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Nostalgia

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Nostalgia

 

 

Todo comenzó una bonita mañana de otoño. El árbol del vecino de en frente ya había perdido todas sus hojas y él como todos los años, se pasaba todo el día recogiéndolas. Llevábamos mucho tiempo esperando a que llegara este día, porque por fin, me podría pillar el mes libre para poder ir con mi hija y mi mujer Sofía a Madagascar.

Nos levantamos a las 7 de la mañana, para intentar llegar allí a las nueve, y pillar el vuelo hacia las 10:30. Desayunamos a un ritmo considerado; un delicioso chocolate caliente con aroma a vainilla que me calentaba las manos. De paso veíamos juntos la televisión. Rápidamente, cogimos las maletas que ya teníamos preparadas desde hace ya unos días y desconectamos la luz y el agua, cerrando la casa a merced de cualquiera que pudiese entrar a robar, cosa que no nos preocupaba mucho, porque no nos gusta tener cosas de valor en casa, no somos muy materialistas.

Eran las nueve menos cuarto y estábamos a mitad de camino del aeropuerto. Sofía, conducía un “Mercedes” rojo con tonos plateados a los lados.

Bueno…ya dije que no éramos muy materialistas, pero cuando Sofía vió el coche se enamoró de él. Siempre lo tenemos protegido en el garaje, para que nadie lo pueda estropear y las fuerzas naturales puedan mancharlo, diría que lo tenemos sobre protegido al pobre.

Volviendo al tema. Ya habíamos llegado al aeropuerto, me había pasado todo el viaje jugando con mi hija María, una niña de 11 años a la que le gusta salir con sus amigas, como la mayoría.

Al entrar en el aeropuerto, pudimos escuchar por el altavoz una voz no muy dulce, procedía de una chica, nos avisaba de que nuestro avión salía en 15 minutos. Preocupados corrimos hasta recepción a enseñar los billetes de vuelo, para que posteriormente pudiésemos cogerle.

Subimos al avión, este era grade, con dos filas 3 de 4 asientos en cada una. Yo me había sentado en el centro de los asientos del lado derecho, mi hija se sentó a mi izquierda, en la ventana, mientras que mi mujer se sentó en la derecha, donde inmediatamente sacó un libro de la bolsa y se puso a leer mientras escuchaba un documental sobre el Amazonas.

En su momento no me intereso mucho, pero al final, le pedí uno de los auriculares, y me puse a escucharlo con ella. Mientras, mi hija se quedaba fascinada con el paisaje que veía a través de la ventanilla, aunque estaba un pelín asustada.

Llevábamos unas 3 horas de viaje, María estaba dormida y yo iba por el mismo camino. De repente, un sonido me alertó y nos despertó bruscamente, a mi hija y a mí.

El piloto nos avisó de que no pasaba nada, que podíamos estar tranquilos, que solo eran unas turbulencias, así que me intente volver a dormir, pero María estaba muy asustada, así que estuve hablando con ella hasta que… De repente, sucedió algo inesperado.

Esta vez no fue un simple sonido de turbulencias, si no que fue uno aún más fuerte; era como una especie de explosión.

Entonces, preocupado miré despacio por la ventanilla, diciéndome a mí mismo:

Que no sea nada, que no sea nada, que no sea nada, mierda…

Sí, mierda, eso es lo que pensé cuando vi que uno de los motores de la avión estaba en llamas. Mierda era, en lo que me iba en convertir si no hacía algo y os preguntareis… ¿Qué es lo que hice? Pues, sencillamente gritar e hiperventilar, como todo el mundo. La azafata me decía que me tranquilizase, como si eso fuera a ayudar. Uno de los motores estaba ardiendo, el avión cayendo en picado y una horrible y dolorosa muerte inminente se venía encima, ¿Y me pedía que me tranquilizara? No sé tú, pero era o reírme por la gracias que me acababan de contar o matarme allí mismo para acabar con todo. Pero entonces pensé… ¿Y si me logro salvar? Qué pasaría si yo me hubiera suicidado y mi hija y mujer viven, ¿Les querrá alguien tanto como yo?… Así que no me suicidé.

Pero vamos a sincerarnos, ¿Cómo me voy a salvar si no se usar ni el móvil? Quién me mandaría a mi coger esta avión…

Bueno, este estaba a unos metros del suelo, yo ya me había tirado con mi hija y mujer en paracaídas, estaba llorando a moco tendido mientras María gritaba y mi mujer escuchaba música. Si…Escuchaba música… Tú también te lo habrás imaginado, ¿PERO QUE PROBLEMÓN TIENE? Ella dice que no le preocupa nada en la vida, que es valiente, pero…Esto es pasarse de sobradísimo.

Al final caímos al agua, nadamos hacia los restos del avión y justo, pero ya es casualidad, veíamos como se hundía una caja de suministros. Así que fui corriendo hacia ella y la agarré mientras tragaba agua salada y la escupía como podía. Al fin, logre llegar hasta donde estaba mi familia, donde al abrir la caja, salía disparada una barca hinchable. Al parecer lo leí mal, ponía ´´Caja Barco´´ no ´´Caja Suministros´´, y diréis, si no se parecen en nada, ya pero nadando, escupiendo el agua, y el frio, si el frio, el agua estaba heladita; no pude leer bien lo que ponía, así que culpa mía no es.

No subimos en ella, y allí estuvimos 2 días navegando a la merced de las aguas, donde durante este tiempo, estuvimos jugando a “Simón Dice”. Bueno, era divertido las dos primeras horas, pero ya después, con hambre y sed, se nos hizo pesadísimo, así que no jugamos durante ese tiempo.

Vagando a la merced de los mares, logramos divisar lo que se podría llamar una pequeña isla que nos serviría para parar el balanceo de las olas.

