La fábrica de las ilusiones.

Un día normal y corriente quedé contigo, mi alma gemela. Sin darme cuenta tú me ibas haciendo ilusiones tal y como querías que lo viese todo. Hiciste que todo mi mundo se viera de color y te lo agradecí de todas las formas posibles haciéndote muy feliz. Al día siguiente, fui a tu casa a buscarte para pasar un día de verano juntos, como todos los días que llevo a tu lado desde que te conocí. Cuando llamé no me contesto nadie, no estabas ni tu ni tus padres y se me hizo muy extraño. Te llamé mil veces por teléfono a ti y a tus padres pero nadie me contesto y me fui a dar un paseo sola para a ver si se me ocurría alguna solución para encontrarte. Nada se me ocurría, así que quedé con mis amigos para no pensar en eso y estar bien, pero no funciono. A la mañana siguiente, te volví a buscar y tampoco me cogió nadie, le pregunté a tus vecinos si habías aparecido y me dijeron que te habías mudado a otra ciudad por el trabajo de tus padres. En ese momento, se me partió el corazón. Tenía la sensación de que no podía ni respirar por el simple hecho de que tú ya no estabas a mi lado. Estaba tan destrozada que no me levanté ni de la cama y ahí es cuando me di cuenta de todas las ilusiones que me habías hecho ver y que no eran así, lo hiciste solo por el simple hecho de que estuviera bien, y pasar el tiempo que estuviéramos juntos de maravilla, pero ahora se me cae el mundo encina porque ya no te tengo. 

Anónimo.

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