Rotary Club Torrelavega
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Tekijo, la reina robot


Era un día como otro cualquiera en el pueblo de Niebla, en todas las casas bajo el primer rayo de sol del primer lunes escolarizado del año,  los niños se despertaban, excepto en la casa de los Ortiz, en la que su única hija Yaneth, miraba hacia el gran horizonte en el que veía una extraña figura que brillaba casi tanto como el sol y por mucho que intentara descifrar que era aquello, su misterioso brillo dificultaba la visión y esto hacía más dudosa su forma e incluso su lugar de origen. Finalmente lo dejó estar y se fue hacia la parada del bus para ir a su nuevo colegio.

En la parada se encontró con su mejor amigo de uno de los colegios anteriores, Kaito. Era un chico un tanto presumido pero al mismo tiempo reservado, de manera que solo hablaba con Yaneth y únicamente presumía cuando ella y solo ella, estaba presente. Yaneth no creía que fuera relevante aquello que vio por la mañana,  así que no creyó conveniente contárselo a Kaito, seguramente se preocuparía y esa no era la idea que  tenía en mente.

Las clases fueron como ambos se esperaban, cortas y sin apenas sentido de existir, ¿Qué interés tenía ir a clase durante una semana más solo para conocerse, si ni siquiera hicieron una actividad todos juntos? Le pregunto Yaneth mientras volvía a su casa con Kaito. Esta demanda no obtuvo más repuesta que un largo e incomodo silencio, de lo que dedujo que estaba preocupado por algo ocurrido recientemente, y de alguna manera pensó que él también habría visto ese increíble fogonazo de luz. Yaneth  le dijo si había visto aquella extraña luz. Kaito lamiró  con cara de contradicción y quiso saber de qué luz hablaba. Yaneth muerta de vergüenza no dijo palabra hasta la siguiente parada que hizo el bus, y aunque no era la suya, se bajó.

 Continuó el trayecto a pie, un largo camino sin saber a dónde iba. Pronto una densa niebla la cubrió por completo, y de alguna extraña manera se encontró perdida a los pies de una montaña. Ella sabía que la única opción para volver a su hogar era cruzar la montaña y rezar por que alguien la pudiese ayudar. Transitó un poco más por el único, pequeño y embarrado camino hasta que empezó a estrecharse. Solo quedaban árboles y estaba  más perdida que antes. Cada paso que daba perdía un poco más de la escasa esperanza que tenía de regresar.

Horas más tarde se detuvo cerca de un árbol a descansar y fue capaz de ver a través de unos arbustos un objeto metálico, se acercó a tocarlo y descubrió que era un pequeño broche con unas extrañas luces. Tras observarlo un rato, encontró algo escrito por detrás “P21nc35a Tekijo01”, estaba escrito muy sutilmente, parecía que no quisieran que se pudiera leer. Era bonito y ante la desesperada situación en la que se encontraba, Yaneth decidió ponérselo. Cuanto cerró por completo el broche notó que su cuerpo comenzaba a desvanecerse lentamente. El primer impulso que tuvo fue quitarse el broche, pero este no cedía. Ante sus impetuosos esfuerzos por abrirlo, cada vez se sentía más débil y ni siquiera pudo aflojarlo un poco. Tras minutos gritando y pidiendo auxilio, cedió y calló rendida al suelo, cerró los ojos un momento y al abrirlos, se vio en mitad de un lugar con cielo oscuro, nubes rojas, con grandes edificios a lo lejos también con luces rojas y coches voladores rodeando la ciudad.

Caminó cierto rato más y se encontró una especie de chica acostada en posición fetal cerca de un cubo de basura, gimiendo y llorando en la oscuridad. Yaneth decidió acercarse, creía que la situación no podía empeorar más, y vio el rostro de la chica con miedo, tenía unos ojos rojos tan intensos como los de las luces de aquella extraña ciudad, una piel blanquecina incluso más de lo normal, el pelo blanco ligeramente azulado con un mechón blanco. Su ropa parecía muy futurista y tenía igualmente luces de color rojo y otra azules, un color azul parecido al de su pelo, y el resto era negro. Parecía que la ciudad y la chica estaban creadas para que todo tuviera una sintonía de colores, una sintonía triste pero futurista.

La chica levantó la mirada y observó detenidamente el broche que había traído a Yaneth hasta allí y en un sollozo dijo: - ¿podrías dejarme ver ese broche?

Yaneth hizo un nuevo intento por quitarse el broche, pero fue en vano. Sin decir nada la chica misteriosa se acercó y se lo quitó sin ninguna dificultad. Tras exhaustivos minutos examinándolo en la sombra, con lágrimas de felicidad dijo: - mi broche…

Yaneth no entendía nada, pero en ese confuso momento, la chica volvió a hablar de manera inesperada.  -El código dice princesa Tekijo01, que soy yo…, perdí el broche y con él,  el derecho al trono. El broche te trajo hasta mí porque es un Translador. Este lugar se llama Denshi y yo me llamo Tekijo, puedo ayudarte  a regresar si consigues que nos infiltremos en el Castillo y  encontremos el Cetro de Denshi-Teki,  continúo diciendo Tekijo, con una sonrisa llena de lágrimas de alegría.

Pensativa, tras unos minutos de silencio, Yaneth aceptó el trato, ya que deseaba con todas sus fuerzas regresar a su casa. Pasaron días… semanas… meses… hasta que consiguieron infiltrarse en el Castillo y  llegar a la sala del trono. Allí, Tekijo la confesó que Denshi era una dimensión paralela en la que todos eran robots humanoides. Le dijo también, que ellas dos eran la misma persona, y que por ese motivo, solo ella fue capaz de ver la extraña luz aquella mañana y de encontrar el broche, que finalmente hizo que se encontraran y que todo esto sucediera.

Tras conocer su  historia,  Yaneth y Tekijo continuaron con su plan para obtener el Cetro. Cuando estaban a punto de conseguirlo capturaron a Yaneth, pero Tekijo consiguió alcanzar el Cetro.

En el mismo momento que tocó el Cetro de Denshi-Teki todo se detuvo, Tekijo comenzó a flotar en el aire produciendo un rayo de luz demasiado potente como para que un humano lo mirara. Cuando dejó de brillar, descendió con un hermoso vestido de vuelo del mismo color que su pelo, con una tela trasparente entrelazado a sus brazos, y unos guantes de color blanco. Tekijo como era la heredera al trono y  había recuperado el Broche y el Cetro, ahora tenía el control de la ciudad y el guardia que sostenía a Yaneth, la libero al momento. 

Tekijo celebró un banquete y le presentó a su prometido Takahiro, que tenía un gran parecido con Kaito, y  en esa misma ceremonia se coronó a Tekijo reina de Denshi. Más tarde,  cuando Yaneth estaba a punto de irse por el portal creado con el Cetro, Tekijo le otorgó un collar que le permitiría regresar cuando quisiera.

Entre lágrimas y sollozos Yaneth cruzó el portal y se encontró a la puerta de su casa, una hora más temprano que la que llegaba habitualmente el bus. Y bueno, Yaneth siguió con su vida de siempre, solo que ahora, hacía una pequeña visita a Denshi de vez en cuando.

Fin

Post date: 2019-03-31 20:52:47
Post date GMT: 2019-03-31 19:52:47

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