Lección de vida

Verano del 1966 Pacific Grove, California

En ese momento creí que por fin todo el mundo se daría cuenta de lo que vale una persona, una vida es más que un número, que el tiempo, más que una imagen. Llega un punto en el que miras al horizonte y todo desaparece, pero hay veces que la gente no se da cuenta, y simplemente decide apartarlo de su realidad, creándose así su pequeño mundo de fantasía, y digo pequeño porque ni la mitad de la población de mi ciudad natal Pacific Grove había conocido tan siquiera la otra punta de la ciudad. Yo me llamo Ella y tengo catorce años y en menos de un verano me he dado cuenta de que he hecho el gran cambio del que tanto me han hablado mis amigas, pero no como ellas decían sino que algo diferente… pero esto no es lo más importante, remontémonos al día más largo del año, el 21 de Junio, esa mañana desperté en mi casa, hacía un sol radiante, este atravesó mi ventana haciendo que estremeciera durante unos segundos abrí mis ojos, salté de la cama y admire por unos instantes las magnificas vistas que tenía de la playa, y también me di cuenta de la suerte que tenia de vivir en esa casa, un delicioso olor me atrajo hasta la planta baja de la casa, baje las escaleras de madera con cuidado de no tropezar y añadirlo a la lista de las muchas caídas que he ido teniendo a lo largo de mi vida, cruzé el umbral del salón un una voz grave me dio los buenos días , ese era mi padre, un hombre alto y esbelto con una afición muy divertida, normalmente salía a hacer surf desde muy temprana hora además le gusta ayudarme con mis tareas del colegio, le sonreí y continué con mi trayecto hasta la cocina donde se encontraba mi madre preparándome unas tostadas que olían genial, me senté con ella y desayunamos mientras charlamos, mas tarde tuve que ir al colegio salimos de casa y mi madre condujo durante media hora, porque aunque viviéramos en una casa espectacular el único defecto que tenia era que estábamos un poco lejos del colegio, cuando llegamos allí levanté la cabeza de mi nuevo iphone , mi madre frenó y yo me agarré a la fría y rugosa tela de la guantera después miré a mi madre, volví la vista hacia el enorme cristal y ahí estaban una chica pelirroja de media altura, con el pelo ondulado y una chica mas muy alta y morena, ellas es Harper y Ava mis mejores amigas , nos conocimos en primaria y aun seguimos siéndolo , las tres entramos rápidamente, las primeras horas se nos pasaron volando, pero ahí fue cuando me di cuenta de quién soy de verdad, nunca antes me había visto en una situación así, ahí estaba, plantado delante de toda la clase mirando al viejo y sucio suelo, mi madre estaba junto a él , era muy extraño , la gente comenzó a reírse y a hablar susurrando como si nos hubiesen presentado a gozilla , pero no , era un niño bajito, rubio con la tez cubierta por llagas, mi madre lo presento mientras el niño iba caminando hacia los pupitres vacios, al ser herido por el rechazo de algunos compañeros maleducados mi madre trató de que lo aceptasen , pero antes de que ella quitase la mirada de mi profesora de lengua , para mirarme a mí , yo le invité a sentarse, estuvimos charlando un rato mientras Leah, la profesora de lengua explicaba algo así como los determinantes, el me dijo que venía de Kansas que su cumpleaños era el ocho de abril , que su color favorito era el verde y que le encantaban los macarrones con tomate, sonó el timbre del recreo y me ofrecí a pasar el ese tiempo de descanso enseñándole el colegio.

Yo sentía que estaba haciendo algo bien pero, no entendía muy bien el porque la gente le miraba extraño por los pasillos o cuando entrabamos a cada clase, y mientras íbamos caminando observé que era un niño algo tímido, no habló en todo el paseo, le enseñé un montón de aulas: la de música, la de plástica, la de informática, el taller de tecnología…

Pero ninguna le gustaba, se limitaba a poner una cara triste muy extraña y a encogerse de hombros, pero antes de perder la esperanza se me ocurrió una gran idea, le enseñaré el laboratorio, si no le gustaba nada… Esa fue una gran elección, abrí la puerta con una llave de metal fría y roñosa. La empujé la puerta y su cara cambió por completo, estuve preguntándole si le gustaba el laboratorio y al final me terminó contando que el en su antigua ciudad Kansas, tenía un pequeño laboratorio en su casa con el cual realizaba una gran cantidad de experimentos y en el que pasaba muchas horas entretenido, pero que al mudarse aquí ya no lo tenía, y no sabía qué hacer con su tiempo libre , sonó la campana y aunque sentí que le había quitado la timidez, debíamos de irnos, por suerte en esas tres horas siguientes nos tocó física y química, a mí se me daba un poco mal entonces él me estuvo ayudando, era un niño encantador, y solamente la idea de que la gente lo excluía por cómo había nacido , por cómo era por su aspecto físico , me horrorizaba, ese mismo día tuve otro problema y es que una de mis mejores amigas Ava, no soportaba la idea de que yo me relacionase con él , y desde ese momento me di cuenta de cómo era, así que la deje ir, ya sabes lo que dicen duele más aguantar que dejar ir, además estaba demasiado ocupada con pensar cada minuto en como poder conseguir que la gente lo aceptase, entonces se me ocurrió, era la semana de las exposiciones de clase de lengua, y nos dijeron que era sobre un tema libre , le comenté que podría hacerlo sobre su vida, como era la vida de un niño luchador con síndrome de Down , y así la gente sabría de verdad como es su día a día y lo valiente que era al venir al colegio, y tener que estar aguantando los reproches de muchos niños maleducados que solo querían incordiarlo.

Entonces la profesora lo llamó Ian Lewis, arrastró su silla y caminó lentamente hacia la tarima, se giró y ahí estaba, delante de todos, lo miraban extraño y se reían como de costumbre pero, iba a hacerlo bien, yo confiaba en él, empezó un poco nervioso, y continuó explicándonos como era su vida que al igual que todos nosotros tenía una familia y que debíamos tratarlo normal, nada de tratos especiales por su epidemiologia, que él era como cada uno de los presentes, también nos introdujo en el claro caso de su familia , ya que él se ha tenido que someter a una cuantas intervenciones, y ellos tuvieron que hacer un montón de viajes al extranjero, en ese momento miles de lagrimas se asomaron por los serios ojos de todos los niños del aula, incluso una lagrima resbalaba por la rosada mejilla de Ava, el final fue un poco más feliz nos puso unas fotografías de donde estuvo en todas y cada una de sus intervenciones visitó grandes ciudades como, Tokio, Roma e incluso estuvo en España , ahí finalizó su exposición, me quedé mirando pensativa la cruz que había encima de la pizarra digital, con una pequeña sonrisa de felicidad, porque desde ese momento supe que iba a ser el principio de una gran historia de superación y aunque sabía que yo había formado un gran papel en esta no quise decir nada, este era su momento y debía disfrutar de el ,ese día aprendimos una gran lección, debemos respetar a todas las personas por igual, sean como sean, no debemos tener ningún prejuicio y menos juzgarles , y así terminó una semana más en una pequeña ciudad de california, Pacific Grove.

Lux.

 

Dejar un comentario