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La Buhardilla

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Viajemos unos cuantos días atrás, para entender por qué en este momento nos

encontramos aquí, debajo de la mesa de mi profesora. Ese día no preste atención en

clase, (hecho que me cambio la vida) no hacía más que mover la cabeza, mirando de un

lado a otro. No me acuerdo muy bien ni de lo que estábamos estudiando, ni siquiera de

si estaba mirando todo el rato al reloj, esperando a que llegase la hora del recreo,

probablemente. Pero recuerdo perfectamente la imagen que vi cuando dirigí la mirada a

esa esquina de la clase, cuando descubrí una pequeña marca en la pared. Días antes un

trozo de escayola se había caído, y todavía no lo habían arreglado, por lo tanto se veía

perfectamente. Ahora empiezo a recordar, si… Era la hora antes del recreo, así que sonó

el timbre y me quede pensando, (una imagen vale más que mil palabras, así que jamás

podré explicar lo especial que parecía esa pequeña incisión en la pared).

Después de pensarlo detenidamente decidí contárselo a mis amigas. En un principio me

miraron como una loca, no me extraño demasiado, yo también lo habría hecho, pero

cuando volvimos a clase, nos fijamos bien, y si, era extraño, eso no se podía quedar así,

entonces, que podríamos hacer menos que investigar un poco.

Se nos podría haber pasado por la cabeza investigar en el sentido de quedarnos a dormir

en el colegio y buscar pistas, o cosas completamente distintas, a lo que íbamos a hacer.

Como había que hacer algo, y no estábamos dispuestas a poner en peligro nada,

decidimos buscar la historia del colegio. Esa tarde me la pasé pensando y estudiando

para el examen del día siguiente.

Por algún extraño motivo esa marca me invadía el pensamiento.

Al reunir toda la información, nos dimos cuenta de que nada tenía sentido alguno, yo

me había limitado a coger un folleto de la entrada, y las demás habían buscado por

internet, excepto Laura, ya que pensaba que eran tonterías.

Ya que nada sonaba a cierto, ¿por qué no arriesgar? Sí, esta noche nos quedaríamos allí

a dormir, y como un pequeño pero a veces útil defecto nuestro, nos emocionamos

demasiado y empezamos a pensar todo el plan. Y donde haya aventura, allí esta Laura,

así que, a pesar de que pasaba un poco del tema, pasaría la noche con nosotras.

Y aquí estamos, debajo de una mesa como unas autenticas locas, ni yo misma se que

hago aquí ni en qué momento se me ocurrió. Pero ya no hay marcha atrás, toca

investigar, creo que en este momento empieza la noche en la que me juego una

expulsión, confiemos en que sea cuestión de la edad, porque como siga así toda mi vida

no sé adónde voy a llegar. Pero bueno, ahora lo que importa no es esto. En este

momento solo queda esperar a que suene el interruptor de la última luz para salir a “la

misión”, que probablemente dentro de dos semanas olvidaremos. Pero ahora estamos

aquí, comiendo unas galletas, luego no tendríamos tiempo… Y suena el interruptor,

estoy entre miedo e intriga. Pero prefiero apostar por la segunda. Pero… ¡No! ¿Y ahora

cómo salimos de clase? A pesar de tener un problema, me estoy aguantando la risa, a

veces no pensamos. Entre que salimos por la ventana que da al pasillo, sí, has leído

bien, por la ventana; nos dividimos en grupos buscando como subir a la buhardilla. En

este momento nos estamos perdiendo de vista, y lo único que deseo es que ahora no se

nos aparezca un fantasma… No sé por qué razón me he obsesionado con este tema, si

fuera una persona que pasa de todo y esto le causa interés, sería por algo en especial,

pero conociéndome esto es relativamente normal. Y empezamos a subir y a subir, más y

más escaleras hasta descubrir una puerta, y justo ahora que la ilusión me invade el

cuerpo, me doy cuenta de que, como no, esto no ha acabado, y las demás no aparecen,

no tengo muy clara la razón, porque todas las escales que suben llevan a arriba, parece

obvio, ¿no? Pues no lo es tanto, porque para que ellas no estén aquí tiene que haber

pasado algo, pero no tenemos muy claro el qué. Mientras bajamos de nuevo al punto de

partida me doy cuenta de que no le dije a mi madre que venía al colegio, probablemente

me esté llenando el móvil de mensajes, pero vamos a pasarlo por alto, ya que sí se lo

dijo Ali a su madre y como ya sabe que está conmigo probablemente el problema ya

está solucionado. Y justo ahora aparecen, escondidas en el baño, Laura… Cómo no, y

sus historias de miedo. Ahora empezamos a subir, como antes pero al llegar arriba la

puerta que está no es la misma. Algo aquí es extraño, pero antes que nada queremos

resolver la historia por la que hemos venido, así que venciendo a mi miedo mezclado

con euforia e intriga, entramos. ¿Y qué había allí? Lo típico de las películas, un antiguo

internado, pero prefiero no centrarme en esto porque igual me empiezo a poner

nerviosa, al fondo había una puerta, mejor dicho La Puerta, jamás podría haber

imaginado lo que vi.

 

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