Rotary Club Torrelavega
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Proyecto de ser


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Partir de un trazo directo, así; como con buen pulso, puede llegar a ser algo realmente confuso, en especial, si estás proyectando un trazado urbanístico. El tuyo propio. Mira, está bien deslizar el portaminas de un lado a otro, sin temor a equivocarse. Siempre tendremos la oportunidad de corregir o rectificar. Mientras sea 2H, todo irá bien. Es por eso y por tanto más, que, sin ser muy consciente de ello, Telma decidió arrancar la cartulina, la suya, y volvió a empezar.

Una corriente de aire quiso colarse en el interior de la tienda de iluminación artesanal más conocida de la ciudad, un negocio familiar, donde trabajaba Telma, con gusto, pero no demasiado. Sentada sobre un taburete de influencia modernista, concentraba su mirada en la unión de unos cristales tintados. Con sus manos, metódicamente protegidas para no sufrir ni el más mínimo roce de los cantos afilados, confeccionaba con gusto y extremo cuidado, las piezas cristalinas, teniendo en cuenta la variedad cromática y la acertada combinación de los complementarios. No había lugar para un despunte cromático inapropiado.

Es entonces, cuando la brisa acarició esporádicamente su cara. Sus ojos, cristalinos también, centraron su atención en la puerta del local. Apenas le dio tiempo a vislumbrar una silueta que rápidamente se esfumó. Sobre el suelo del zaguán, había quedado una carta cuyo destinatario era ella y nadie más. En el manuscrito se le encargaba la misión de un proyecto urbanístico de vanguardia, ejecutado por ella misma. Una mejora de la infraestructura, la iluminación, el mobiliario urbano y toda la pesca. Telma no estaba entendiendo nada. Yo tampoco. Aunque abandonó sus estudios de doble grado en Arquitectura y Diseño el primer año para comenzar a cursar Historia del Arte, siempre tuvo la pequeña ilusión de proyectar un sueño y hacerlo realidad.

Cristales a un lado, cogió el móvil, se puso los auriculares y salió de la tienda. Motivada y con intención de recoger inspiración, reproducción su playlist personalizada, porque el top cincuenta éxitos del momento se le hacía bola. A ritmo de Blondie, paseaba por las calles, recreando fielmente un videoclip en su inmensurable imaginación espacial. “Does it take you a long time? Does it make you upset?”

Era el momento de reactivar su vida, cargada de monotonía, esperanzas ensombrecidas, sueños guardados con llave pesimista en un baúl de madera, más bien consumida, churrigueresco. Era el momento de dejar atrás el pasado, progresivamente. El momento de afilarle una sonrisa a sus mayores miedos, a las inseguridades.

No estamos aquí si no es para dar pincelada suelta sobre lo que nos rodea. Ella estaba cansada de ser el pincel redondo y desgastado que quedaba en el fondo del bote y nunca llegaba a besar el lienzo. Así que ahí estaba, caminando sin un destino marcado, como a la deriva, desbloqueando poco a poco, el mapa de la ciudad. De una ciudad perteneciente a un mundo que ella no terminaba de entender. Incapaz de esclarecer si se le quedaba grande o pequeño. Desesperada en pensar que era la gota que colma siempre el vaso.

Como de costumbre, terminó en el interior del museo al que siempre acudía cuando una situación saludaba con problemas entre los cinco dedos de su mano o cuando la angustia daba un golpe de estado en su interior. Cuando la salud mental patinase o hubiesen decidido regalar entradas vip a todos los sentimientos más negativos para el concierto que se diese no en el Palau Sant Jordi, sino en sí misma. ¿Sabéis cómo son los edificios de Zaha Hadid, caracterizados por sus estructuras curvas, las subidas y bajadas, la drasticidad de los ángulos? Pues no tienen nada que hacer contra inestabilidad emocional que últimamente estaba padeciendo.

En aquel museo, para ella como para un antiguo un templo, solía desfilar por las diferentes salas, visitar con simpatía a los artistas y su esencia reflejada en las paredes. Le bastaba con sentir el aura de sus obras más admiradas. Contemplarlas, pero también cerrar los ojos y simplemente estar. Bajo los casetones de la sala de Velázquez, reposan Las Meninas, las de todos. Pero hay mucho más, y en la vida también, aunque, en ocasiones, hagamos las veces de turistas y solo nos fijemos en nuestras meninas.

