VENGANZA

I

Doy un último intento de respiro antes de levantarme de la cama. Aún con las 

persianas bajadas, desorientada y confusa miro el despertador y descubro que es tarde en la madrugada. Maldigo mentalmente. No he dormido nada en toda la noche, quizás es por mi nuevo estado. 

Decido encender el ordenador y entrar en Internet. Todo está repleto de noticias 

sobre el suceso. Los medios exageran la verdad hasta un punto que es irreconocible (a veces hasta se la inventan) con tal de alimentar la curiosidad y el morbo del público y así conseguir una efímera popularidad. 

Cierro el portátil de un golpe y me desplomo en el suelo.

Esta noche obtendré mi venganza cueste lo que cueste.

Me levanto, me siento frente a mi escritorio y comienzo a escribir ya que 

siempre despeja lo que un momento fue mi mente. Con las palabras que plasmo en una hoja de papel cualquiera consigo organizar mis ideas, mis sentimientos y, en general, mi cabeza. Mis escritos son reflejos de mi ser.

El bolígrafo rasga el papel y dejo que sean los despojos de mi alma los que tracen 

los conjuntos de letras. Dibujan rencor. Dibujan vergüenza. Dibujan dolor. 

He roto la hoja. Como ya he dicho, lo que escribo me refleja.

Cojo otro folio y me limito a escribir: Ya no puedo respirar. Me han robado la 

respiración.

Capítulo 1

– ¡Talía! ¡Entrégame las correcciones ya mismo! Talía… ¡Despierta vaga inútil! – Me 

desperté sobresaltada con la imagen de mi desagradable (por fuera y por dentro) y enfadado jefe en la puerta. Agaché la cabeza.

– Si dejaras de ir de fiesta en fiesta como una desbocada y te centraras en tu

 trabajo no te pasaría esto. Deberías estar agradecida de ser mi secretaria. Ya hablaremos después, cuando termines con tu trabajo.

Me lanzó otra montaña de trabajo y cerró la puerta de un portazo.

Pensé que era injusto que Carlos me tratara de esa manera. Había estado todo el 

día y toda la noche trabajando y, a pesar de todo, me habían faltado horas en el día para terminar con el trabajo que él no había hecho porque no le había dado la gana.

De todas formas no podía quejarme. Era la secretaria de Carlos, el jefe de la 

empresa. Yo había aceptado todo este trabajo al acceder a ocupar este puesto. Ilusa de mí. No trabajaba de más, estaba siendo sobreexplotada.

Aún avergonzada por no haber cumplido con mi trabajo y, además, haberme 

quedado dormida encima del escritorio de mi despacho, bajé a la cafetería a por un café para despertarme del todo. Allí me encontré a Jorge, un hombre mayor canoso y de ojos tan azules como el cielo de verano.

– Hola Talía, ¿qué tal? – Me preguntó con un tono alegre y divertido.– Ven siéntate.

Me senté a su lado mientras intentaba mostrarle una cálida sonrisa.

– ¿A qué viene esa cara tan larga? Cuentame lo que te pasa.– Me invitó a hablar.

Le conté lo que me había ocurrido con Carlos. Jorge siempre escuchaba mis

problemas. Fue una de las pocas amistades (por no decir la única) que hice en esa empresucha privada y la idea de que se jubilara me hacía temblar.

– Ese gilipollas… Deberías hacerle frente. Tú sola. – Puntualizó. – Bueno, alegra

esa cara. ¡Nos han subido el sueldo! Justo cuando estoy apunto de jubilarme…

– ¿Cómo? ¿Qué nos han subido el sueldo? No me he enterado…

– Que raro… Se le habrá pasado al jefe comentártelo. Es un cabrón pero no tanto.

Seguro que ahora te está buscando.

Carlos nunca me buscó para comentarme nada acerca de mi sueldo y tampoco 

buscó a mis otras compañeras. Es más, cuando fui a su despacho a preguntarle se limitó a reirse en mi cara y a decirme que mis resultados no eran lo suficientemente buenos. Intenté aliarme con otras mujeres de la oficina pero ninguna quiso arriesgarse a perder su trabajo. Curioso, ¿no?

Salí del trabajo a las 21:00 y fui directa a casa. Después de cenar sola me senté 

en mi escritorio para continuar con la novela que traía entre manos. Había escrito 

apenas unas pocas páginas y solo sabía que quería que se tratase de una novela romántica de esas que tanto leía y que me hacían trasportarme a mundos de fantasía donde el amor era algo precioso e intenso. Empecé a teclear en el ordenador:

Sofía caminaba por el parque con una sonrisa tan cálida como el sol y casi tan 

ancha como su graciosa cara pecosa. Sus largos, ondulados y pelirrojos cabellos se dejaban llevar por la suave brisa de verano y sus ojos verdes hacían juego con la hierba. Alta, delgada pero con curvas, inteligente pero un poco irascible…  Era una chica hermosa, aunque ella no lo sabía.

Cada poro de su cuerpo derramaba felicidad e ilusión debido a que le acaban de dar la

noticia que llevaba esperando años. ¡Por fin podría irse a estudiar ingeniería a Estados Unidos! Tanto trabajo duro habían dado sus frutos…

Digamos que esta “novela” refleja de manera exacta la evolución de mi estado

mental.

