La tormenta

  • ¡¿Qué?! – El grito de Simón barrió toda la universidad mientras él seguía discutiendo por teléfono – ¡Me dijiste que vendrías! Eres una…

Se vió interrumpido por un pitido que salía del móvil. Le habían colgado.

  • ¡Argg! Siempre igual.

Simón estaba tan enfadado que se pensó mejor lo de entrar en el auditorio. No podía pronunciar todo su discurso sin el guion que se había dejado en casa de su amiga Marina. Se dio media vuelta y se dirigió a su coche e intentó no mojarse con la torrencial lluvia que caía.

Abrió la puerta del coche y empezó a maldecir, empapado, sobre lo que le había pasado. Dio un acelerón y se dirigió a su casa. A medio camino, el coche comenzó a echar humo por el motor y Simón comenzó otra tanda de maldiciones mientras revisaba qué pasaba. La tormenta era cada vez más fuerte aunque no parecía importarle. En verdad, ¿qué le iba a importar ahora?

Del inmenso cielo surgió un rayo que acertó justo en la parte frontal del coche, ya abierta. Conforme pasaban los segundos, Simón miró la carretera y se entristecía cada vez más. <<Tendría que andar un día entero para llegar a casa>>, pensó, pero no era momento para lamentarse, así que emprendió el viaje de regreso a casa, caminando.

La tormenta seguía lanzando rayos aquí y allá y era cada vez más fuerte, hasta un punto en el que Simón no podía ver más allá de sus narices. Había sentido como si hubiera pasado un mes caminando y en ese momento se dio cuenta de que estaba en el bosque. Se echó al suelo y empezó a gemir. Para él estaba todo perdido hasta que oyó un leve lloro que no podía estar muy lejos. Se levantó de un golpe y entró en una casa destruida justo al lado de él. Dentro, no había diferencia, la lluvia lo seguía empapando. Aquella casa no tenía techo y la mayoría de las paredes estaban rotas.

  • Hola – empezó diciendo mientras una chica se sobresaltaba, asustada por la presencia de Simón –. Me llamo Simón. ¿Quién eres tú?

Simón sabía que aquella chica estaba demasiado impactada para responder así que continuó.

  • Esta tormenta es una locura, ¿verdad? Deberías levantarte – Simón ofreció su mano a la chica que la cogió y se levantó. Era un poco más baja que Simón, morena con las puntas rubias y ojos azules –. ¿Cómo te llamas?
  • Alicia – respondió, tímida –. ¿Cómo me encontraste? Pensaba que me iba a quedar atrapada para siempre. ¿Vienes de la ciudad?

Simón afirmó pero enseguida entró en pánico. ¿En qué clase de lugar debía de estar para que le preguntaran eso?

  • Pareces asustado. No deberías porque sabes cómo ir a la ciudad, ¿verdad? – Simón negó con la cabeza – Oh… No importa.

No parecía muy convencida y se notaba que llevaba tiempo intentando buscar a alguna persona que la llevara de vuelta a la ciudad.

Después de andar un tiempo, se oyó un trueno a la vez que caía un rayo a escasos metros de ellos.

Los rayos eran interminables. Cada pocos segundos volvía a caer uno, extrañamente cerca de donde estaban Simón y Alicia. De suerte, encontraron un refugio. Al entrar Simón cogió algo del suelo.

  • ¿Una pistola? – susurró para sí. No se sentía muy cómodo con el arma en sus manos pero se convenció de que la suerte lo ayudaba, ya que podía ser necesario por si acaso alguien o algo intentaba atacarlos.

Decidieron quedarse en un espacio del fondo de una cueva. Simón pensó que era buena idea descansar un poco, mientras que, Alicia prefirió quedarse alerta aunque no aguanto mucho tiempo.

Cuando Simón despertó, oyó unos pasos, cada vez más fuertes, cada vez más cerca. Alicia, dormida a su lado, iba despertando. Empuñó la pistola y apuntó al frente. La silueta de una persona con una cara pálida y horrenda aparecía delante de él.

Simón disparó, horrorizado.

El disparo no le afectó. La silueta cada vez se hacía más cercana pero Simón no llegó a distinguir los rasgos físicos solo hasta que estuvo a pocos centímetros de él y se desvaneció.

Simón despertó con el cielo despejado, con la pistola en la mano derecha y no podía mover ni un músculo. Alicia estaba sentada llorando desconsolada en su pecho.

  • ¡¿Por qué tuviste que dejarme?!

DJUG.

 

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