Puede darse que un tipo prefiera recorrerse el museo, pasear por cada sección del mismo, y así; descubrir nuevas obras y, con ello, nuevas emociones, sentimientos encontrados. Y es posible que otro, por el contrario, quede inmerso en una única obra, que no vea más allá de aquellas pinceladas. Quizás, no sea testigo de nuevos estímulos. Quizás, sea incapaz de empatizar tanto como el que se lanzó a los pasillos, o, por el contrario, agilice, en su absoluta contemplación, todo aquello que desea y necesita. Puede que le arañe la melancolía, o, en cambio, abra los ojos y mire de frente a sus miedos.

Después, habrá millones y más conclusiones. Cada uno vislumbra una interpretación diferente sobre la obra. El óleo termina secándose a medida que mueren los segundos. No obstante, todos se encuentran dentro del mismo museo, disponen de la misma programación. Aunque usado de manera diferente, el tiempo es el mismo.

Telma era consciente de esto y decidió arrojarse a las galerías, deambular por las calles, por las suyas. Probablemente, aún con la disposición, no podría llegar a imaginar lo que se le venía encima. Era, estaba siendo; el momento.

Creo que huelo a palomitas quemadas, pero no estoy segura

Los griegos, los de antes, los de las columnas con estrías y capiteles medidos, durante un tiempo de sus vidas, pasaron por un período complicado, un tanto oscuro. Como un mental break down generalizado en la sociedad. Conflictos sociales, políticos y culturales. Fue el denominado período geométrico, así denominado por las formas decorativas en las cerámicas de la época. Original es poco. La cosa es que, de alguna manera, todos pasamos o tenemos o debemos pasar por nuestro propio período geométrico. Puede que ahora mismo lo estemos haciendo, aunque no seamos plenamente conscientes de ello. Es posible que detrás de tanta curva y trazo inocente haya cierta geometría. Durante un tiempo, a Telma le estuvo gustando la geometría, no hizo desapego de ella. 

Nada se movía aún en las fachadas de los palacios. El agua estaba quieta. Telma caminó alrededor del recinto palatino, las joyas miraron, y surgieron alas silenciosamente. Había llegado a ella el punto de inflexión, pues ya tenía suficiente. Luz verde para el examen de conciencia. A todo esto, había deslizado de más la ruleta de tiempo del microondas. De esto no se dio cuenta hasta que el olor a palomitas quemadas colonizó el piso. Agarró el paquete con el interior chamuscado y casi más negro que su futuro si no hubiera decidido tomar cartas en el asunto y lo tiró a la basura. El envoltorio al azul y los restos inertes de palomitas a una bolsa de Mercerías Lolita & Co, porque las de color verde se habían agotado. Con las mismas, volvió a su habitación, donde, con todo preparado, Telma puso una nueva cartulina sobre el escritorio. Sacó el rotring y el escalímetro de confianza y se puso manos a la obra.

Siempre le había gustado escribir, siempre hasta que, en secundaria, unos compañeros de clase encontraron su blog secreto donde escribía los versos más íntimos. El blog secreto siguió siendo un blog y dejó de ser secreto. El siempre pasó a ser nunca más. Hace unas semanas, Clara le animó a recuperar esa afición, intentar hacer terapia con la escritura. Telma, ese día, lo tuvo en cuenta, estaba con un proyecto de ser entre manos. Tenía que reubicar su propia ciudad, hacer de ella algo grande, o, al menos; algo. Así que, en vez de meterse en problemas, decidió meterse en poemas, y esbozó:

Huelen a jazmín esos siete grados que aparecen por la mañana sin avisar. Flor de azahar y esencia de menta, con trascendencia de nieve en el aroma más puro de las azucenas. Y, en la cumbre, gerveras (mis segundas favoritas, detrás de los tulipanes) de cromatismo interminable. 

Se ilumina el camino, en la madrugada de este aireado quince de octubre, por culpa de las estrellas de plata. La única luna ve su competencia reflejada en el río y atenta con robarle la luz de su propio rostro. 

