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El libro de los recuerdos

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Aterrizo en Barajas-Madrid. Mi vida a cambiado. Con tan solo

dieciseis años he podido comprender el mundo , el mundo en el que

vivo…

Todo comenzó cuando hace aproximadamente tres meses, cuando

emprendí un vuelo hacia Guinea, un país de África. Os contaré mi

historia.

Era 17 abril , estaba sentada, aburrida, con mi móvil en una mano, y

con la otra sosteniendo un pequeño vaso de zumo que me había

preparado mi madre.

Ella entró en mi cuarto con el cesto de la ropa planchada y me dejó

una pequeña carta sobre mi escritorio. Era de mi abuelo Eduardo. Me

contaba que había estado en África. Nos invitaba a ha mi y a mi

familia a visitar un pequeño campo de refugiados que había en un

país llamado Guinea.

Fui corriendo al jardín a mostrar a mi madre aquella carta tan

extraña. Llevaba sin hablar con mi abuelo años , y pensaba que era

algún tipo de broma. Noté en su cara un gesto de sorpresa, la verdad,

a mi también me sorprendió . Guardó la carta en el bolsillo , se secó

las manos y me dijo que la esperara en la cocina. Unos minutos

después apareció mi madre con un gran libro, que posó bruscamente

en la mesa. Me explicó que durante muchos años el abuelo había

estado colaborando con varias ONG. En el libro aparecían varias fotos

de los diferentes lugares que había visitado. Al día siguiente al volver

del instituto, mis padres no estaban, pero había una nota en la

nevera que decía:

“No estoy en casa , he ido a la agencia de viajes, te he dejado la

merienda sobre la mesa de tu habitación, te quiere mama”

Me temí lo peor. Subí a mi cuarto , merendé y me puse a estudiar.

Una hora después llegó mi madre con un gran mapa, tres billetes y

una gran sonrisa dibujada en la cara. Bajé corriendo y me dijo que

mis próximas vacaciones las pasaria en África-Guinea en el campo de

refugiados del que tanto me había hablado mi abuelo.

Durante mucho tiempo me estuve informando sobre Guinea y sus

costumbres … Es un país muy pobre , nunca había oído hablar de el ,

de ahí mi curiosidad.

Una tarde de junio, yo estaba en mi cuarto , muerta de calor , con el

ventilador encendido, cuando mi madre me mandó bajar. Quedaba

menos de una semana para tomar rumbo a Guinea y mi madre me

mando colocar en una caja todos los juguetes de cuando era pequeña

para llevarlos a los niños de allí.

Los íbamos a llevar a Caritas para que los llevaran a Guinea.

Os preguntareis por mi padre . El trabaja 9 horas al día , por lo que no

paso mucho tiempo con él.

Llegó el día. Teníamos que salir a las 7 de la mañana , para ir al

aeropuerto de barajas. El avión salía a las 9, y duraba

aproximadamente 6 horas.

Cuando montamos al avión nos dimos cuenta de que nos habían

separado. Yo tenia el asiento 14a .Me acerqué y me fijé que me

habían sentado al lado de una señor un poco extraño. Me saludó y se

presentó-

-Hola, soy Mario voy directo a Guinea de voluntario, soy médico y me

encargo de investigar el virus de la Malaria.

Durante todo el viaje me estuvo explicando que a sus 30 años de

edad había recorrido más de la mitad del mundo con el fin de ayudar

a los enfermos.

Aterrizamos en el aeropuerto . Nos recogió Thomas un viejo amigo

de mi abuelo. Lo primero que hicimos fue vacunarnos y darnos una

pastilla para prevenir la malaria. Acto seguido nos llevaron a

enfermería y nos recubrieron con una repente. Al llegar a la

habitación , observé que estaba toda recubierta de mosquiteras, las

ventanas, las puertas y por si era poco la cama. Al salir me di cuenta

de que unas escaleras iban hacia un tipo de sala oscura. Por

curiosidad , subí y me encontré a un anciano sentado sobre una vieja

silla que cada vez que se movía hacia un ruido muy irritante. Ese sitio

me daba miedo , así que decidí dar la vuelta y bajar las escaleras.

Cuando estaba apunto de irme el anciano dio la vuelta a su tenebrosa

silla y grito-

-¡Quien anda ahí!

Me acerqué y me presenté , le pregunté que era ese sitio y le informé

de que acaba de aterrizar y que venia de Madrid. Me dijo que el

estaba esperando a su nieta que también acababa de aterrizar.

Me despedí y bajé

Cuando bajé me encontré a mi padre hablando con Thomas. Era un

chico muy peculiar y hablaba con acento francés. Le conté a mi padre

todo lo sucedido en el avión y en aquella sala con el anciano, resulta

que era mi abuelo. Pegue un brinco y subí gritando.

¡ABUELO! ¡ABUELO!

El anciano me miró con cara de sorpresa y me dijo

-¿Pero tú no eres la chica de antes?

Ahora que lo pienso si que se parece bastante a mi abuelo.

De repente oí un ruido. Era mi padre subiendo las escaleras.

Al contrario que a mi , mi abuelo si que le reconoció .Se levantó de la

silla y le abrazó.

El abuelo nos dio la bienvenida y nos enseñó en que estaba

trabajando.

Su nuevo proyecto era encontrar una vacuna mas barata a la que

pudieran recurrir los enfermos.

Durante todo el día nos estuvieron informando sobre el programa de

actividades que haremos cada día y nos estuvieron explicando el

mundillo del voluntariado.

Al día siguiente , al mirarme al espejo tenia toda la cara llena de

picaduras, me puse a llorar y salí corriendo hacia donde estaba mi

abuelo. El me explicó que al haberme vacunado y tomado la pastilla

tenia muy pocas probabilidades de contagiarme de la malaria, pero

que aun así me mandaría a enfermería.

Por la tarde llegó el otro avión , el de caritas. Traía todos los juguetes

que habíamos donado. Esa tarde me tocaba ayudar a los recién

nacidos , no fue problema para mi ya que me encantan los bebes.

Durante muchas semanas me iban encargando diferentes

actividades, y me iba dando cuenta de la necesidad que hay en este

mundo y lo mal que los pasaban día a día, rezando de poder llegar al

día siguientes.

Ante mis ojos pude observar como mucha gente moría de hambre o

de sed.

También pude comprender que no hace falta irse muy lejos para

observar la verdadera pobreza , sino que en nuestro propio país hay

gente muriendo de hambre.

Además comprendí que la gente pobre no necesita comida y agua

sino que necesitan que les enseñemos a utilizar sus recursos para

poder sobrevivir.

Desde pequeña siempre he escuchado la necesidad que tenían los

pobres , pero realmente nunca me había parado a reflexionar sobre

ello.

Ya llegaba el día de vuelta, había tenido muchas experiencias ese

verano, había aprendido a desfrutar la vida , ya que solo tenemos

una y a respetar a los que nos rodean.

Sobre mi abuelo, sigue allí me ayudó bastante en cuanto los

voluntariados y me enseñó gran parte de lo que se. También me a

prometido que vendrá a verme mas a menudo. Y que me enviará

una carta al menos una vez al mes.

Y gracias a este viaje pude completar el libro de mi abuelo, el libro de

los recuerdos.

 

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