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La puerta secreta

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– ¿ Estas segura de esto?- preguntó el señor Smith

a su mujer mientras la ayudaba a bajar del coche

– Nunca he estado tan segura de algo- le respondió

ella con una bonita sonrisa

Y se quedó mirando la mansión que estaban

a punto de comprar con una expresión de

seguridad. la casa era enorme, tenía un

bonito jardín delantero con flores de diversos

colores y un merendero color azul con cuatro

sillitas y una gran mesa redonda, para

rematar había una pequeña fuente y un paseo

de baldosas por el cual se llegaba a las cuatro

escaleras que daban a la entrada de la casa.

La señora Smith fue la primera en entrar,

seguida del señor Scott gerente de la

inmobiliaria y por último, su marido.

– ¡Es perfecta!- dijo ella al entrar

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– Y muy barata- resaltó el de la inmobiliaria- con una

habitación, un aseo, un salón, una cocina, un

comedor y una amplia terraza en esta planta, y si

subimos escaleras arriba encontrareis tres

habitaciones, dos baños y un amplio salón que

anteriormente se utilizaba de sala de juegos, con

un billar y un futbolín.

– Bien ¿ Te gusta?- la pregunto su marido

– No me gusta, ¡me encanta! – respondió con

seguridad

Una vez dicho esto ambos firmaron el contrato

que les hacia dueños oficiales de la casa.

– ¡Es genial! y a Sam le va a encantar – comentó la

señora Smith

Sam era su hijo, tenia doce años y se parecía

bastante a su madre. Ambos eran rubios, con

los mismos ojos azules y la misma cara de

pícaro. En cambio su hermano mayor, Jake,

tenía diecisiete años y era moreno, aunque no

se parecía a su madre tampoco era igual que

su padre.

– ¿Qué es eso?- preguntó de repente el señor Smith

– ¿Qué es esa puerta?

En efecto se podía ver una desgastada puerta de

madera al fondo del salón.

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– No es nada, simplemente es una puerta de algún

pasadizo secreto que hace muchos años daba a

unas catatumbas. En todo caso no se puede abrir,

el anterior dueño lo intentó y no pudo, así que no

se preocupen- le contestó rápidamente el de la

inmobiliaria.

– Está bien, la taparemos con un armario para que

Sam no intente abrirla

Una hora y media después llegaron Sam y

Jake.

– Escucha Jake mientras nosotros estamos

haciendo la mudanza tú tendrás que cuidar de tu

hermano-le dijo su madre- estaremos fuera como

mucho dos días

– Sí mama- la respondió con sorna- le vigilaré

– Bueno pues adiós, dile a tu hermano que nos

hemos ido

– Que sí-respondió mientras veía a su madre

meterse en el coche.

Y Jake se fue a ver qué hacia su hermano en

esa casa. Cuando llegó vio a Sam investigando con

una linterna cada rincón de la mansión.

– ¿ Qué haces?- preguntó Jake

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– Estoy buscando…

– ¿Se puede saber qué buscas?

– No sé, juraría que he oído algunos golpes detrás

de esta vieja puerta.

– ¿Sabes hermano? Deberías dejar de leer tantos

comics, te están llenando la cabeza de locuras.

– No es una locura, te prometo que he oído golpes.

– Me han mandado vigilarte, así que ¡ten cuidado!

– Claro lo tendré.

– Te lo digo en serio Sam, ¡Dedícate a otra cosa!

– Vale, prepárame algo de merendar…

“ Pum, pum ,pum”

– Lo ves otra vez, ¿Lo has oído?- dijo Sam medio

asustado, medio orgulloso de demostrar a su

hermano que no estaba loco.

– Si… pero será el viento.

– ¿De dónde viene?

– Yo que sé.

– Solo hay una manera de descubrirlo.

– No pensarás abrir la puerta.

Sam miró a Jake con cara maliciosa y sin decir

nada subió corriendo escaleras arriba, sin dejar

tiempo a Jake para detenerle.

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– Sam, espera ¿A dónde vas?-dijo casi gritando

Jake, mientras seguía a su hermano escaleras

arriba.

Jake acabó de subir las escaleras y siguió a su

hermano hasta el pequeño despacho. Una vez

dentro, vio como su hermano habría todos los

cajones y lo tiraba todo al suelo, hasta que de

repente paró.

