Blog Relatos...

Solo yo

Publicado por:

Era una calle de Washington llena de mansiones todas blancas , enormes y

poderosas y a mi me ha tocado vivir en una . Soy Kaitline Fisher y vivo en el

número veinte de la urbanización Charmister Red.

Mi madre me tuvo muy joven o eso me parece a mí. Siempre estaba a otras

cosas que no fuese yo. Mi padre trabajaba mucho, porque alguien tenía que

mantenernos, por lo que decidieron contratar a alguien que me cuidara.

Contrataron a una “sucia negra”, que era como la llamaban todos aunque en

todas las casas hubiera una. A mí nunca me pareció que oliera tan mal y solía

estar muy limpia, o por lo menos eso es lo que recuerdo.

Ella vino cuando yo tenía un año, así que los cuatro primeros años no sabía

nada, ni lo que había a mi alrededor, ni quiénes eran los que me rodeaban, ni

quién era ella, ni que yo existía, hasta que empecé a reaccionar a los 5 años y a

comprender un poco todo.

Se llamaba Mackenzie y venía todos los días desde las ocho de la mañana hasta

las 10 de la noche .A mí me parecía raro porque siempre que no estaba

conmigo tenía un palo con pluma que agarraba con fuerza mientras frotaba

todo lo que había en casa, y eso que era bien grande. Mamá siempre decía que

la cosa no estaba perfecta por lo que Mack, (como la llamo solo yo) tenía que

repetirlo.

Cada dos semanas mamá le daba ocho o nueve monedas relucientes. Lo raro

es que nunca le diese más. Los primeros años mamá era muy tímida con ella e

intentaba mantenerse lo más lejos posible. No la daba muchas órdenes solo

para que repitiera las cosas, parecía que tan solo con mirarse una a la otra ya

se entendían.

Lo mejor era cuando después de una de esas miradas me cogía de la mano y

me subía a la habitación. Esas veces nos poníamos a jugar a todo, además…¡la

ncantaban mis muñecas!

Como jugábamos tanto, nos inventamos una rutina que hacíamos todos los días

a la hora del té:

– Preparación del té y de la comida.

– Comienzo de la comida.

– Conversación.

– Top Secreto

– Recoger la vajilla.

Cuando hacíamos esto yo no sabía ni escribir ni leer, y menos hacer listas, por

lo que he supuesto que la hiciese Mack. A mí me encantaba la parte del top

secreto.

Las primeras veces solo lo hacía yo porque Mack todavía no se atrevía. No es

que la hiciéramos todos los días porque no siempre teníamos que contarnos

cosas pero cuando la hacíamos era alucinante.

A Mack siempre se la notaba muy contenta cuando hacíamos esto y un día en

el top secreto la pregunté.

– ¿Cuál es tu parte favorita?

– ¿La mía?, adoro todas Kaitline.

– Pero habrá algo que te guste más que las otras cosas.

– Pues no te voy a mentir, sí que hay algo.

– ¿El qué? tengo que saberlo.

– Éste es el único momento del día en el que alguien me hace algo y no soy yo

la que se lo tiene que hacer y encima voluntariamente.

En ese momento yo me quedé un poco confusa porque no entendía muy bien a

qué se refería y tampoco por qué la gustaba tanto eso. Pero ella me dijo:

– No pongas esa cara, solamente tienes que acordarte de esto y con el tiempo

lo entenderás a la perfección.

______________________________

Un año más tarde, con 6 años, me tocaba ir a la escuela. El primer día de cole

por la mañana, antes de irme, fue espantoso. Yo estaba corriendo por toda la

casa y Mack me perseguía con el uniforme. Cuando ya consiguió ponérmelo,

mamá nos llamó a las dos.

– Mackenzie, por favor, empieza con la cocina ya y déjanos a solas a Kaitline y a

mí.

– Sí señora Fisher.

Cada vez que mamá decía eso nunca era bueno, ni para mí ni para Mack. Pero

aquella vez fue distinto, por lo menos para mí.

“Hija mía hoy es tu primer día de clase, de acuerdo. Intenta, por Dios, no

comportarte así. Yo era un modelo a seguir en clase y en todos los aspectos,

por algo soy la más famosa en la urbanización. El colegio determina tu futuro,

nos encasilla en un determinado sitio y estoy segura de que quieres ser igual

que tu madre, de que quieres que te encasillen en la zona popular y no en la de

los raros. Además, no seas orgullosa y piensa en más personas que en ti,

porque como te comportes hoy puede no significar nada o puede cambiarlo

todo, mi fama, mis amistades, mis apariencias, mis ganancias, e incluso tu

padre podría perder su empleo. Así que sé como los demás quieran que seas,

no sobresalgas mucho pero tampoco te quedes en las sombras y recuerda

júntate con gente como las hijas de Catherine y Lynsi, y no con Hatasha que es

otra sucia negra.”

