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Los recuerdos de Satur Ney

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Todos sabemos lo que es un recuerdo, algunos los vemos en nuestra cabeza con claridad y

otros, en cambio, los encontramos borrosos. Tenemos recuerdos buenos y otros sólo

queremos no recordarlos.

El caso de Satur no era especial, ni mágico, ni mucho más. Era un joven al que sus recuerdos

se podría decir que le atormentaban. Sé mucho y a la vez poco de su vida. Ya sea por

casualidad o por el dichoso destino llegamos a conocernos e incluso a hacernos buenos

amigos.

Yo estaba de viaje hacia Suecia e iba en tren, al igual que Satur. Al entrar en el vagón de la

cafetería se me calló un folleto de Tout Verts que estaba mirando. Justo entonces Satur lo

recogió del suelo y me lo entregó con cara de curiosidad. Al volver a mi sitio escuché una voz

que me decía:

-Oh perdona, ¿vas a la convención de Tout Verts?

A lo que le respondí:

-Sí, soy uno de los socios de la empresa.

De inmediato me propuso ir juntos ya que él también iba a ir a la convención, lo cuál era genial

porque ninguno de los dos conocíamos Suecia y mucho menos hablar su idioma. Por lo menos

ya tenía a alguien con quien hablar.

Al principio pensé que sólo buscaba encasquetarme alguna de sus ideas para mi empresa

pero la verdad resultó ser un chaval bastante interesante y con un pensamiento muy inusual,

pero no por ello significa que fuese malo. Al cabo de sabe Dios cuántas horas ya sabía de él

muchas cosas, por lo menos las básicas. Se había graduado en arquitectura y ahora buscaba

un oficio que le hiciese sentir realizado y feliz consigo mismo. Le gustaba ir al casino, no era un

ludópata, simplemente tenía un método para ganar, no siempre, pero casi. Su madre le había

llamado Saturno porque decía que era de otro planeta; y su padre Ney porque… Sinceramente

no me acuerdo. Era un apasionado de la vida, ansiaba conocer el mundo, sus montañas, sus

playas, su gente… Llevaba escrito en sus ojos el lema del “carpe diem” y para mi asombro,

incluso le entusiasmaba ir en un tren durante horas y horas, donde no conocía a nadie y ni

siquiera sabía el complicado idioma del lugar. A mí eso me aterraba. Quizás os debería hablar

del porqué de mi ida a Suecia a parte de la dicha convención, de qué trata mi empresa, qué

tiene de especial como para que vaya gente de todas partes; quizás contar un poco de mi

vida… Pero no tengo la confianza suficiente con usted como para ello, ¿o igual sí?

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En fin, tras pasar cuatro horas diez minutos y cuatro segundos hablando con Satur, me contó

que muchas veces, por no decir siempre, en sus sueños aparecían recuerdos de su pasado.

Esos sueños se mostraban exactamente como había ocurrido tiempo atrás y raramente se

modificaba algo el contenido. Aún así, es extraño soñar con un recuerdo y más aún, no

acordarse con que edad ocurrió aquello. Por más que Satur lo pensara, era incapaz de

recordar a que edad pasaban algunas cosas de su vida, sus recuerdos están en un pequeño

limbo temporal. Cada vez que pensaba en ello sólo lograba desquiciarse. Yo pensé que estaba

un poquitín loco pero, en estos tiempos, quien no lo está.

Llegados a este punto, os contaré algunas de sus historias del pasado, aunque mi mala

memoria es un inconveniente. He de tratar de recordar sus recuerdos.

Satur, a la edad de cuatro a seis años, se estaba duchando con su abuela a la que quería

mucho. Ella era mayor, de unos cincuenta a sesenta años, si mal no recuerdo. Estaban

jugando y ella abrazó a Satur. Él , .sin querer, la empujó hacía atrás, ella resbaló y se calló

dándose un fuerte golpe en la cabeza. Quedó inconsciente y Satur sin saber que hacer, se

arrodilló junto a ella y empezó a llorar. Pasarían unos pocos minutos hasta que la abuela

recuperase el conocimiento. Le costaba hablar al principio y, haciendo un esfuerzo y con voz

moribunda le dijo Saturno unas palabras que ni él recuerda. Al rato, la abuela se levantó y no

sufrió daños algunos, excepto una leve conmoción. Todo quedó en un gran susto, quizás

todavía no le había llegado la hora.

Sobre esa misma edad, Satur me contó que una noche de gran tormenta estaba de camino

con sus abuelos hacia el pueblo donde vivía. Iban a caballo, uno el de su abuelo y Rey llevaba

consigo a Satur y a su abuela. Los caballos estaban bastante asustados por los tremendos

truenos y el camino estaba muy embarrado. Para llegar al pueblo debían cruzar un pequeño

bosque y en su entrada había una especie de verja que se necesitaba abrir para dejarlos

pasar. Su abuelo se bajó del caballo y la abrió, ayudando a Rey a pasar ya que no quería

moverse, estaba tremendamente asustado. En ese momento, cayó un rayo a pocos metros de

ellos, inundado el paraje con un estremecedor sonido. Rey muerto de miedo se puso a dos

patas tirando a Satur al suelo. La abuela consiguió no caerse y tranquilizar al animal. Rey era

muy grande y una caída a plomo desde su silla podía ser fatal. Enseguida fueron sus abuelos a

ver como se encontraba Satur y, por suerte, sólo estaba un poco conmocionado, lleno de barro

y sufría algún que otro rasguño.