Los pájaros marcan un ritmo, que solamente ellos son capaces de asumir, cuando no está amaneciendo y, con colores violeta y azul, el cielo encendido. 

Y es que, de hecho, parece primavera; con flores vivas. 
Y no. 
Y es otoño; con flores muertas. 
Y hace frío. 
Y todo está trastocado. 
Y todo está confundido. 

Efectivamente, todo en ella estaba trastocado y confundido, se le acababa de chamuscar la cena y los planes de netflix and chill. Pero, no solo eran las palomitas, ella misma estaba cansada de muchas cosas, de muchas personas, de muchas actitudes y adversidades. Ese mismo día, se cumplían dos meses desde que lo dejó con su anterior relación. Un tipo que trató de hundirle y ella se dejaba hundir porque se veía incapaz de sostener el timón con fuerzas. Ese tipo no paraba de repetirle lo mucho que valía para no hacer nada. Que sus sueños solo serían capaces de manifestarse mientras estuviese durmiendo. Y no, no era una relación amorosa, sino una cochambrosa y tóxica amistad. Y menos mal, porque sería complicado imaginar que ese tipo supiese dónde se localiza el clítoris.

Solo de pensarlo, le dio el bajón y llamó a Clara.

  • Dime, ¿qué tal todo?
  • Creo que huelo a palomitas quemadas, pero no estoy segura.

Desde las escaleras

Pasados ocho meses desde que recibió aquella carta, Telma se situaba en el mismo taburete, componiendo aquel misterioso objeto cristalino que se había complicado y enrevesado a lo largo de todo este tiempo. No paraba de darle vueltas a todo. A todas las personas que habían pasado y estaban pasando, paseando, por su vida. Las de los buenos momentos, las de los malos y los intermedios. Las que dejan mal sabor de boca cuando se van y las que provocan una bocanada de aire fresco, a largo plazo, después de haber desaparecido. A todas ellas, blancas y negras, púrpuras y amarillas, les daba las gracias por haber participado en su vida, porque de todas había extraído un tono diferente.

Desde el taburete, agradeció a su exprofesora de estructuras, recordando aquel día, en la entrega del proyecto final, en su primer curso de Arquitectura, cuando le dijo con el deje más soberbio que no estaba hecha para dedicarse a esto y que lo mejor para su futuro sería emplear su tiempo en cualquier otra cosa. En ese preciso instante, Telma quitó bruscamente la goma que sujetaba el plano enrollado, lo abrió, lo rompió en pedazos; el papel, las horas de trabajo, las horas sin dormir. Lo rompió y abandonó el aula.

Uno acaba hundiéndose así mismo. Se quema, se destroza. Rasga, con los cristales rotos de las ventanas, las cortinas, la tapicería del chester. Empiezan las manifestaciones en su ciudad. Los edificios se caen sobre sí mismos. Los monumentos quedan en el olvido. Las zonas sin luz, donde apenas llega el alumbrado, sirven como refugio en los peores momentos. Y es ahí cuando te pierdes en ti mismo, cuando tocas fondo y dejas de ser. Telma dejó de ser en aquel momento.

Detrás del mostrador, donde ella pasaba las tardes, había una escalera. Nunca había subido por ella, aunque le llamaba especialmente la atención. Desde arriba hasta las vetas del parqué de la planta baja, desfilaba un haz de luz procedente de alguna ventana que no estaba a su alcance visual. Entre las motas de polvo que circulaban y dejaban verse en el perímetro de luz natural, Telma pensó en sí misma. Pensó en su ciudad y cómo debía plantearla.

Algún día, hace unos cuantos siglos, debió ser que el señor Hipodamo de Mileto se encontraba inspirado, no le temblaba la mano, e ideó un planteamiento urbanístico sobrio, cuadriculado, meticulosamente organizado. Líneas rectas, calles conociendo a otras calles. El plan hipodámico. Aunque no aplicado a su propia capital, los romanos decidieron llevar a cabo. Si paseamos por el ensanche de Barcelona, veremos los frutos del plan Cerdá. A Telma no le hacía mucha gracia algo tan rectilíneo. Había dejado de gustarle la geometría. Se sentía preparada para lo siguiente.