Quedé atónita después de aquella charla, pero comprendí que para mamá y

papá esto era muy importante por lo que la hice todo el caso que pude.

El día me fue bastante bien. Volví en bus a casa y conté todo a mamá y se

alegró muchísimo. Hice exactamente lo que ella me dijo y dio resultado porque

tan solo el primer día ya había hecho diez amigas.

Obviamente también se lo conté a Mack, pero la gran diferencia entre su

reacción y la de mamá me impresionó mucho.

A Mack no le hizo ninguna gracia. Parecía que se le había comido la lengua el

gato, incluso puso cara de decepción. Y pensar que mamá había estado

saltando sobre el sofá de la emoción. Fue muy raro.

Aún así llegó a entender que mamá me había presionado mucho. Por desgracia

lo que me había aconsejado ocurría de verdad. Era lo que debía hacer porque

toda la responsabilidad caía sobre mí.

Meses más tarde mamá tuvo una de sus reuniones y después una fiesta con las

madres de la urbanización. Ese mismo día tanto Mack como yo nos dimos

cuenta de lo que no debíamos hacer.

Estaba jugando con mis nuevas amigas y de repente me tropecé y mi rodilla

empezó a sangrar. No sabía qué hacer porque otras veces estaba Mack para

curarme y por mucho que la llamé no vino. Pero sí estaba mamá, así que se lo

explique. Mi rodilla chorreaba sangre me dolía muchísimo y mamá tan solo dijo:

– La habéis oído, la duele la rodilla. Sabes que te digo, que te aguantes y no

vuelvas a interrumpirme porque si no…

Había parado de gritarme para pegarme azotes. Entonces llegó Mack.

– Por favor señora Fisher no haga esto.

Mamá se enfadó tanto que dejó a Mack con el ojo morado y una herida en el

labio.

______________________________

Cuatro años más tarde empecé a tomarme más en serio mis amistades, incluso

demasiado.

Mis amigas y yo estábamos en el patio cuando vimos a Hatasha sola, así que

nos acercamos a ella.

Hatasha se escondió detrás del libro que estaba leyendo y una de mis amigas

se le lanzó por los aires y la empujó. Otra la empezó a insultar, otra la pegó. En

tan solo unos segundos todo el patio nos miraba y nos animaba. No sabía que

hacer así que me uní. Cada vez eran peores los insultos, cada vez eran más

fuertes los golpes, me sentía genial mientras Hatasha lloraba.

Llegué a casa y hable con mamá:

– Hemos pegado e insultado a Hatasha.

Mamá se alegró pero dicho en mi cabeza sonaba mucho mejor que cuando lo

comenté en alto y me preocupé.

Al día siguiente Mackse enfadó muchísimo.

– Tienes idea de cómo habéis dejado a Hatasha. Está llena de heridas y

moratones, no quería ir al colegio por miedo. Yo pensaba que tu eras distinta a

las demás pero ya veo que eres como tu madre.

Aquello me marcó mucho y lo único que podía hacer era arreglarlo. Me acerqué

a Hatasha y la dije:

– Hola, mira querría…

– ¡No te acerques!- me interrumpió Hatasha.

– No te voy a hacer nada.- dije intentando calmarla

– No des un paso más.- me gritó

– Esta bien. Quiero que sepas que me arrepiento muchísimo de lo del otro día.

Se que esto no es suficiente pero te juro que no volverá a pasar.

Desde aquel día tuve una nueva amiga.

______________________________

Con doce años empecé a darme cuenta de todo el mal que le hacía mi gente a

las personas como Mack. Un día llegué a hablar con ella sobre esto:

– Mack, quiero cambiarlo.- dije yo

– ¿Cambiar el qué?- me preguntó Mack

-Cambiar este enorme error de trataros así.- explicaba

-De acuerdo si estás tan segura.-

– Oye, Mack, ¿tú tienes hijos?- pregunté por curiosidad

– No, ya me gustaría- me explicó

– ¿Es por eso por lo que me cuidas?-seguía preguntando

– No cariño yo te cuido porque si no lo hago no tengo dinero para comer.-dijo

Mack.

Pero junto atodo esto tenía un problema con mis amigas.

Hatasha seguía siendo mi amiga pero era negra y bueno, mis amigas eran

como todas las demás

– De verdad, no entiendo por qué estás con esa.- decía Sarah con desaprecio.

– Pues es muy maja-intentaba decirles.

-¿Cómo puedes decir eso de alguien como ella?- gritó Kate.

– Porque es la verdad.- insistía yo.

