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LA MAGIA DE LA AMISTAD

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Era una tarde de otoño. Carlota estaba en su habitación intentando concentrarse en los

apuntes de Inglés. El sonido familiar de su teléfono le hizo desconcentrarse, práctica

habitual en las tardes de estudio. Era un mensaje de su grupo de clase; lo sabía porque

Carlota había personalizado los tonos para evitar prestar atención si no era estrictamente

necesario, aunque para qué engañarnos, cualquier excusa era buena. Al verlo, vinieron a

su cabeza un montón de recuerdos del pasado. “Qué ambiente tan distinto”, pensó. El

mensaje era una calurosa bienvenida de sus nuevos compañeros. Le hizo sentirse muy

querida y feliz. ¡Cómo han cambiado las cosas! Los últimos años han sido muy

difíciles, llenos de duras experiencias, decisiones y malos recuerdos, pero Carlota ahora

no quería pensar en el pasado, solo quería vivir el presente disfrutando todas las cosas

buenas que aparecían en su vida y mirar al futuro llena de ilusión y esperanza, esa

esperanza que en momentos flaqueaba. Y llegó la noche, instante en que todos los

pensamientos se le mezclaban, pero aquella noche Carlota cerró los ojos con una sonrisa

y saboreó de nuevo esa sensación de felicidad y nervios por saber qué le esperaba al

despertarse.

Al día siguiente, su segundo día de colegio, regresó con mucha energía y en su cabeza

una ilusión no paraba de repetirse, como esa canción pegadiza que no consigues dejar

de tararear cuando estás contento. Carlota estaba entusiasmada con el hecho de hacer

nuevas amigas. Sin embargo las cosas no parecían tan sencillas. Había muchos grupos

diferentes y no sabía en cuál integrarse. Al mirar a los ojos a “los nuevos” descubrió que

el sentimiento era compartido. Algunos, más lanzados que otros debido a su carácter

extrovertido, otros un poco asustados, bien por miedo al rechazo directo o porque

preferían estudiar el terreno antes de pisarlo. Mientras Carlota analizaba la situación y

sus pensamientos se empezaban a nublar, un grupo de niñas se le acercaron y le

invitaron a acompañarlas. No supo qué decir y un poco asustada se dejó llevar. Disfrutó

mucho junto a ellas en el recreo. Experiencias nuevas, actividades diferentes… El patio

era un reto, sentía que todas las miradas se dirigían a ella. No podía evitar que los

fantasmas del pasado volvieran a su cabeza, pero sus nuevas compañeras la cogieron del

brazo para unirse al grupo, sentarse y charlar. Todo pasó muy rápido. La mañana se hico

corta. Aquellos miedos que le acechaban durante el verano ante aquel nuevo reto se

fueron disipando. Volvió a su casa ilusionada y con ganas de trabajar. Deseando que

llegara la mañana siguiente, y la siguiente, y la siguiente…

Al cabo de un mes, las cosas se torcieron un poco. El complicado mundo de las

relaciones, los grupos, el qué dirán y los estereotipos…Sin embargo esta situación le

hizo descubrir a Carlota otras personas con las que se sentía más a gusto, con las que

podía ser ella misma. Encontró a Martina, que a día de hoy es su principal apoyo. Como

las buenas amigas, tienen sus mejores y peores momentos. Con el tiempo otra niña se

unió y el grupo fue creciendo. Sentirse querida y apreciada ayuda a Carlota a valorar la

amistad tan anhelada, que tanto le negaron en otras ocasiones.

Juntas pasaron muy buenos momentos, convivencias, actividades… Eso las unió mucho

más. Una de las experiencias que Carlota con más cariño recuerda, es aquel fin de

semana en que una niña del grupo sugirió la fiesta de pijamas. Canciones, juegos,

comida, Guerra de almohadas… Y al día siguiente se fueron al centro a dar una vuelta y

comprar cosas.

Por supuesto no todo era de color de rosas. Un tiempo después, casi a punto de acabar el

curso, ocurrió un conflicto entre las chicas. Como todo en esta vida, hay que tomarlo en

la medida justa y si hablamos de los mensajes por el móvil con más razón. A veces se

nos olvida que son tan impersonales, que depende más del tono que le ponga quien los

recibe que de su propio significado literal. Estuvieron enfadadas casi todo el trimestre,

pero se dieron cuenta que no merecía la pena e hicieron las paces, porque pese a todo,

su amistad era más grande que el orgullo. Esto le sirvió a Carlota para valorar aún más

su círculo de confianza.

Verano, y las chicas se van de viaje a Madrid, de fin de curso. Sus maletas repletas de

ilusión y modelitos, muchos modelitos; porque ya se sabe, los imprescindibles se

convierten en varias maletas cuando vas de viaje: “Por si llueve”, “Por si hace sol”, “Por

si hace frío”, en definitiva, el armario entero. ¿Cuál fue su sorpresa al pasar la tarjeta y

abrir la habitación? Se encontraron con una habitación fantástica para ellas solas, un

lugar mágico para un viaje que recordaría el resto de su vida. Esta nueva experiencia

serviría para hacer su relación más fuerte puesto que todos aquellos momentos

compartidos serían un recuerdo imborrable por mucho que los años pasasen. Su agenda

estaba repleta. Visitas a museos, paseos por la ciudad, musicales, parques de

atracciones…en definitiva, otra huella más en el corazón de Carlota, que poco a poco

fue borrando las sombras y dando paso a nuevos colores, aventuras, experiencias…

Aquel cambio, aquellas personas fueron las primeras gotas que ayudaron a Carlota a

crear su océano de esperanza. A veces con tormentas que parecen imposibles, pero la

vida le había enseñado que siempre sale el sol.

Sarita.ferga

 

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