Fuimos remando como podíamos con las manos, durante varias horas, hasta que logramos llegar casi a la orilla.

Pero unos minutos después de cantar victoria, nos dimos cuenta de que la corriente nos arrastraba hacia los acantilados y si no hacíamos algo, chocaríamos contra las rocas y nos ahogaríamos. Así que me baje, me metí al agua, me agarre al barco, y empecé a patalear como si la vida me fuese en ello, que era justo lo que pasaba, mientras Sofía y María remaban apoyándome, hasta que al final logramos llegar a tierra firme. Aunque… Unos segundos antes la barca volcó. Sí, volcó, de todo lo que nos podía pasar, una de esas cosas era que volcara la barca hinchable, que casualidad…

No sabía cuánto tiempo había pasado, me desperté en medio de la arena agarrado a mi mujer y mi hija, la barca estaba rota sin saber porque y la arena en los ojos me nublaba la vista.

Entonces me levanté, alcé la vista por encima de ellas y pude divisar un árbol con frutos. Durante ese tiempo estaba feliz. No como cuando bajas de una montaña rusa y piensas…Ya acabo todo, no se puede comparar en nada con esa felicidad.

Avisé a Sofía que estaba dormida y se despertó bruscamente, entonces le señale aquel árbol que había visto y sorprendida, salió curiosa hacia él que nos proporcionaría alimento. Pero, antes de que pudiera coger y morder uno de sus frutos tentadores, la detuve porque no sabía si eran peligrosos, así que discutimos. Estuvimos gritando, deliberando sobre qué narices era aquel tipo de frutos y qué nos pasaría si nos los comiésemos. Lógicamente y digo lógicamente no nos íbamos a convertir en súper héroes ni íbamos a adquirir poderes como estaba diciendo mi hija. En ese mismo momento me di cuenta…¿Cuándo ha aparecido? y lo más preocupante, ¿Porque si nos ha oído no se le ha ocurrido probar la fruta??? ¿Es pare preocuparse? Yo creo que si.

¡¡¡ Suelta esa manzana!!! Grité a mi hija, sí, era una manzana y me di cuenta cuando la saboreó…

Papá, si es una manzana…dijo con voz…bueno, no sabría definirlo, porque me lo decía seria y directa.

Ah, pues es verdad…

Entonces, me di cuenta de que estaban envenenadas…”na” es broma, eran unas simples manzanas, no era para tanto, me preocupé por nada. Bueno, aunque no deje una cosa clara, como era la isla; pues sinceramente no era gran cosa, era pequeña y con un bosque, una pequeña elevación rocosa y más árboles, si árboles, que locura…Debería dejar de hablar así. ¿Sabéis? Va sigamos.

Vale, tenemos que planear algo o sino no saldremos de aquí… dije intentando buscar una solución. Entonces nos pusimos a hablar y hablar hasta que surgieron ideas y de ahí otras mucho mejores hasta que se acabó el cupo de ideas estúpidas y dieron lugar a 3 soluciones, que por supuesto, las dedujeron María y Sofía entre ellas, que luego pasaron a decirme:

Vale, creo que he encontrado una solución a nuestros problemas, dijo Sofía siendo razonable.

Te escucho, le dije.

Deberíamos hacer señales de humo.

Entonces pensé: Con que maldito mechero, con que madera con que…hacerlo todo…Esta fue la cara que puse. Dibujo gráfico con que describirla -_- , ya está, una obra de arte.

Haber cariño, pero si no tenemos mechero…dijé intentando razonar con ella.

¿Cómo qué no? ¿Y el qué te di antes de salir de casa? Saltó María espontáneamente.

Ese mechero del que se refiere María fue el que se me cayó en mitad del mar cuando me tiraba en paracaídas a muchitos metros de altura llorando mientras María estaba asustada agarrada a los brazos de Sofía, que como dije antes, estaba escuchando música, vuelve la cara -_-

Bueno, veréis, es que…Se me callo al saltar del avión, NO ES CULPA MIA, les dije.

Veréis, no debe ser eso, porque me quedé toda la noche sin estar calentito al fuego, con el mechero que trajo la marea; Si, lo trajo la marea, esa misma que me lo quitó, lo trajo a la arena. No hay Karma bueno para mí, espera, que no he acabado; ¡¡encima no cene nada!! No me dejaron acercarme al árbol y para asegurarse, hicieron guardia toda la noche; Gracias vida…

Después de una noche en vela, porque tenía frio, oía las olas, y tenía mucha, pero que mucha hambre. Fui corriendo al árbol y me comí dos manzanas con ansia viva. Después de recuperar fuerzas, fui corriendo hacia lo alto de la montaña que antes habia divisado.

Cuando llegue a la cima, después de haber esquivado las pequeñas piedras; sarcásticamente hablando, mi querida Sofía y María mientras escalábamos, que esa satisfacción no sabría como devolvérsela cuando llegáramos arriba.

Cuando llegamos a la cima, intentamos encender un fuego con el mechero que tenían ellas. Intentamos hacer señales de humo durante varias horas, hasta que al final nos logró divisar, un equipo de rescate que seguramente, hallan ido a mirar los restos del avión y que espero que traigan comida porque me muero de hambre; si, unas manzanas no te quitan la satisfacción de degustar un filete.

Cuando subimos al helicóptero, nos preguntaron si estábamos bien, respondí irónicamente que si.

Nos dijeron que descansáramos y que durmiéramos todo el viaje.

Cuando desperté, me encontraba en un hospital, junto a mi familia y amigos observándome. Lo única que pude decir fue:

Yo-mmm… ¿Hola?-

El resto…fue otra historia…

 

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Comentarios

  1. Eva  abril 3, 2017

    Le pone ganas a lo que escribe.

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