? A tu padre y a mí nos gustan mucho sus palabras. Todos

los días nos escribe.

–Hoy también se siente triste, dice que quiere ser libre para estar con su

familia. Pero dice que no podrá serlo hasta que haya otra vez elecciones.

¿Cuándo son las próximas elecciones, mamá?

–Muy pronto hija. Gente como tu padre y como yo trabajamos para que las

próximas elecciones sean muy pronto. Y así volvamos a volar por el mundo,

como los espíritus libres que todos llevamos en nuestro interior.

 

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