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Rose Blanc

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Me desperté, otro día como cualquier otro. Llevo aquí 3.752 días de mi vida, tengo 16

años y me llamo Emma. ¿Qué hago aquí? Pues bien, ni yo lo sé, lo único que me han

dicho es que mis padres me abandonaron a los 6 años. Mis compañeros que están en

situaciones similares a las mías, me dicen que es porque mis padres no me quieren y

nunca me quisieron, pero yo no estoy de acuerdo con ellos. Algo les tuvo que pasar.

Todos me dicen que deje de soñar, que la única razón por la que estoy en este infierno

es esa, pero no lo es, lo sé. No tengo muchos recuerdos de mi familia pero por lo poco

que recuerdo, éramos muy felices juntos. Intento adivinar que paso y todos los viernes

por la noche desde que estoy aquí, bajo con mi única amiga, Chloe, al sótano. Allí

abajo hay ordenadores en los que archivan los expedientes de cada uno de nosotros.

No tengo más amigos porque soy poco sociable, me cuesta relacionarme con los

demás y, aunque tengo mucho que opinar y que decir sobre todo, no puedo, soy

incapaz. Me asusta ese qué dirán, pero bueno he aprendido a pasar de ellos, a vivir mi

vida. Si alguien la quiere compartir conmigo, perfecto, y quien no, pues él se lo pierde.

Se supone que en tanto tiempo bajando a ese sótano me tendría que haber pasado

algo, como que me pillaran. O conseguir información, pero no, todo lo que hay en

esos ordenadores esta en clave. Sólo hay siglas, y el diccionario de esas siglas está

codificado y ni Chloe ni yo somos buenas informáticas, así que es un laberinto que

nunca termina. Hoy ha sucedido algo inusual. Cada nuevo curso en este orfanato entra

gente nueva, pero hay unas determinadas fechas de inscripción y con eso son muy

estrictos. No dejan entrar a nadie después de esos plazos, pero esta vez hicieron una

excepción, algo que a todos nos extrañó. Entró un chico nuevo llamado Philip, de la

misma edad que nosotras. Nos le presentaron cuando todos estábamos en el

comedor. Parecía inteligente, y había que admitir que era atractivo, algo por lo que la

mayoría de chicas suspiraron y curiosamente cuando la Señorita Clara (la única

profesora agradable de este lugar) y el señor Finn (el polo opuesto de Clara)

terminaron de presentar a Philip, este cogió su bandeja, se sirvió el almuerzo, y vino

directo a nosotras. Se sentó en el hueco que siempre quedaba librea mi lado.

-Como se nota que es nuevo, dijo Emily.

No es de extrañar que Emily nos critique, es algo que le sale natural creo yo. Ella es la

más guay del colegio, siempre va a la última y es ese tipo de chica perfecta por la que

todo los chicos se sienten atraídos y a la que todos los profesores la tienen enchufe por

su cara de ángel.

Chloe y yo nos quedamos en silencio esperando a que Philip dijera algo. Seguidamente

él nos saludó, nos preguntó cómo nos llamábamos y fue directo a la pregunta:

-¿Qué hacéis vosotras aquí?

Nosotras le respondimos que lo mismo que hace todo el mundo (no queríamos

aguantar a otro chico más burlándose de nuestras hipótesis) pero me sorprendió y a la

vez me alegró oír lo que él respondió:

-Yo no creo que mis padres me hayan querido abandonar sin más.

Chloe y yo sonreímos de oreja a oreja y le dijimos que nos contara un poco más sobre

él y sobre su historia. Él nos dijo que desde los 8 años ha vivido en un internado en

Australia, algo que quedaba un poco lejos de Edimburgo. Sin pensarlo dos veces le

pregunte por qué había venido aquí, tenía curiosidad por saberlo. Él lo respondió

directamente, y dijo que había sido informado de que alguien de su familia lejana

prefería que estuviera aquí. Le dijeron que si no quería se podía quedar en Australia,

pero él sí quería, necesitaba un cambio de aires, respirar algo nuevo, conocer mundo.

Wow, llevaba esperando que una persona pensara como yo años, necesitaba poder

compartir mis ideas con alguien, sin vergüenza, y que opinara igual que yo. Sé que

tengo a Chloé pero ella es de otro mundo, ella es infantil, divertida, habladora…. Y

diréis que si es tan alucinante por qué no está con las guays. Pues porque la

traicionaron, contaron un secreto que no se podía contar y la tomaron por loca, por

eso estamos apartadas; pero no me importa, podré sobrevivir.

