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Una historia de gladiadores

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1​El​ comienzo de todo

No sé… no sé qué nos puede haber pasado, de repente me acabo de despertar en mi cama

despues de…¡Ahora lo recuerdo! Estaba aquella tarde soleada de verano en mi casa con mi

amigo Pedro de pelo rojizo y rizado, ojos azules, con la cara llena de pecas y de dieciséis años,

cuando después de ganarle por mucho en los videojuegos, se acercó a mí y me dijo:​

– Oye Axel – dijo con ilusión y un poco de cara de haberse picado por haber perdido –

mira este libro, es muy divertido y es como si te estuvieras en la historia.

– ¿De qué trata el libro?¿No será una trampa por haberte ganado? – le pregunté con

gran interés.

– Trata del imperio romano – aclaró – narra la historia de un gladiador llamado Flamma. Yo

acepté, y pase dos días leyendo ese libro como un loco, llevándomelo al colegio para leerlo

a escondidas durante las clases, e incluso yéndome a la cama a las nueve y media pero

acostándome a medianoche por estar leyendo ese magnífico libro, con esa portada tan

llamativa de el arma y escudo de un gladiador en el suelo de una arena y , sobre todo, con

esa gran historia que tiene de aquel gladiador que nunca se quiso ir de la arena aunque se

ganase la libertad. Dos días después le llamé para que viniera a mi casa con gran

urgencia. ¿Qué cuál era esa gran urgencia? Decirle que me fascinaba el libro y que tenía

toda la razón. Cuando se lo dije me propuso leerlo juntos, empezamos a leerlo cuando de

repente… ¡PUFFF! Se niebla la habitación y nosotros estábamos muy desconcertados

intentando saber qué pasaba en ese momento con mi habitación, teníamos algo de miedo

pero si soy sincero también mucha curiosidad por lo que podría estar pasándonos. Nos

levantamos de mi cama para intentar encender la luz y ver más claro todo, pero no

encontrábamos nada, ni la luz ni mi escritorio… ¡Ni siquiera la puerta! Pasamos de tener

mucha curiosidad a tener mucho más miedo que curiosidad ya que no sabíamos qué

pasaba, ni que hacer y, lo peor, no sabíamos dónde estábamos por lo que yo estaba

rezando mirando al muñeco gladiador que tenía yo en mi mano derecha.

2​¡Estamos​ dentro!

Fue entonces cuando salió una luz de la parte superior y se fue yendo la niebla poco a

poco, hasta no haber ni un poco. Después de haberse ido toda esa niebla vimos que

estábamos en la calle, pero era diferente esta vez, vimos a gente vestida con túnica y

detrás nuestro vimos una arena. Al ver esto inmediatamente nos dimos cuenta de dónde

estábamos:

– ¡Estamos en la Antigua Roma! – exclamó mi amigo – ¡Hemos entrado en el libro!

– ¡¿Qué?! – dije incrédulo – ¡Qué dices, pero si es imposible!

– Entonces explícame por qué la gente va vestida así​. – dijo Pedro – Mira, preguntémosle

a esta señora.

–No Pedro… – dije mientras se iba sin prestarme atención​.

No tuve más remedio que seguirle y preguntar con él a esa señora dónde estábamos

a pesar de darme vergüenza:

– Perdone, señora – se dirigió Pedro – ¿Sabe usted dónde estamos?

– ¡Qué pregunta más tonta! – le respondió la señora – En el gran imperio de Roma, y

ahora perdona que tengo prisa, quiero ver luchar a los gladiadores en la arena.

– Ves Axel, te lo dije – me dijo Pedro confiado – Muchas gracias señora.

