Las vacaciones imperfectamente perfectas

Los coches pasaban a gran velocidad y nosotros estábamos desesperados. El coche se había parado y estábamos mirando todos con gran expectación a mi padre que estaba llamando por teléfono. Las vacaciones, no empezaban muy bien.

Por cierto, será mejor que me presente. Nosotros somos una familia cualquiera, somos cuatro, el número perfecto para mí, está mi padre Alberto, mi madre María, mi hermano Mateo y yo. Yo soy la pequeña y por eso mi hermano dice que soy la mimada, pero yo creo que no.

Bueno a lo nuestro, el coche estaba parado en el arcén y mi padre seguía llamando. Ya llevaba unos ¡treinta minutos! Mientras, como Mateo se aburría, ponía caras raras a los coches que pasaban y los copilotos no paraban de reírse de él, (yo también, por supuesto). Por fin mi padre terminó de hablar y se dirigió hacia mi madre, nosotros nos acercamos silenciosamente para intentar enterarnos de lo que pasaba y lo que oímos no nos hizo mucha gracia, tendríamos que esperar una hora por lo menos, ¡por lo menos!

Estuvimos esperando una hora y media a que viniese la grúa para llevarnos a un taller. A mí se me empezaron a quitar las ganas de ir a Galicia, pero mi madre me dijo que esto era solo un pequeño contratiempo pero que no tendríamos más y que seguro que nos encantaría.

Como en la grúa solo pueden ir dos personas, nos mandaron un taxi, y Mateo y yo nos peleamos por ir en la grúa, pero al final se lo quedó mi hermano (para que luego diga que soy la mimada).

Cuando llegamos al taller la cosa no mejoró, nos dijeron que igual tardaban un día pero que no nos preocupáramos, que justo allí al lado había un hotel.

Cogimos una habitación en el hotel ya que no nos quedaba otra opción, pues ya era tarde y había que dormir.

Al día siguiente, nos despertamos, nos vestimos, desayunamos y fuimos al taller a ver si ya tenían el coche listo, pues nos habíamos despertado tardísimo. La noticia que nos dio fue la primera noticia buena de lo que llevábamos de viaje, pues el coche ya estaba listo. Nos pusimos en marcha, pero primero cogimos unas provisiones Mateo y yo, cogimos todo lo que encontramos de chucherías, por si nos entraba hambre mientras estábamos en el coche.

El viaje se me hizo eterno, tuvimos que parar varias veces porque yo me mareo mucho, pero aun así llegamos antes de que se acabara el día.

Al llegar, cogimos la llave de la habitación y nos fuimos a descargar las maletas. La habitación estaba mucho mejor que el hotel anterior y nos encantó.

Luego fuimos a investigar qué había en el hotel. Había, una piscina, un comedor y una sala de juegos. La sala de juegos fue lo que más nos gustó a mi hermano y a mí, lo que más usamos fue una mesa de ping pon y el billar. Nos pasamos allí todo el tiempo que estuvimos en el hotel, y mi madre se acabó hartando, nos obligó a ir a la playa y a la piscina del hotel. También fuimos a visitar ciudades en coche como Santiago de Compostela.

Al día siguiente de visitar Santiago surgió un problema bien gordo, o como lo llama mi madre “un pequeño contratiempo”. Nos querían echar del hotel porque se suponía que ya habíamos terminado nuestro tiempo allí y venía otra familia. Mis padres fueron a reclamar ya que habían pagado por internet y habían cogido una semana entera pero solo habíamos estado cuatro días. Nos dijeron que a él le ponía que solo íbamos a estar cuatro días y que entonces para el jueves había reservado una habitación para otra familia. Mi madre le dijo que, si no podía hacer nada como darnos otra habitación, aunque fuera mala o pequeña, pero él dijo que no podía hacer nada y que si queríamos que nos ponía con su supervisor. El supervisor nos dijo lo mismo, es decir que nos habíamos quedado sin habitación. De momento eran las peores vacaciones que habíamos tenido.

Mi madre se puso a hablar con mi tía de lo sucedido mientras recogíamos para irnos a casa (muy normal en ella, todo lo que la pasa lo tiene que comentar con alguien), pero de repente le entró otra llamada. Era mi otra tía que estaba también en Galicia y no les importaba que fuéramos con ellos. Mi madre dijo que no hacía falta, pero mi tía insistió ya que había tenido un hijo recientemente y no les vendría mal ayuda a mi tío y a ella porque eran padres primerizos y nosotros podríamos ayudar. Al final aceptó la invitación y nos fuimos a su hotel. De espacio no íbamos muy bien, pero al final conseguimos hacer que cupiéramos todos, pero antes tuvimos que hablar con el recepcionista para que nos dejase entrar. Al final mis padres tuvieron que pagarle, pero conseguimos quedarnos en Galicia.

A partir de ahí las vacaciones no fueron mal. Estuvimos visitando sitios, bañándonos en la playa y jugando con mi prima.

Fueron unas vacaciones imperfectamente perfectas.

Evarora.

 

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