Todavía no le iba a contar a Philip nuestra “misión” de los viernes, ni la opinión que

compartíamos en común. Le acababa de conocer. Es verdad que me daba buena

impresión, pero todavía era pronto. Con el tiempo me sinceraría. Así que, la mañana

prosiguió, y como todos los jueves después de comer nos podíamos ir a descansar

hasta las 17:00, que empezaban las extraescolares. No son obligatorias, al principio de

curso nos muestran las actividades que podemos realizar y nos vamos apuntando. Yo

voy a baile los lunes y miércoles y al club de lectura el jueves. Así que fui a descansar a

mi habitación hasta las cinco que me dirigí a la biblioteca en la que vi a Philip. Parece

ser que también se había apuntado al club de lectura. No debía debía de conocer a

nadie más así que fue directo a mí y me saludo. Le pregunté que si se había apuntado a

algo más y me dijo que desde ahora va a ir los viernes a informática, algo que me paré

a pensar un instante y llegué a la conclusión de que tener a Philip en el grupo nos

resultaría de gran ayuda si queríamos saber la verdad. La señorita Clara nos llamó para

que entrásemos. Era ella la que se encargaba del club lector. Las dos somos grandes

apasionadas de la lectura.

Cuando la reunión se terminó Philip y yo nos fuimos a dar un paseo. Ninguno de los

dos teníamos deberes ni nada que estudiar y yo sentía curiosidad por saber más sobre

él.

Me contó que echaba de menos a sus amigos Australianos, y que deseaba encontrar a

su familia. Escuché sus argumentos, el por qué creía que su familia seguía viva y me

pareció muy sincero. Mencionó que a él le internaron con 8 años y tenía un hermano

de dos años y antes eran todos muy felices. Sólo él fue internado y eso le extrañó en

parte. En ese momento creí que necesitaba darle mi opinión. Así que lo solté sin

pensarlo mucho.

-Estoy de acuerdo. No seguí la frase así que quedó un silencio incómodo, y Philip me

miró con su mirada penetrante. como si me diera las gracias. Sentí que debía seguir así

que continué.

– Opino lo mismo que tú, sé, que esta mañana te dije que pensaba lo mismo que los

demás pero no era cierto.

-Lo sabía. Me interrumpió. Yo seguí.

-Te dije eso por si eras tú el que opinaba como los demás, porque tenía miedo a hacer

el ridículo, pero yo también estoy de acuerdo. Mis padres me abandonaron a los seis

años pero no era su intención, lo sé. Ellos me querían; todavía mi memoria conserva

algunos momentos felices, y no tiene sentido que me abandonaran sin más.

-Nadie opina como nosotros, le advertí. Solo Chloe, tú y yo opinamos lo mismo, espero

que no te importe estar un poco apartado del resto del mundo, bromeé.

Él se rió. Esa fue la primera vez que uno de mis chistes tontos le hacía gracia a alguien,

por eso yo también me reí. Se nos hizo un poco tarde. Teníamos que ducharnos y

luego ir a cenar, así que le pregunté si le apetecía sentarse en la cena con nosotras; él

asintió y me dio un abrazo algo que me resultó algo inesperado. Él lo notó, pero no le

importó y me siguió abrazando. Tras unos segundos me soltó, me sonrió y yo se la

devolví. La verdad es que me venía bien un abrazo de alguien diferente.

Me dirigí a mi habitación en la que encontré a Chloe (no compartimos habitación pero

siempre la encuentro sentada en mi cama) Ella es muy puntual y yo no tanto, así que

siempre está pendiente de mí. Le conté todo lo que había pasado con Philip y me hizo

la pequeña bromita de si me gustaba Philip. La verdad es que todavía no le conozco

bien. Sí que he de admitir que es atractivo, sincero y agradable, pero solo llevo un día

con él…

-Mejor voy a dejar ese tema aparte, y darle tiempo al tiempo, lo mejor es no agobiarse

con esas cosas, le respondí a Chloe. Seguidamente me fui preparar.

