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La aprendiza

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Todo empezó aquel corriente día de invierno y nunca pensé que por fin iba a

poder escapar de aquella celda en la que llevaba encerrada tantos años. Soy

Lucia, la aprendiza, y no de algo muy corriente. Soy la aprendiza de John

Bride, un asesino en serie, aunque en estos tiempos de miseria no es nada

raro. Hubo una guerra, esa guerra mato a miles de ciudadanos, incluidos mis

padres. Yo debía convertirme en asesina, si no, me matarían. Llevo en esta

lúgubre casa encerrada tres años conviviendo con John, él me estaba

preparando para ser como él. Cada semana me hace una prueba distinta.

Pruebas que ni siquiera os imagináis. Pruebas de lo más asquerosas e

inhumanas. Pero, la última prueba, se me hizo más difícil de lo habitual.

Eran las ocho de la mañana y me desperté como cada día en aquella casa de

mala muerte. Como de costumbre me duché, me vestí y salí de mi habitación

diciendo:

-Otro día aburrido en una casa aburrida.

Lo que yo no sabía era que ese día iba a ser diferente, iba a ser especial. Baje

a la cocina a prepararme el desayuno y ahí estaba el, tirado en el sofá,

borracho como siempre. Me senté a desayunar y él se levanto, me acaricio el

pelo y me dijo:

-Buenos días, preciosa.

Con un tono sarcástico. Me dijo que tenía una sorpresa y que me apresurara,

que en cinco minutos me esperaba en el coche. Termine mi desayuno y fui

donde él me esperaba. El se encontraba allí con un chico alto, moreno y de

ojos claros; un chico joven y atractivo. John dijo:

-Este es Lucas, tu nuevo “compañero”.

Puso una entonación extraña al presentar a Lucas, ya sabía lo que tenía que

hacer, era mi última prueba para dejar de ser la aprendiza y convertirme ya

en una asesina sin escrúpulos. Era el último paso para poder marcharme de

su lado.

Después de la guerra, mi país se convirtió en un infierno, había una única

regla:”Matar o ser matado”. Yo debía matar a Lucas para por fin escapar de

aquella cárcel de pladur. Había aplastado, apuñalado y descuartizado a

cientos de animales, pero nunca a una persona.

Acompañe a Lucas a su habitación y me quede charlando con él. No podía

matarle, pase con él un rato y, bueno, me empezó a gustar un poco. A partir

de ahí la cosa fue a más. Pasaban los días y cada vez me gustaba más, me

había enamorado, el era una persona admirable, una persona que me

respetaba y que seguro me iba a querer. Me negaba en rotundo a matarle.

El viernes de esa semana, John, mi maestro, poniendo una excusa ridícula.

Yo sentía algo extraño en Lucas y de repente, con una voz nerviosa me dijo:

-¿Qué te parece si cenamos juntos?

Le respondí que si y el y yo hicimos la cena juntos. Fue una cena totalmente

normal, cenamos pasta y de postre unas fresas y luego nos sentamos juntos

en el sofá a hablar un rato. Pero en un acto de desesperación, le bese y el

siguió me beso. Pasados los minutos, el paro, me miro a los ojos y dijo:

-Te quiero

Yo simplemente sonreí y le agarre de la mano.

Esa misma noche, justo antes de irnos a dormir juntos me dijo:

-¿Qué tal si nos fugamos juntos?

Yo asentí con la cabeza y me abrace a él toda la noche. Ya por la mañana se

oyó un estruendo por toda la casa, John había llegado. Ese día, Lucas y yo

debíamos prepáranos para marcharnos de allí y teníamos que encontrar la

manera de despistar a John esa noche para poder salir de la casa. Bajamos a

desayunar como otro día cualquiera y John me cogió y me susurro al oído:

-Ya es hora de realizar la última prueba.

Yo me limite a quedarme callada sin decir palabra.

Una vez habíamos terminado de desayunar, John puso un subterfugio para

irse de casa y que yo pudiera hacer la prueba. Era el momento perfecto, no

podíamos esperar hasta la noche. Justo cuando John salió por la puerta le

dije a Lucas apurada:

-Coge tus cosas, nos vamos de aquí.

Los dos salimos corriendo a recoger todo y una vez hecho esto comenzamos

a forzar la puerta trasera para poder escapar por el jardín, pero entonces

John entro por la puerta principal y empezó a perseguirnos. Comenzamos a

huir y llegamos a un bosque y John nos perseguía malhumorado pero

llegamos a un claro con una laguna y allí nos escondimos entre unos

arbustos. Habíamos despistado a John, por fin éramos libres. Justo fue

cuando abrace a Lucas con fuerza pero él me aparto y me dijo

tartamudeando:

-Lo siento.

Y segundos desapareció entre las sombras. Me quede anonadada, hasta que

note una hoja metálica en mi cuello, era John. Ahí sentí un escalofrió y

cuando abrí los ojos estaba en una cama y John había desaparecido. Solo

había un hombre, era mi padre, me dijo:

-Todo ha sido un mal sueño cariño, vete a dormir.

Todo fue una ilusión, todo fue una mentira.

 

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