Una vida de película

Todo comenzó aquel sábado de marzo. Habíamos quedado a las 12:00 para ir a hacer la ruta de “Las Cascadas” cuando yo terminara de trabajar, y a eso de las 11:30 me llamó “El Pirata”:

  • No corras, ha ocurrido algo y “El Marqués” está en el hospital con Hugo – me dijo.
  • ¿Hugo?, ¿quién es Hugo? – le respondí.
  • Ese amigo de “El Marqués” que anda en bici, ese que es un poco raro, alto y rubio, ¿sabes quien te digo?
  • Sí, sí, creo que se quien es, ¿que ha pasado?.
  • Nada, han ido a andar en bicicleta y les han atropellado, pero no te asustes, están bien, Hugo perdió el conocimiento y le han trasladado al hospital, “El Marqués” esta bien. Hemos quedado más tarde en casa de “El cómico”.
  • Vale, vale, termino y voy.

Cuando colgué me recorrió un escalofrío por el cuerpo, ¿pero si habíamos quedado para la ruta, porque salir en bicicleta?

Llegue a casa, me cambie de ropa, me calce las botas de montaña y preparé la mochila. Salí a buscar al resto. Cuando iba de camino me llamo Marga y me dijo que estaba en el hospital y que necesitaba que la acompañase a casa de Hugo a por ropa limpia ya que ella sola no se atrevía a ir. Bueno, cambio de dirección y allí estaba ella esperándome en la puerta del hospital con la cara pálida y llorosa.

  • Está mal, muy mal – me dijo al subir al coche.
  • ¿Eh?,¿Pero que han hecho?, ¿Que tiene? ¿Y “El Marqués”…?
  • Él está bien, es Hugo, tiene mala pinta. Vamos a su piso, quiere ropa limpia. – me interrumpió.
  • ¿Pero no me acabas de decir que esta mal?, ¿Para que quiere la ropa?

Seguí conduciendo asombrada, que cosa más rara… pensaba yo. Marga estaba a mi lado, callada, casi hipnotizada mirando a través de la ventanilla, sin más palabras que las indicaciones para llegar al piso de Hugo. Conseguimos llegar y me dijo:

  • Sube conmigo, me da mal rollo…

Asentí y fui tras ella. Subimos al tercer piso por las escaleras. Silencio absoluto. Marga metió la llave en la cerradura cautelosamente y casi sin hacer ruido entramos.

Jamás había estado allí, Marga tampoco. El piso era pequeño, muy luminoso, se encontraba lleno de cajas de embalar, ¿se marchaba? o, ¿no había deshecho la mudanza?.

Yo sabía que vivía en la ciudad desde septiembre, únicamente le había visto una vez con “El Marqués”, era viernes y llovía cuando nos presentaron, un saludo cordial, nos estrechamos la mano y me dijo que pensaba que yo era más alta. ¿Por qué lo dijo?, no le di más importancia, le habrán hablado de mí pensaba yo.

Ahora en su casa me sentía extraña, otro escalofrío recorrió mi espalda, ya era la segunda vez hoy, entonces Marga me llamo:

  • Corre, ven, dime que cojo, no tiene casi ropa en el armario.
  • Tendrá todo en las cajas de embalar, chico raro.

Entramos en el salón y nos deslumbró la luz del sol que entraba por una gran ventana. Nos acercamos y me quede paralizada frente al armario.

  • Que cosa tan rara, esa fotografía…, es mía, es la foto con mi hermana en la playa cuando éramos pequeñas, ¿por qué esta en su casa?

Yo tenía una idéntica en mi casa y mi hermana una copia que la regalé las pasadas Navidades. ¿Por qué este chico tenía mi foto?, ¿nuestra foto?. Marga la cogió entre sus manos, no se lo podia creer. Ella había visto esa fotografía en mi casa cientos de veces, la sacó del marco y calló al suelo. Me sentí aturdida, esa letra me resultaba familiar, era de mi madre, había escrita una fecha y algo más por detrás. ¿Pero, qué era esto?. Marga me pidió que me sentase a su lado.