Cuando terminé, salimos de la habitación, y al llegar al comedor Philip ya estaba

esperándonos en la mesa. Nos había servido él la cena y nos había dejado las bandejas

encima de la mesa como un auténtico caballero. Nos quedamos impresionadas. Fue un

gesto muy bonito por su parte, y se lo agradecimos.

Seguimos hablando del tema y Chloe le contó lo que iba pasar el viernes, por la noche:

-Philip, los viernes Emma y yo bajamos al sótano donde hay una sala de ordenadores.

Cada uno de ellos contiene nuestra información, la razón por la que estamos aquí,

pero están encriptados y habíamos pensado que tú nos podrías ayudar. Él aunque se

quedó un poco sorprendido, respondió:

– ¡Por supuesto!, exclamo con una sonrisa de esas suyas que me cautivan por el brillo

de sus dientes. Tardamos más de lo habitual en cenar porque Emily le ofreció repetir,

y él que parece ser que come mucho accedió. Pero al terminar fuimos a mi habitación,

nuestro lugar de reunión. Quedamos en que al día siguiente a las 23.30 estaríamos en

el sótano y como ya era tarde, nos fuimos a dormir.

Durante el viernes no sucedió nada interesante. Tuvimos cinco clases por la mañana,

aburridas la verdad; soy una chica a la que le gusta aprender. Soy muy curiosa, pero las

clases me han resultado muy pesadas. Tenía ganas de salir ya y reunirme con mis

amigos. Tengo dos amigos geniales, Sé que no soy la típica chica sociable, pero cuando

una persona me abre su corazón, aunque la conozca solo de un día me enamora, me

resulta muy cercana y familiar, debe ser porque la sustituyo por mi familia, al fin y al

cabo son lo más cercano que tengo y en quienes me apoyo. El último timbre

interrumpe mis pensamientos y voy al comedor corriendo. Ahí me encuentro a Chloe

pero no veo a Philip por ninguna parte. Ayer terminamos la reunión antes de lo

previsto porque Philip se encontraba mal, andaba un poco mareado. Le pregunté a

Chloe por Philip (ellos van a la misma clase) y me dijo que no había asistido a las clases

así que me extrañé un poco y decidí ir a verle después de comer. Nos servimos la

comida y nos fuimos a sentar a nuestra mesa, la última de todas, la más solitaria y la

más especial. Allí seguimos tramando el plan para ir al sótano, aunque le dije a Chloe

que si no iba Philip, no tendríamos nada que hacer. Los ordenadores seguían

encriptados.

-Pero así hemos vivido todos estos años sin Philip y podemos bajar como otro día

cualquiera para hacer un plano del sótano, me interrumpió Chloe.

Al terminar de comer me dirigí a la habitación de Philip, justo enfrente de la mía. Él me

abrió, estaba en pijama y con cara de dormido, pero aun así a mí me gustaba. Me

parecía que eso le hacía guay e interesante. Le pregunté qué tal estaba y por qué no

había ido a clase. Él me invitó a pasar y yo accedí. Me contó que esta noche apenas

había podido dormir, se mareaba y vomitaba, así que por la mañana fue a la

enfermería en la que le dijeron que le había sentado mal la comids y que tenía que

estar en reposo unos días, además de tomar el medicamento que le habían recetado.

-Siento no poder ir hoy al sótano, la semana que viene vamos seguro, dijo Philip.

-Lo primero es tu salud, le respondí. Él insistió en que me quedara un poco más.

-Necesitas descansar, respondí.

-Te necesito. Esas palabras penetraron en mi interior y retumbaron en mi cabeza como

un eco, así que acepté, pero solo por unos minutos.

-Gracias, me dijo y continuamos hablando sobre nuestras aficiones, gustos, nuestros

miedos y anécdotas de nuestras vidas.

Me sorprendió todo lo que teníamos en común. A los dos nos gustaba la música y

sabíamos tocar el piano. Nuestra comida preferida era la pizza, nuestra vida idílica era

vivir en una playa apartados de la sociedad……

Ya había pasado más de una hora. Los minutos se me habían convertido en segundos

junto a él, creo que me empezaba a gustar cada vez más.

-Me lo he pasado genial contigo, le dije.