– Mira Kaitline o ella o nosotras. No podemos permitirnos a una amiga que nos

traicione con una negra.

– ¿Pues sabéis qué? ¡Prefiero a Hatasha que por lo menos no me hace elegir!-

grité, y no volví a hablarles nunca.

Dos meses más tarde mamá se enterópero lo raro fue que no me riñó a mi.

Un día al llegar a casa escuché gritar a mamá y dar golpes. Eso no me pintaba

nada bien y entré corriendo.

– Pero a ti te parece normal, eh, mi hija es una antisocial, una idiota u una inútil

por tu culpa.

– Lo siento.- decía una segunda voz que no tardé en reconocer.

– Ya es demasiado tarde- gritó mamá mientras pegaba a Mack.

No podía aguantar.

– Mamá, ya basta. ¿A ti te parece normal? Pareces un monstruo.

– Ella es el monstruo.- se defendía mamá.

– No, esto es anti humano, ellos también son personas, son iguales que a

nosotros y tienen los mismos derechos. La única diferencia es ese maldito color

de piel.

– ¿Pero te has vuelto loca? Mackenzie, sal ahora mismo de la habitación.-

– Sí señora- dijo Mack.

– ¡No! Quiero que se quede. Ella es mi verdadera madre. Ella es quien me

enseñó a leer y a escribir, es quien me ha estado cuidando todo este tiempo,

quien me ha enseñado lo que está bien y lo que está mal, lo que de verdad

importa, cómo debo tratar a la gente, es quien ha hecho tu trabajo todo este

tiempo. Mientras que tú lucías esos vestidos carísimos, te ibas a galas

importantes, te hacías cada vez más rica y cada vez más famosa y tú encima la

dabas una paga miserable. Si tan malo te parece igual es que tienes tú la culpa

pero que sepas que esto es lo mejor que me ha pasado nunca. Piénsalo, tengo

toda la razón.

– ¿Sabes qué? Creo que se me ha quedado algo, hasta estoy segura de que

Mackenzie sabe lo que es. Lo siento mucho Mackenzie pero haz las maletas y

vete de aquí, no quiero volverte a ver jamás.

– ¡No! Eres el diablo- grité como nunca lo había hecho. Se me partió el corazón.

Sobre las 6 del 17 de noviembre vi por última vez a Mack. Salió de aquella casa

y en mitad de la carretera la paré para que se quedara y solo me dijo.

– Lo único que tienes que hacer es ir a tu escritorio y lo habrás cambiado todo.

Pero pasó algo inoportuno. Un coche de policía la atropelló, y encima paso de

largo. Ahora Mack había muerto. En ese instante me quedé sin habla, mi

corazón se había congelado. Sin saber que hacer subí a mi cuarto. Cuando

llegué había una carta en la mesa.

Querida Kaitline.

Sé que esta no es la mejor manera de despedirse pero tu madre no creo que

me deje hacerlo en persona. Tampoco lo puedo poner todo, tan solo me queda

un cuarto de hora para irme.

Tú no eres como las demás, lo supe desde que te vi. Has apreciado durante

toda tu vida mi trabajo y sin irnos tan lejos me has querido como nadie. Me has

salvado muchas veces de esas palizas que creía que iba a morir, incluso lo que

hiciste por Hatasha le cambió la vida a todos.

Pero a mí me has hecho la persona más feliz de este mundo tan horrible, me

has salvado la vida, eres mi heroína. Aunque no lo creas me alegro de que me

despidan, aquello era un infierno. Al principio vine a trabajar porque necesitaba

dinero pero ahora lo único que me impulsa a quedarme eres tú.

Con amor para la hija que nunca tuve. De: Mack

Desde entonces fui tal y como Mack hubiera querido.

Mamá seguía diciendo que ella estropeó esta familia pero yo creo que la

arregló. Se enfadó muchísimo cuando me casé con el hermano de Hatasha. De

hecho no vino a mi boda, pero a mí me dio igual. Crié a mis hijos como me

cuidó Mack. Di trabajo a mucha gente y arreglé muchas vidas. Hice todo lo que

estuvo en mis manos pero no todo lo que hubiera querido. Hasta que llegó el

día en el que me fui en paz y libertad a disfrutar de otra vida con Mackenzie.

 

1
  Post Relacionados
  • No related posts found.

Comentarios

  1. Elsa04  Abril 4, 2017

    Me parece alucinante esta historia. Nos habla sobre una realidad de nuestro mundo, que aunque a veces no la queramos ver o afrontar, es cierta. La expresa genial, para mi se merece ganar, por que a parte de estar súper bien escrita ,la historia, en cierta parte nos quiere dar una lección. Sinceramente le doy un 10.

You must be logged in to post a comment.