Entonces se nos ocurrió la idea de ir a ver a los gladiadores, y sobre todo, ver si estaba

Flamma. Fuimos tranquilamente caminando cuando, de repente, nos chocamos contra un

hombre muy robusto, de pelo negro, con unos 2’15 metros de estatura pero de ojos más

verdes que la hierba y vestido como gladiador y fue entonces cuando nos dimos cuenta

de que era Flamma, nuestro gladiador favorito que nos dijo:

– Perdonad. – intentó Flamma que le perdonásemos por el choque casi llorando.

– ¿Es usted Flamma? – le pregunté.

– Sí – me contestó entre lágrimas – pero olvídame porque soy un perdedor.

– ¿Por qué? – le preguntó Pedro.

Entonces nos contó Flamma como había perdido cuatro duelos y estaba a punto de perder el

​rudis ​(premio de la competición de gladiadores que les permite vivir como un romano más y no

como esclavos). Entonces yo le intenté motivar para que no dejase de ser gladiador:

– Mira, Flamma – le dije – ¿Es tu sueño conseguir el ​rudis?

– Sí, lo deseo mucho.

– Pues si algo es tu sueño nunca lo dejes escapar, por nada del mundo, esfuérzate al

máximo hasta el final y ya verás como consigues resultados. Todos pasamos por bajones

pero lo que hay que aprender no es a esperar a que pase, sino a trabajar para que pase

lo antes posible, yo confío en ti.

– Muchas gracias, ¿Cómo puede compensártelo? – me respondió.

–Ganando ese torneo – le dije animándole.

3​¿Lo​ consiguió?

Entonces llegó la hora del combate de Flamma, salió a la batalla muy motivado y sin querer

rendirse en ningún momento a pesar de haberse presentado ante él uno de los mejores

luchadores de entonces, pero eso no importó ya que Flamma dió su grito.de guerra y empezó

a luchar. Los dos iban con mucha fuerza contra el otro pero se notaba que nuestro amigo

estaba más motivado, a pesar de la dificultad, fue entonces cuando llegó el momento, Flamma

había esperado muy bien a qué Lugubris cometiera aquel fallo para aprovecharse de eso y

atacar con todas sus fuerzas, gracias a esto Flamma consiguió su primera victoria del día y no

la única, ya que a partir de esa batalla Flamma ganó todos los combates del día y solo

quedaba uno, el que decidiría si consigue el ​rudis​o no. Empezó el combate con nosotros en la

grada, estaba haciéndolo de fábula Flamma pero su oponente estaba resistiendo muy bien y

era muy bueno. Llegó el momento, Flamma tiró al suelo a su oponente y tenía la victoria en sus

manos, pero entraron de repente unos bárbaros con intención de matarnos a todos. A pesar de

ello, la lucha seguía, pero tuvimos que salir para no morir y quedarnos a salvo en otro lugar.

Cuando estábamos fuera, fuimos corriendo hacia una casa cualquiera, pero de repente tanto

Pedro como yo nos tropezamos con una piedra que había en el suelo y nos dimos muy fuerte

en la cabeza, desmayándonos del

fuerte golpe. Cuando nos despertamos estábamos tumbados en la cama, con el libro en

mis manos, y muy desconcertados:

– ¿Cómo hemos vuelto? – me preguntó Pedro.

– No sé, pero veamos que paso con en combate – le respondí mientras abría el libro.

– ¡Ha desaparecido el final! – exclamamos los dos a la vez con cara de sorpresa.

– ¡Pues que pena! Me hubiese gustado saber si ganó el ​rudis​o no – me dijo Pedro.

– Sí, pero yo creo que ganó – respondí.

Ya lo siento por no contar más, pero me llama mi madre para cenar y le voy a invitar a

mi querido amigo a ver si le apetece cenar en mi casa, por último quiero decir que lo

más importante es que nos lo pasamos genial y que aprendimos de la motivación que le

dí a Flamma: ​“Si algo es tu sueño nunca lo dejes escapar, por nada del mundo,

esfuérzate al máximo hasta el final y ya verás como consigues resultados.”

FIN

-Eden Hazard

 

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