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Guerra y niños, no compatibles..

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Cantia Meñaca Iriondo, 14 años, Salesianos Santander

A veces no nos damos cuenta de la suerte que tenemos por estar en un país a

salvo, de las muchas cosas que tenemos y aun asi nos quejamos….

PIÉNSALO

Dalia es un niña de 14 años, que ha nacido y vive en una ciudad que

ahora está en guerra, Alepo.

Cuando Dalia tenía 9 años no se imaginaba lo que la iba a pasar. Ella

podía ir a la escuela, estar con sus amigos, hasta que de repente todo

cambió.

Una mañana como otra cualquiera Dalia se despertó y fue al colegio, mas

una bomba cayó repentinamente. Lo siguiente que ella recuerda es

despertarse en un hospital, no sabía muy bien qué es lo que acababa de

pasar, preguntaba por sus padres y hermanos, sin conseguir respuesta

alguna, hasta que tras un eterna espera, éstos aparecieron por la puerta.

Muy preocupados se dirigieron hacia ella y  balbucearon entre lágrimas

“Gracias a Dios que estás a salvo”.

Dalia no entendía muy bien porque le decían eso, no recordaba nada de lo

sucedido.

Preocupada insistia en que la explicasen lo que estaba sucediendo, pero

la única respuesta que obtuvo fue una entristecida mirada de todos los

presentes.

A los varios meses Dalia volvió a su casa, ella no entendía por qué la

prohibían salir a la calle, por qué no podía ir a ver a los amigos con los

que antes jugaba en el recreo, por qué no podía ir al colegio, por qué no

veía a nadie en la calle desde la ventana de su cuarto, por qué sus padres

hablaban todo el rato sus espaldas, por qué todo había cambiado tanto

desde aquel día.

Ese año había empezado una guerra que aún hoy sigue existiendo.

Finalmente Dalia acabó enterándose de lo que había sucedido, una

bomba derribó su colegio y por esa misma razón estuvo en el hospital.

Nuestra protagonista tuvo que madurar muy rápido porque se encontró

con cantidad de adversidades a lo largo de los siguientes años, su madre

falleció en un atentado, vio como amigos con los que había compartido

su infancia tenían que irse de sus casas…

Todos los días rezaba a Alá para que dijera a su madre que la echaba de

menos, para que intentase acabar con la guerra, para que aquellos

extremistras que estaban causando tanto dolor entendiensen el

verdadero mensaje del Corán. Pero también le daba gracias por haberla

salvado y por todos los buenos momentos que había pasado y toda la

buena gente que conocía. Se aferró a todos estos buenos recuerdos y

logró sumar fuerzas para seguir adelante, con sus 14 años emprendió una

dura marcha hacia el mediterráneo.  Un año más tarde sus pies pisaron

las playas de Lampedusa y sintió como un sentimiento de alegría se

apoderaba de ella. Finalmente, tras una larga espera, consiguió que la

dieran los papeles y hoy en día vive en Alemania.

Reflexión: Esta es una de las muchas historias que viven esta situación, y la

mayoría de ellas nos consiguen sobrevivir a esta guerra, tenemos que

concientizarnos y empezar a preocuparnos por lo que realmente importa. Haz

del odio amor, haz de la guerra paz.

 

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