-Yo también, eres increíble, me he divertido mucho junto a ti, gracias por haberte

quedado; me respondió y me sonrojé. Fue muy bonito oír eso, me acompañó a la

puerta y nos miramos. Me fui a despedir pero él se adelantó y me besó. Cerré los ojos,

y cuando terminó ese beso nos abrazamos. Ahí vi que teníamos otra cosa más en

común.

Los dos tenemos una especie de tatuaje, una pequeña rosa blanca, detrás de la oreja.

La mía es de nacimiento y parece que la suya también. Nos despedimos y me fui a mi

habitación a dormir, ya le preguntaría otro día por esa marca.

El fin de semana transcurrió como de costumbre. Philip estaba en su habitación

descansando, Chloe y yo salimos a correr el sábado como habitualmente. El domingo

estuvimos estudiando.

La semana siguiente teníamos unos cuantos exámenes, así que ya teníamos dos

razones por las que deseábamos que llegara el viernes, quería que acabaran los

exámenes y deseaba ir al sótano.

Así que por fin, llegó el viernes. En la comida planeamos lo que iba a pasar esa noche,

a las 23:30. Conseguiríamos la información que tanto llevamos esperando, el por qué

de estar aquí.

23:00. Chloe y yo ya estábamos listas en mi habitación, pero todavía no era la hora así

que aproveché para contarle lo sucedido con Philip el viernes pasado. Hasta ahora no

había tenido tiempo para comentárselo con tantos exámenes. Ella puso una cara de

superioridad como si lo hubiera predicho, y luego se rió. Me dijo que hacíamos buena

pareja y con todo esto, Philip llamó a la puerta. Abrimos y fuimos escaleras abajo hasta

llegar al sótano. Cogimos las llaves de la caja fuerte, y abrimos la puerta. Con las

linternas iluminamos el lugar, empezamos a encender ordenadores y Philip a

desencriptarlos… Ya habían pasado 20 minutos, él había conseguido averiguar algo

sobre unas pruebas, pero el puzzle todavía no encajaba. Oímos una voz que grito:

-¡Quietos!

-Mierda, susurré. Nos habían pillado .No nos dio tiempo a reaccionar, así que nos

quedamos quietos mirándonos.

-¿Qué hacéis aquí? Dijo una voz que me resultaba familiar…

-Na- na-nada… Respondió Chloe con miedo.

-Eso se lo tendréis que explicar al director, dijo esa voz tan familiar.

Nos agarraron y subimos las escaleras, hasta llegar al despacho del director en el que,

al ver la luz, pude reconocer ese pícaro rostro, ¡¡¡Era Emily!!! Emily nos había

traicionado, ella sabía que estaba pasando aquí, en este extraño lugar. Había un lado

bueno de todo esto; pronto averiguaríamos la verdad.

Al llegar, el director nos preguntó qué hacíamos tan tarde despiertos. Intentaba

parecer un señor normal, pero él estaba detrás de todo esto, no era normal. No

dijimos nada, esperamos a que él se dispusiera a hablar.

Después nos confesó que llevaba tiempo espiándonos y nos pidió que le dijéramos

todo lo que sabíamos.

-No sabemos nada, le mentí.

-Decidme la verdad, sino lo lamentaréis, me contestó con un tono agresivo.

Chloe se echó a llorar, era una situación muy difícil para una persona tan vulnerable.

Philip y yo seguimos resistiendo hasta que nos apuntaron con unas pistolas. Miré a

Philip y le asentí con la cabeza, indicándole que podía hablar.

-Bajamos al sótano para descubrir si había algún tipo de información sobre nuestras

familias, las echamos de menos.

-Tranquilos… pronto os reuniréis con ellas… insinuó. – Pero antes tendréis que pasar

por la sala de experimentos, dormid, será vuestra última noche aquí.

Me asusté, y nos llevaron a nuestra habitación. Una vez estaba allí, no pude pegar ojo.

Había sucedido lo que nos tenía que haber pasado hace tiempo, pero ¿Por qué justo

ahora? ¿No habían dicho que nos observaban? Aún tenía muchas preguntas sin

resolver, pero decidí dormirme. Estos siguientes días no pintaban muy bien e iba a

necesitar estar muy atenta.

Me desperté a las 8:00, el despertador sonó. A las 8:45 iban a venir a buscarnos, lo

tenían todo planificado y habíamos tenido una larga noche para escapar, pero no nos

engañemos, este sitio tenía más seguridad que una cárcel.