– ¡Ya lo tengo!

– ¿Qué tienes?- le preguntó Jake

desinteresadamente mientras recogía lo que su

hermano acababa de tirar

– Esto,- le respondió enseñándole un papel con

muchas letras que no parecían significar nada

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– ¿Qué es eso?

– Este papel me lo encontré cuando llegamos e

investigue la sala, al principio pensé que no era

nada, pero creo que puede estar relacionado con

la puerta

– ¿Y qué te hace pensar eso?

– Pues no sé, en los cómics…

– Escucha Sam, los cómics son solo eso, cómics

– Bueno entonces ¿Vas a ayudarme o qué?

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– Vale no tengo nada mejor que hacer, además así

te vigilaré para que no quemes la casa, pero no te

desilusiones si no encontramos nada.

– Lo encontraremos…

– Vale y bien ¿qué se supone que quieren decir

esos números y letras?

– Puede ser un código.

– ¿Y cómo lo desciframos?

– Bueno pues a lo mejor es algo sencillo como…

– Las letras del abecedario.

– ¿Esta vez soy yo el que no te pillo?

– Vale suponiendo que tengas razón y sea un

código relacionado con la puerta, que solo es una

suposición, creo que puede ser que el dos

signifique el número de letras que se han

desplazado hacia adelante.

– ¿Qué?

– Lo leí en un libro, por ejemplo la a se desplaza en

este caso dos lugares y pasa a ser la c por lo que

para saber qué letra es tenemos que retroceder

dos lugares.

– Vale, creo que lo he pillado.

– Pues coge un papel, un boli y vete apuntando.

– Ya lo tengo.

– Veamos u pasa a ser s, entonces c es a, n es… l

y c se queda en a ¿estás apuntando?

– Si

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– Continuemos, hay una separación y… l pasa a j, la

w a una u, la g es una e…

– Entonces la i es una g, la q una o y la u una s

– Exacto, ¿Qué ha salido?

– La sala juegos

– ¿La sala de juegos? Mamá y papá estaban

haciendo algunas remodelaciones, nos han dicho

que no entremos.

– Pero Jake, ¡por favor!

– Iremos con mucho cuidado.

Los chicos salieron rápidamente del despacho y

llegaron a la puerta de la sala de juegos, entraron y

empezaron a buscar.

– ¿Has encontrado algo?- preguntó Jake a su

hermano.

– No –respondió este desilusionado. Entonces al

apoyarse en un viejo mueble de madera, un jarrón

decorado con flores se cayó al suelo y se rompió.

– ¡Sam!-le gritó Jake, pero no le dio tiempo a

regañarle porque entre los añicos que habían

quedado había una caja de madera.

– ¿Qué es ?- dijo Sam rompiendo el silencio

– No sé – añadió su hermano cogiéndola

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La abrió y vio una llave dorada, con tres tortugas en

la parte superior.

– ¡Vamos!- exclamo Sam quitándole la llave a su

hermano de la mano y yendo escaleras abajo a

toda velocidad.

Jake le siguió y se pararon justo en frente de la

puerta.

– ¿La abro?- preguntó Sam asustado.

– No creo ni que la llave entre.

Sam metió la llave en la cerradura de acero oxidada

y esta se ajustó a la perfección.

– ¿Algún otro consejo?- se rió de su hermano.

– ¿Quieres probar a abrirla de una vez?

Sam giró la llave lentamente. Le temblaba la mano y

estaba sudando y la puerta se abrió chirriando.

Cuando la puerta estaba abierta del todo una

luz muy potente los cegó y de repente vieron

un enorme sol, cosa extraña porque aquel día

había una niebla que cubría toda la ciudad.

También vieron mucha gente pero vestida de

forma muy curiosa. Todas las mujeres

llevaban largos vestidos que tenían pinta de

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ser muy incómodos y sombreros que les

parecieron muy graciosos. En cambio, todos

los hombres iban trajeados. También la calle

era muy distinta.

– ¿Dónde estamos?- pregunto Sam desconcertado.

– Tiene pinta de que en Paris entre los años 1887 y

1889.

– ¿Cómo lo sabes?

– Es una intuición por la forma de vestir de la gente,

lo rara que es la calle y porque la Torre Eiffel está

construida a medias.

– ¿Y se construyó entre esos años?

– Exacto hermanito.