  • ¿Pero qué es esto? – dije yo, ¿Por qué tiene Hugo esta foto mía y de mi hermana?, ¿por qué esa palabra?

Mi madre había muerto hacia dos años y mi hermana y yo nos habíamos quedado solas, eso era todo, mi hermana en Durango y yo aquí. ¿Sabía ella algo?, ¿Y esta fecha?, 27 de junio de 1979, Playa del Sardinero, sí, habíamos estado allí todo el verano de vacaciones, mi madre, mi hermana y yo. Nos sabemos ese viaje de memoria, lo pasamos genial, lo hemos contado muchas veces, es más, mi madre siempre nos lo hacía recordar. ¿Qué ocultaba?. Ella ya no estaba aquí para aclararlo pero Hugo si, ¿Quién es Hugo en realidad?

Llamé a mi hermana, sin cobertura, claro en aquel caserío… raro era el día en que podía hablar con ella a la primera. Colgué. Marga ya había cogido una bolsa de ropa y salimos de allí.

Bajábamos las escaleras calladas cuando de repente nos sobresaltó el tono de mi teléfono móvil. Descolgué:

  • Mamá, venga que ya es tarde, ¿donde estáis?, os estamos esperando en casa de “El cómico”, no fisguéis más y daros prisa.
  • Ya vamos, ¿ha llegado ya “El Marqués?
  • No, llamó y dijo que seguía en el hospital.
  • Vale, dejamos la bolsa a Hugo y vamos.

He cogido la foto de casa de Hugo dijo Marga , es una prueba para que nos explique por qué la tenía en su casa.

Conduje hasta el hospital como en una nube. ¿Qué escondía la foto?, ¿Y mi madre? ¿Qué significaba esa palabra?. Ahora ella no podía explicar nada, ya no estaba, ¿qué nos ha ocultado a mi hermana y a mí?

Aparqué enseguida el coche, cuando nos disponíamos a coger el ascensor “El Marqués” apareció por detrás.

  • No subáis, dádmelo a mí y yo se lo llevo.
  • Mira Marqués, aquí pasa algo raro, hemos encontrado esta foto en su casa y queremos una explicación de por qué tiene una foto así. – le soltó Marga enfurecida.
  • No creo que sea el momento para explicaciones, Hugo está mal, no quiere verte – señalo mirándome.
  • ¿A mí?, ¿pero que tiene este tío conmigo?, primero encuentro esta foto en su casa ¿y ahora esto?, tú le conoces, ¿sabes algo?.
  • Yo no soy quien tiene que contarte la verdad.
  • ¿La verdad de que? – añadió Marga.
  • ¿Pero estáis tontos? – comente enfurecida. ¡Ya soy mayorcita para andar con secretitos!

Esta historia me estaba enfadando. Quise subir pero “El Marqués” me lo impidió, déjalo para más tarde me dijo, ahora iros que yo me quedo con él, está solo y me necesita, recalcó mientras nos acompañaba a la puerta. Prosiguió en su discurso, tu tranquilízate que ya sabrás la verdad. ¿De que verdad habla?, me dieron ganas de llorar, que sola me sentía, sola como Hugo, solo, sin padres, sin hermanos, ¿sin familia?.

Volví a llamar a mi hermana, nada, no, si para que quiere un teléfono si no lo coge nunca…

Regresamos al coche. Ahora conducía Marga, llegamos a casa de “El cómico”, entramos en la cocina y allí nos esperaba el resto. Hoy no iba a ser el día que esperábamos, parecía que no íbamos a ir de excursión.

