TÓXICO

Hoy, en la soledad de mi pequeño cuarto, únicamente acompañada por mi teléfono móvil y mi música, he comprendido que la sociedad de hoy día, concretamente la juventud, está mal. Me he dado cuenta de que vivo en una sociedad tóxica.

Navego por mis redes sociales, veo las publicaciones de mis conocidos, y sin necesidad de profundizar en su contenido, veo la manera en la que una persona normal difama a otra exactamente igual simplemente porque es más “fea”, o tiene más peso o simplemente se niega a tratar con la persona en cuestión. Veo que publican opiniones sobre otras personas y también las puntúan por su apariencia, a petición propia. ¿Cómo hemos llegado a esto? ¿Cómo hemos podido olvidar los verdaderos valores de las personas y centrarnos únicamente en algo tan hueco, vacío y banal como la apariencia física para relacionarnos con alguien? Si eres más alto que ellos, se ríen. Si eres más bajo, también. Si pesas más, te humillan. Si pesas menos, te tachan de anoréxico. Si no quieres hacer algo que ellos te imponen, te dan la espalda y te empiezan a llamar pringado o Don Nadie. 

Estamos en un punto en el que nuestras acciones se ven influenciadas por otras personas. Nos sentimos utilizados, encerrados en una vida que no es la nuestra, y no podemos hacer nada por el miedo a quedarnos solos, sin amigos, ignorados e insultados por las personas que antes considerábamos nuestra segunda familia. Vivimos una mentira, solo para caer bien a los demás.

La toxicidad de las falsas amistades es igual de dolorosa que la del amor. Si no te hacen caso, te sientes ignorado. Si haces algo que no les gusta, te dejan de hablar durante días, o incluso semanas. Si pasas por algún bache emocional y les dejas de hablar simplemente porque no te ves capacitado para ello, empiezan a producir películas más grandes y fantasiosas que las que hay en las carteleras de los cines, y por lo tanto empiezan a contar tus secretos a absolutamente todo el mundo. Y cuando intentas defenderte y enfadarte por ello, se hacen las victimas y te ponen en contra de todo el mundo, da igual si conoces a las personas o no. Y te aseguro que a la semana siguiente medio vecindario te mira por encima del hombro. 

Lo único que podemos hacer las personas que pasamos por esto es sentirnos como lo peor que hay en el mundo y echarnos la culpa. Algunos por ser tan ingenuos y caer en esas amistades dañinas, y otros por no haberles complacido, por no haber sido lo suficientemente sumiso como para agradarles, por no haber conseguido ser su entretenimiento. Y en ambos casos, sentirse mal no es la solución. Aunque en el primer caso solucionarlo es más sencillo, también es duro. Debes armarte de valor, cortar la relación y dejar que todo pase. Pero sobre todo, convencerte de que llegarán unas personas que de verdad te apreciarán y a las que les dará igual todas las mentiras que hayan dicho sobre tí. En el segundo caso, todo eso se complica. Primero, la realidad te debe golpear con fuerza para que te des cuenta que tú no tienes la culpa, sino ellos. Después, debes coger confianza en tí mismo, quererte tal y como eres y no dejarte influenciar por otros. Y, finalmente, acabar la relación con esas personas y dejar que la tormenta pase para que el sol salga con mucha más fuerza y otras personas, con buenas intenciones y sin prejuicios lleguen hasta tí.

Pero aunque tu tormento pase, seguirá habiendo alguna persona que esté incluso peor de lo que tú estuviste. Y te preguntarás qué puedes hacer, cómo puedes ayudar. Pues bien, sé su sol después de la tormenta. Si puedes hablar con esa persona, aconsejala, abrele los ojos, porque seguramente no podrá sola. No te quedes parado, mirando como alguien inocente que se vió forzado a tomar una mala decisión se hunde en la miseria de otras personas, porque eso te rebajará al mismo nivel que sus “amigos”. Haz lo que sea posible por ayudar a esa gente, y, sobre todo, educa a otras personas que todavía están a tiempo de evitar esa situación.

Y con la gente que hace todo ese mal, ¿qué hacemos? Lamentablemente, esa es una de las cosas con la que no se puede hacer prácticamente nada. Simplemente podemos evitar acercarnos a ellos, no caer en sus estratagemas y salir de su vida, dejándolos completamente solos, quizás así empiecen a puntuarse el uno al otro y comprendan la absurdez de sus acciones, y quizás, solo quizás, acaben con esas cosas tan huecas y tan estúpidas, y empiecen a ver lo que de verdad importa en una persona.

Tainted                  



 

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