– Vale… ¿Y cómo volvemos a casa?

– Fácil por la misma puerta por la que hemos

llegado- dijo dándose la vuelta, pero al girarse vio

que la puerta había desaparecido.

– ¿Y bien genio?

Los chicos se dieron cuenta de que todos les

miraban.

– Tenemos que salir de aquí como sea. Rápido,

sígueme.

– ¿Conoces París en el siglo…?

– Diecinueve. Sí, lo estudié hace un par de años.

– Entonces hacia donde nos dirigimos.

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– ¿No sois de por aquí verdad?- preguntó de

repente un niño. Iba vestido con una camisa y

unos pantalones con tirantes.

– ¿Y tú quién eres?- le respondió Jake con otra

pregunta.

– Me llamo Mark, tengo ocho años y vivo allí- dijo

señalando una casita amarilla.

– Tienes razón, nosotros somos de muy lejos y

queremos volver a nuestra casa, pero no sabemos

cómo llegar – aclaró Sam

– Ya se nota por las pintas que lleváis- se carcajeó

el niño.

Sam y Jake miraron su ropa. Sam llevaba un

pantalón negro con su camiseta favorita, una blanca

con un lobo dibujado en ella. En cambio Jake iba

con unos pantalones vaqueros rotos y una camiseta

negra lisa.

– Bueno, ¡creo que… nos tenemos que ir!- afirmó

Jake- ¡ha sido un placer!- cogiendo a Sam del

brazo y se alejaron corriendo.

– ¿A dónde vas? Nos podía haber ayudado.

– No, no podía.

– ¿Por qué no?

– Porque no, porque te lo digo yo.

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– ¿Quiénes son esos?- preguntó Sam cambiando

de tema y señalando a unos hombres trajeados

con unos sombreros muy ridículos.

– ¿Quiénes? ¿Esos?

– Sí, llevan mirándonos un rato.

– Tienen pinta de ser como la policía de por aquí, ya

está anocheciendo y a lo mejor piensan que

somos ladrones.

– Bueno, me dan muy mal rollo, ¿Podemos irnos?

– ¡Sí, vámonos!

Los chicos se fueron corriendo y los dos hombres les

siguieron. Pasaron por varios callejones. Hasta que

los perdieron de vista. Se encontraban justo debajo

de la Torre Eiffel. Eran altas horas de la mañana y

ellos estaban muy cansados.

– Jake, tengo sueño y hambre- se quejó Sam a su

hermano.

– Lo sé, yo también pero…

– ¿Pero qué?

– Sam mira eso, esa puerta

– ¿Qué?

– ¿Sigues teniendo la llave?

– Sí

– Sácala.

– ¿Para qué?

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– Ahora.

– Espera ¿Crees que…?

– Por probar no perdemos nada, así que…

– Pues entonces vamos.

Sam sacó la llave del bolsillo y se acercaron a la

puerta que tenia las tres tortugas iguales. Probaron a

meter la llave y esta volvió a encajar a la perfección.

La puerta se abrió y otro rayo de luz les cegó al igual

que la primera vez. Cuando se quisieron dar cuenta

estaban de nuevo en el salón de su casa y la puerta

estaba cerrada, como si nada hubiera pasado.

– Sam ¿Estás bien?- preguntó Jake abrazando a su

hermano.

– Si ¿Y tú?

– También. Escúchame no podemos contarle esto a

mamá y papá.

– ¿Por qué no?

– Será nuestro secreto, se asustarían muchísimo y

no nos dejarían volver a entrar en ninguna otra

ocasión.

– ¿Y qué hacemos con la llave?

– La guardaremos, por si alguna vez queremos

volver, puede ser interesante.

– De acuerdo, pero prepárame algo de comer, esta

aventura me ha dado mucha hambre.

– Está bien, pero luego te vas a dormir.

– Trato hecho.

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Se dirigieron a la cocina, Jake preparó un par de

sándwiches, cenaron y se fueron a dormir muy

cansados.

Cuando se despertaron era tarde. Desayunaron casi

a la hora de comer, vieron la tele y un rato después

sus padres llegaron con un camión de mudanzas.

– Hola chicos ¿Qué tal?- dijo su madre nada mas

verlos

– Muy bien mamá- respondieron ellos

– Os habéis aburrido mucho en este tiempo ¿no?

– Bueno …- rieron

fin

 

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