Llamaron a la puerta, ya estaban aquí, ya tenían a Philip, que me sonrió, intentando

trasmitir calma, pero eso era imposible. Nos llevaron a una planta muy alta y moderna

que no habíamos visitado nunca, ni sabíamos que existía.

Nos dividieron, cada uno a una sala diferente. Me hicieron unos análisis, y me

inyectaron algo que fuera lo que fuese, me hizo dormir. Cuando me desperté no había

nadie. Salí corriendo de allí en busca de mis amigos. Philip estaba buscándome, pero

cuando fuimos a buscar a Chloe a su sala, nos encontramos con muchas personas más,

tumbadas y dormidas. Les intentamos despertar pero lo dimos por perdido al cabo de

20 minutos. Decidimos salir de ahí por el tejado y luego bajar por la fachada con unas

cuerdas que nos encontramos en la azotea. Unos focos nos apuntaban pero seguimos

corriendo hasta salir de este lugar. Por fin, todo había acabado, allí estaban mis padres

pero me gritaron que volviera a entrar. No les hice caso les abracé. Ellos y los de Philip,

que también estaban allí insistieron, no entendíamos nada, pero no queríamos volver

a entrar. El director salió, y nos preguntó cuál era nuestra decisión si dentro o fuera.

-¡Fuera!, exclamamos al unísono.

-Se acabó. Esas fueron las últimas palabras del director y desapareció en un abrir y

cerrar de ojos. Ya no estaba ni el internado, ni él, nada. Sólo una inmensa pradera, mi

familia, y la de Philip.

No entendíamos nada, nos subieron al coche, y nos llevaron a lo que nosotros

pensábamos que era la ciudad, pero no había edificios lujosos, solo casas destrozadas,

naves grafiteadas, mucha gente, tanques y las cosas típicas de una guerra, muchas

armas militares…..etc.

-¿Qué ha pasado aquí?, pregunté.

Entrad, os lo explicaremos.

Nosotros os queríamos mucho, pero os tuvimos que dejar en el internado para que os

cuidaran, os entrenaran, y encontraran a los dos salvadores, las únicas personas

capaces de acabar con esta guerra.

La guerra empezó cuando teníais seis años, por eso Emma ingresó con 6, y en

Australia, la guerra no llegó hasta dos años después que fue cuando Philip entró.

Esta guerra fue originada por el país del Norte. No os lo creeréis, suena muy extraño,

pero es así. Ellos inventaron una pócima que hacía que la gente se desintegrara o si se

tomaba menos sólo les poseían, nos explicó mi madre.

Sólo dos personas pueden detener esto, ellos son los únicos capaces de sobrevivir, ya

que la pócima no les afecta. El único problema es que no sabemos dónde están. Hay

un libro antiguo que tiene escrito el nombre de ambos pero sólo puede ser abierto por

ellos. Eso es lo que buscan en el internado, encontrarles. Son chicos jóvenes que van a

cumplir los 17 el día

21-6 por eso todos cumplíais el mismo día. Los elegidos tenían una rosa blanca como

marca de nacimiento, nosotros la llamamos “Rose Blanc”, nos explicó la madre de

Philip. Nosotros no digimos nada aunque sabíamos que la teníamos, igual era una

simple coincidencia.

Todos se reunieron y nos presentaron. Había niños y adultos con caras tristes pero con

esperanzas. Mamá nos presentaba delante de los habitantes cuando ese silencio fue

interrumpido por un señor mayor sentado justo detrás de nosotros.

¡Son ellos!, exclamó. ¡Ellos son los elegidos! ¡Mirad la marca!

Todos alucinaban, y en lo que tardamos en pestañear, el libro antiguo estaba delante

de nosotros.

–Apoyad las manos aquí, dijo la madre de Philip.

Se abrió, todos se asombraron, y empezamos a leer el libro:

-Para Philip y Emma, los elegidos, los Rose Banc.

FIN.

 

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Comentarios

  1. Elsa04  Abril 4, 2017

    Me parece una historia increíble. Hay que tener mucha imaginación y una mente un tanto prodigiosa para saber crear esta maravilla. Sinceramente me encanta. Es una historia larga y compleja, me encantaría averiguar como sigue, es de esos libros que enganchan.
    Para mi talking 😉 la mejor.

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