Cada hora que pasaba con Satur, más me interesaba en conocer sus recuerdos.

A él le encantaba montar en su caballo e ir a pasear por el bosque, uno de sus lugares

favoritos. Lo describió como la octava maravilla, un lugar donde se respiraba un aire puro. En

los días cálidos se iba al bosque en busca de un río con una pequeña y magnífica cascada,

junto con su perro Axis y su caballo Rey. A pesar de ser un crío, vivía la vida en completa

libertad. Pero errores cometemos todos, y más aún cuando sólo eres un niño de unos 4 a 6

años.

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Un día, Satur decidió ir al bosque con Rey y dejar a Axis en la finca. Llevaba consigo su

mochila con comida, una manta y ropa para cambiarse por si se bañaba. Se adentró

demasiado y al cabo de unas horas se encontraba perdido. Era un bosque virgen, no tenía

señales ni carreteras, era la naturaleza en estado puro. Satur se encontraba asustado, sin

saber a donde ir ni como volver y menos como avisar a sus abuelos. Era normal que Satur

tardase y solía llegar unas horas antes del atardecer. Al ver que pasaban las horas y no daba

señales, los abuelos se empezaron a inquietar. Axis empezó a ladrar y a lloriquear con ese

sonido típico de los perros, además se le veía nervioso y era imposible que se estuviese

quieto. ¿Sería consciente de que algo pasaba con Satur? ¿Lo empezaría a echar de menos?

Al ver que no llegaba ni Satur ni Rey, los abuelos salieron en su busca. Lo primero sería ir al

lugar favorito del niño pero no había señales de él. Así que emprendieron una búsqueda por

todo el bosque, que no era precisamente pequeño.

Satur decidió no moverse de donde estaba e intentar tranquilizarse. Sólo era un crío pero con

unos nervios de acero. Se acurrucó junto a su caballo el cual estaba echado al lado de un gran

árbol, sacó la manta y se dispuso a dormir pensando en que esa situación sólo podría ser obra

de una pesadilla.

Hacia la media noche, los abuelos decidieron descansar un rato ya que eran mayores, estaban

exhaustos y llevaban consigo una angustia desoladora. La noche no les permitía ver más allá

de unos pocos metros y eso gracias a la gran Luna llena que había. Axis seguía inquieto, como

queriendo avanzar sin ningún descanso. El dueño lo soltó y echó a correr como si no hubiera

mañana. Los abuelos por más que lo llamaron no regresó. Quien sabe lo que sentiría Axis para

desobedecer a sus dueños y seguir adelante. ¿Quizás olería el aroma único de Satur?

Al despertarse el pobre niño, su caballo seguía junto a él como si fuera consciente de lo que

estaba pasando. Satur se encontraba asustado por los múltiples ruidos que se escuchaban y

sintió como el pánico se iba apoderando de él. Sus sentidos se pusieron alertar y la descarga

de adrenalina comenzó su efecto cuando uno de esos ruidos parecía ir acercándose cada vez

más. Como todos pensaréis, era efectivamente su perro. Tras una larga y dura búsqueda Axis

logró encontrarlo. Satur amaba a ese perro y al parecer, Axis también lo amaba a él. Axis guió

en todo momento a Satur para encontrarse con sus abuelos. Ellos no podían estar más felices

de ver al pequeño Satur sano y salvo, el dolor de pensar en que le podía haber pasado algo

era insufrible.

Cabe decir que Axis fue recompensado con una comilona que ni el Papa, y por supuesto, al

protector de Satur también se le dio una buena recompensa.

Si os habéis fijado, sólo os he contado recuerdos de Satur con alguna tragedia. Esto se debe a

que él puso más énfasis en los recuerdos que no eran tan buenos como otros. Ahora que me

acuerdo, os contaré una historia un poco escalofriante que vivió él.

Satur sueña con esta historia y la considera una especie de pesadilla. Tenía la misma edad

dicha antes, de cuatro a seis años, e iba camino hacia una gran ciudad con su abuela y en bus.

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Vio de lejos como otro autobús y un camión chocaban, quedando uno paralelo al otro. Al ir

acercándose, se empezaba a ver gente sangrando por el asfalto, el conductor del bus parecía

estar muerto y los pasajeros patas-arriba. Alcanzó a ver a una mujer con los pies por fuera de

la ventana y boca-arriba. Todo eso lo recuerda como si fuera un par de viñetas que duran de

dos a tres segundos.

Sin embargo, no todo eran pesadillas. Me acuerdo que él había soñado con su primer beso,

con su primer amor; como había aprendido a nadar, a montar en bicicleta… De vez en cuando

sueña con el recuerdo de sus viejos amigos, de su gran perro Axis y de su enorme caballo

Rey.

A día de hoy, él es un buen amigo y aunque ahora mismo estemos en diferentes lugares tengo

el presentimiento de que nos veremos muy pronto.

SATUR

 

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