La noche estrellada

Salió de la tienda con una caja de madera más grande que ella. Ya no olía a palomitas quemadas. Llamó a las personas que le estaban dando su vida. A todas ellas les reunió en un punto, a las afueras de la ciudad. Era el momento de enseñarles a todas, su proyecto.

Los abrazó, a sus propios trozos de tierra. Los residentes que decidieron quedarse y formar parte del espectáculo de su existencia. A todos ellos les señaló hacia el cielo, el suyo, donde, desde el centro, apareció un artefacto inmenso. Una esfera desigual, dispuesta de forma aparentemente arbitraria, con aristas cristalinos, iluminados de todos los colores. Desde su interior, se proyectaba una luz incandescente que iluminaba todos los lugares de aquella ciudad. Las calles se tiñeron de cálidos y fríos. A través del alcantarillado, se filtraron rayos rosa fucsia que impregnaron hasta los bajos fondos. Los reflejos en los escaparates. Los museos con entrada gratuita. Las catedrales, por un momento, se deshicieron del apoyo de los arbotantes para dejarse acariciar por la luz. Estaba sucediendo, en ella y en todos, pero de manera progresiva. 

Tú, los demás y yo; somos como las ciudades del mundo terrenal. Resulta inquietante la comparación. Puede parecer algo cautivador, incluso, para la arquitectura de nuestras neuronas.

Las personas, como las ciudades; son mucho más que el pedazo de tierra o el trozo de tierra que ocupan. El ser, como las ciudades, no pertenece a un único país, ni a un solo continente, ni si quiera a quien lo gobierna, sino a aquellos que habitan en su interior. Las personas, como las ciudades, se pueden y se deben construir pensando mucho más allá de la mera supervivencia: se trata de transformarse y, sobre todo, de trascenderse.

Cada uno de nosotros se ha convertido en un conjunto de nodos descentralizados e interconectados por los que discurre todo tipo de actividades, experiencias, sinapsis, conflictos, esperanzas y miedos. Y lo mejor que podemos hacer por nuestro presente y nuestro futuro es crear las infraestructuras necesarias para que todas ellas puedan desarrollarse en plenitud y con la mínima fricción. Tenemos el mejor proyecto urbanístico para nosotros, sin ningún título necesario que acredite su viabilidad, de eso se encarga la experiencia.

Habrá turistas por nuestra vida que solo pretendan disfrutar unos días y llevarse un buen recuerdo, y habrá residentes que se queden para siempre y necesiten instalarse y crear valor. Tanto los turistas más superficiales como aquellos residentes, con intención de no desaparecer; participarán, sin saberlo, en este proyecto, aportando su propio trozo de tierra. Somos pedazos de otras personas que pasaron por nuestra vida para dejarnos su porción de tierra correspondiente. Eso sí, sin alterar el terreno, porque no podemos olvidar que somos de quien nos mejora sin cambiarnos. 

Habrá monumentos, deberemos decidir dónde y cómo colocar esas piezas que todo el mundo quiere visitar y fotografiar, nuestros principales logros, nuestros éxitos. Pero también atender a la infraestructura: cuidar cómo y dónde situamos el alumbrado, pues las zonas sin iluminación serán nuestros bajos fondos, focos de delincuencia y fuente de futuros problemas. La sanidad, el ocio, los paseos, las interconexiones, el medio ambiente…

Eres lo que haces. Eres lo que dices que haces. Pero también eres lo que recuerdan de ti. Y, sobre todo, puedes ser lo que esa gente siente cuando lo recuerda. Somos el reflejo de la sonrisa más honesta que un rostro ajeno pueda proyectar. Así como el llanto más amargo que nos quieran confesar.

Solamente tú y quien es contigo, quien te conoce; quien te ha visitado una y otra vez, quien ha entrado a tus museos con visita guiada, quien ha rezado en tu catedral, quien, también, ha pasado por las calles más inhóspitas de ti. Solamente tú y ese tipo de visitantes; sabe quién eres. Eres y seguirás siendo, lo que tú quieras ser.

Tú, los demás y yo; debemos ser una ciudad gobernada por nosotros mismos. Ajena a la corrupción y opuesta a una dictadura. Un gobierno democrático donde todos puedan formar parte, manifestarse y trascender.

Post date: 2019-04-01 17:49:33
Post date GMT: 2019-04-01 16:49:33

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