  • Pero que cara traéis – dijo “El pirata” dándome un beso.
  • No te puedes imaginar lo que hemos encontrado. Hugo tenía en su piso la fotografía en la que salimos mi hermana y yo en la playa de pequeñas – les conté.
  • ¿Y eso?, si solo existen dos.
  • Pues ya ves, ahora hay un tipo que nos conoce, y a mi madre también. Por la parte de detrás aparece su letra, mira, mira lo que pone.
  • 27 de junio de 1979, Playa del Sardinero, y…
  • ¿Y?
  • Pues eso, ¿que significa?.
  • Tu madre, que tenía un lío – dijo “El pirata” riéndose
  • Si hombre encima ríete. ¿Tú sabes algo de Hugo? ¿Le conoces?. Sale en bicicleta como tú, además “El Marqués” esta muy misterioso, ¿verdad Marga?
  • Yo solo sé que es un tipo raro, callado y dos veces que hemos coincidido siempre me ha preguntado por ti, yo pensé que le conocías del gimnasio. – me dijo extrañado
  • No, no se quien es… voy a llamar a mi hermana a ver si ella me aclara algo.

De nuevo marqué el teléfono y ¡por fin daba llamada!. Tono, tono y nada. Hoy no era el día.

Maritina, la madre de “El cómico”, nos ofreció que comiésemos allí, total, ya no íbamos a ir a ninguna parte y eran casi las dos de la tarde. Debíamos esperar a que llegase “El Marqués” del hospital para buscar una solución a esto.

Yo tenía un nudo en el estómago y no paraba de pensar en Hugo, ¿pero quién demonios era?

Comí en silencio, poca cosa, ni las bromas de “El cómico”, con las que siempre reímos a carcajadas eran hoy del gusto de nadie.

Alrededor de las cuatro de la tarde llegó “El Marqués”, tenía cara de funeral, ¿Habría muerto Hugo?

Como si me leyese la mente dijo:

  • No, no ha muerto. Está sedado, ha tenido una contusión muy fuerte en la cabeza que en un principio parecía leve pero le han realizado diversas pruebas y han visto que tiene un coágulo que le oprime el nervio óptico y por eso los médicos han decidido sedarle.
  • ¡Oh vaya!, pues si que estamos buenos, ahora mi madre con más angustias – dijo mi hija Martina.

Bueno como no sabemos el tiempo que estará así y con todos los acontecimientos que han sucedido esta mañana, creo que tengo el deber de contarte, o mejor dicho leerte, la nota que Hugo tiene para ti. Luego serás tu la encargada de contárselo a tu hermana claro.

¡Por fin!, por fin me voy a enterar, nos vamos a enterar que secretos esconde este chico, pensaba yo ansiosa.

Nos sentamos todos alrededor de la mesa de la cocina y “El Marqués” saco de una carpeta unos folios y unas fotografías en blanco y negro. En ese momento sentí un nudo en la garganta, ¿quería llorar o era la angustia del saber?

“El Marqués” comenzó a leer:

Llevo casi toda mi vida buscando mi sitio en este mundo, digo casi porque tenía pensado tener una vida organizada y feliz, hasta que mi padre murió. Cuando tenía dos años mi padre y yo nos quedamos solos, mi madre dio a luz a las gemelas y murió alumbrando, las gemelas también fallecieron. Eso creía yo, hasta que con 18 años mi padre me contó toda la verdad.

Mis padres eran una pareja perfecta, se amaban, eran cariñosos el uno con el otro. Pero el día que mi madre murió mi padre se trastornó, quedó sumido en una depresión hasta el día de su muerte. Siempre contaba la misma historia. Tu madre nos dejo y yo te quise por los dos. A pesar de sus esfuerzos, yo siempre eche en falta ese amor de madre, esa protección, ese calor… Mi padre fue un gran hombre y cuando enfermó me contó que vosotras, las gemelas, no fallecisteis aquel día, si no que fuisteis a vivir con la maestra, tu madre Carmen, la mujer que os acogió como si fueseis sus propias hijas. Papá no sabia que hacer con vosotras dos, pequeñitas, delicadas. Y fue Carmen quien estuvo allí para ayudarlo. Ella era maestra por aquel entonces en el pueblo, soltera y sola, muy bondadosa y se hizo cargo de todos nosotros ese mes. Entonces la trasladaron a Madrid y mi padre propuso que se llevara a las niñas, que las hiciera suyas y que no volviese al pueblo nunca más, su dolor por la pérdida de vuestra madre era tan fuerte que no era capaz de hacerse cargo de vosotras. Yo me quedé con él y vosotras empezasteis vuestra nueva vida en Madrid.

