San Silvestre

Se oye de fondo el himno del Real Madrid, es un despertador, son las ocho de la mañana del 31 de diciembre de 2017, el día de fin de año. Apago el despertador y oigo cómo el viento golpea contra la persiana y el agua cae sobre el bordillo de la ventana, hace un día de perros. Me doy media   vuelta en la cama y me concedo diez minutos más. Me levanto, voy al baño para asearme, luego me visto y desayuno. Es mi gran día, todo un año entrenando, cuatro días a la semana, para ir a la carrera de San Silvestre 2017 de Santander. Una vez terminadas mis tareas matinales me dirijo al Parque de Las Llamas para estudiar el recorrido. El aparcamiento del Parque Mesones será el punto de partida a las cuatro y media, durante toda la tarde se irán sucediendo todas las categorías, la mía es la de menor de quince años, es una carrera muy divertida, es una mezcla entre deporte y fiesta, pero yo me la voy a tomar muy en serio, el premio es una cesta de productos navideños.

Después de estudiar el recorrido y dar un largo paseo por El Sardinero, en una mañana muy desapacible de viento y agua, me voy a comer a casa y a calzarme mis zapatillas de correr. Después de todos los preparativos me dirijo, otra vez, a la zona de la competición.

Empieza mi gran momento, para la que me he estado preparando físicamente durante tanto tiempo. Hace una tarde desapacible, no hay sol, no hay calor, sólo las gotas de lluvia que caen del cielo oscuro y encapotado, parece de noche, pero esto no ha hecho que la gente se quede en casa, el aparcamiento se llena de gente poco a poco, llegan personas de todas las edades, desde niños en cochecitos hasta personas de avanzada edad. El lugar se llena de color, sobre todo de un rosa chillón, pues a los mayores de quince años les han regalado una camiseta de ese color, es una carrera solidaria, había que pagar ocho euros al inscribirse. Bueno, detalles económicos aparte, esto se empieza a animar de gente de toda Cantabria.

Es un día festivo, la gente está muy alegre y contenta, me dispongo a buscar a mis compañeros de equipo de atletismo. Aunque es una carrera para divertirse y despedir el año, nosotros nos lo tomamos muy en serio, es nuestro deporte, nos sentimos muy orgullosos de practicarlo. Allá a lo lejos, en la puerta del Cormorán, veo un grupo de gente vestido de verde, ese es mi equipo, pues nuestro chándal es verde y blanco. Voy caminando hacia ellos observando a la gente a mi alrededor, es increíble el bullicio que hay, por todas partes se oye “Feliz Navidad”. Estamos eufóricos, la sangre se empieza a calentar, el corazón late cada vez más deprisa, todo el mundo tiene ganas de comenzar. Por fin llego al grupo de mis amigos y nos empezamos a saludar u a darnos abrazos, es muy divertido, estamos muy contentos y emocionados a pesar del día que ha salido.

Estoy muy emocionado, es mi primera San Silvestre, nos estamos empezando a poner muy nerviosos. La hora se está acercando y cada vez estamos más eufóricos, nos despojamos de los chándals para calentar, ¡uf!, qué frío hace, nos ponemos en camiseta de tirantes y pantalón corto, empezamos a calentar, nos damos unas vueltas por el paseo de la playa, el ambiente huele a competición, dicen que es familiar y para divertirse, pero ¡ja! Todos queremos ganar. Cada vez queda menos tiempo, ya nos tenemos que dirigir a la zona de salida, hay que ser espabilados y ponerse, en primera fila este año se han apuntado más de cinco mil quinientas participantes, si no estás ahí, no tienes nada que hacer. Es tal el número de atletas, que a veces cuando llega el primero a meta, los últimos no han tomado la salida.

Ya estamos preparados, vamos en grupo, chicos y chicas juntos, pues es una carrera mixta, aunque a la hora de dar los premios, dan a cada categoría y sexo sus premios correspondientes. Nos ponemos en primera fila, el corazón se nos va a salir del pecho, cada vez late más deprisa. Estoy muy ilusionado, como he dicho es mi primera San Silvestre, nos ponemos en posición y ¡pum!, pistoletazo de salida. Corro como nunca, me encuentro muy seguro y a gusto, zancada tras zancada y por fin la meta, he ganado, no me lo puedo creer, estoy muy emocionado, no hay palabras para describirlo. Todos mis compañeros se echan encima de mí, qué contento estoy y al final me dan la cesta de Navidad.

Pero, ¿qué pasa? Vuelve a sonar el himno del Real Madrid, miro alrededor y estoy en la cama, son las ocho y diez del 31 de diciembre de 2017, me había dado la vuelta en la cama y todo había sido un sueño, bueno ahora vamos a vivir lo soñado. Me levanto y tengo un leve mareo, me pongo el termómetro y tengo treinta y nueve de fiebre, mi gran día termina en urgencias. Todo un año esperando mi gran día y se esfuma en un sueño. He terminado el año rodeado de paracetamol e ibuprofeno. Otro año será. ¡FELIZ AÑO ÑUEVO!

Gloromigloco   

 

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