Tuve una infancia feliz, si se puede decir así teniendo un padre sumido en la tristeza y el silencio, siempre ausente a pesar de vivir juntos bajo el mismo techo. Él fue la persona que me sacó adelante, pero yo me sentía vacío, solo. Cuando conocí la historia de vuestras vidas surgió en mi la esperanza de tener una familia, amor, comprensión, eso que siempre había soñado. Por fin podía ser feliz, ¡era feliz!, tenía dos hermanas que no conocía y debía encontraros. Solo tenía como pista una fotografía de un verano y una dirección, la casa de vuestra madre Carmen en Madrid.

Ella os había hecho la foto y se la había enviado a papá. Habían pasado nueve años desde entonces y ella nunca recibió una contestación a ese mensaje. Enterarme de vuestra existencia me provocó un miedo y ese fue el motivo por el que no os busqué antes, me quedé paralizado, quería encontraros pero a la vez no quería ver vuestra reacción. Tenía ganas de abrazaros. Viajé hasta Madrid a buscaros pero allí ya no estabais… Allí fue donde me contaron que vuestra madre había muerto y conseguí una dirección que he guardado hasta ahora. Creo que a día de hoy estoy preparado para dejar de lado mi soledad y conocer lo que es tener una familia.

Me privaron de una familia, ahora quiero recuperar el tiempo perdido.

Mi padre fue un gran padre, vuestra madre, una gran mujer, dejadme conoceros, dejadme entrar en vuestras vidas.

  • ¡Oh vaya! Esto si que es una película. ¡Es genial! – dijo Martina, mi hija.

Estábamos todo callados, asimilando tantos datos, yo no era consciente de que en mi cabeza empezaba todo a cobrar sentido, tantas dudas… Esas evasivas de mamá, ahora todo tenía sentido y todo tenia su sitio.

Que historia, era verdad lo que decía Martina, era de película. Solo quedaba esperar a que Hugo se recuperase. Mi hermana Marina iba a alucinar, tenía que volver a llamarla. Salí de la cocina ya que allí se había comenzado un desastre sobre lo que habíamos escuchado.

Marqué de nuevo el número de teléfono de Marina, da llamada, de momento bien, tono, tono y…

  • ¡Hermanaaa!, ¿Cómo estas? – contestó eufórica Marina.
  • Vas a flipar con lo que te voy a contar, mejor siéntate. Ya se el secreto de mamá.
  • ¿Qué has sacado la bola de cristal? – dijo riéndose.
  • Tenemos un hermano, Hugo, y mamá nos adoptó. Él ahora está en el hospital grave, voy a ir a verle y a conocerle, hablar, no sé… que me explique, no se hermana, es todo muy raro, extraño.

Callé. No sabía que más decir. Me iba a explotar la cabeza en cualquier momento.

– ¡Flipante!. Meto dos cosas en una bolsa y voy para allá, esto es de película, espera a que llegue antes de hablar con…¿Hugo?. Espérame que ya salgo.

En ese momento se acercó a mí “El Marqués”:

  • Hugo ha entrado en coma.
  • ¿En coma? – se oyó decir a Marina al fondo. Ya salgo Lluvia, ya voy.

Colgamos a la vez. Ahora sí que esto era de película.

Jana Wallace

 

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