Capítulo 2

El trabajo era cada vez mayor y me ahogaba como si fuera una serpiente

 alrededor de mi cuello que apretaba más y más. Aun así, llegó el viernes. El día de mi cumpleaños. Mi plan era quedarme en casa y seguir con la novela pero Jorge me convenció de ir a tomar unas copas. Me pareció bastante gracioso que un señor de casi 60 años tuviera más ganas de salir un viernes noche que yo.

Tras vestirme con una camisa blanca algo escotada y unos sencillos vaqueros 

negros fui a maquillarme. En el proceso se me cayó y rompió el espejo de mano y, a pesar de ser algo supersticiosa, no le di mucha importancia. Debería haberlo hecho.

Llegué al bar donde habíamos quedado Jorge y yo algo antes de la hora acordada.

Un hombre alto, musculoso, moreno y extremadamente guapo se me acercó.

– Hola guapa, ¿puedo invitarte a una copa? – Me preguntó con un tono de voz

muy seductor.

– No, gracias estoy esperando a un amigo. – Respondí algo cortada.

– Venga anda, no seas aburrida.

Y ahí está el tópico de que si a una mujer soltera no le apetece pasar el rato con un

hombre es una amargada que necesita divertirse, como no, con la compañía del género masculino.

Al final accedí y estuvimos hablando hasta que llegó Jorge ya que se fue nada

más aparecer mi amigo. Descubrí que se llamaba Álex, que estaba licenciado en historia

del arte y que estaba preparando unas oposiciones para trabajar como profesor en una universidad cercana. Intercambiamos nuestros teléfonos y acordamos volver a vernos otro día. 

Volví a casa de madrugada. No se me ocurrió otra cosa que ponerme a escribir:

Sofía se bajó del avión muy ilusionada. A sus 22 años de vida había cumplido su sueño de 

vivir en Estados Unidos. Estudiar ingeniería y poder cultivar su pasión, el golf, mejoraban aún más esta situación. Solo le faltaba una cosa: encontrar de una vez por todas a su príncipe azul, su media naranja, su guardián que la proteja de los males del exterior… Encontrar el amor.

Dió un suspiro antes de entrar en el apartamento que había alquilado en Ames, Iowa. Allí se 

encontró al hombre de sus sueños. Perfecto a sus ojos. 

(Parece un dios…) Pensó Sofía.

– Hola guapa, ¿te gusta tu nuevo hogar? – Mostró una sonrisa con la que cualquier mujer

se derretería.

– S-si…

Las palabras no acudían a su boca en español, mucho menos en inglés. No podía respirar.

– Me llamo Tyson. Ya nos veremos.

 Guiñó un ojo a Sofía mientras salía del apartamento, dejando a la chica con la respiración

 entrecortada y su corazón a punto de salirse del pecho.

Realmente ya no me siento nada identificada con las palabras que en su momento 

plasmaron mis sentimientos y sueños. 

Capítulo 3

Al día siguiente de conocer a Álex recibí un mensaje suyo. Tras hablar durante todo

el día quedamos para cenar esa misma noche. Me vestí lo más seductora que pude con tal de estar a su altura. Volví a reflejarme con el espejo roto que no había recogido ayer y seguí sin hacerle caso. Nada podía salir mal esa noche. ¿Por qué fui tan estúpida?

Habían transcurrido unas semanas desde la llegada de Sofía a Estados Unidos. La relación

entre ella y Tyson era cada vez más estrecha y, aunque ya podía dirigirle más de tres palabras seguidas sin trabarse, todavía sentía mariposas en el estómago cada vez que lo veía. 

Un día se lo encontró en el campo de golf donde entrenaba…

La cena transcurrió tranquila. Álex se mostró encantador y alagó varias veces mi 

aspecto. Después se ofreció a llevarme a un sitio “muy especial” en coche a lo que yo accedí.

–¿No vas a decirme ni una pista? Quiero saber a dónde vamos a ir…

–No.

Se instauró un incómodo silencio en el coche. Cuando la luz le dió en la cara pude 

notar que su mirada estaba más oscura que de costumbre…

– Hola Tyson. No sabía que jugabas al golf.

– Tengo algo muy importante que decirte…

– ¿Cóm…?

Tyson no dejó terminar a Sofía. La cogió de la muñeca y condució a la chica a un sitio muy 

escondido, dejando su bolsa de palos de golf en el suelo. Sofía tenía un mal presentimiento…

Álex aparcó el coche en un descampado.

– ¿Vamos a ver las estrellas? – Pregunté como una tonta.

– Baja. – Ordenó

Lo que vi me dejó sin habla. Los ojos color miel de Álex eran casi negros y todo 

ápice de atractivo, ternura y cordura habían desaparecido de su cuerpo. Me inmovilizó poniéndome un brazo alrededor del cuello y agarrándo mi cuerpo con él otro. 

– Tranquila, falta poco para que llegue… – Su voz estaba cargada de algo que no 

supe distinguir pero que daba mucho miedo.

El Tyson que se encontraba frente a Sofía en el campo de golf no era el amable y atractivo

 chico que había conocido la chica. Parecía estar extremadamente nervioso y ansioso por algo. 

– Ya no aguanto más… – Se acercó peligrosamente a Sofía.

Un coche aparcó a su lado. Del vehículo salió una persona .No podía ver su la

 cara.

– Que ganas tenía de esto… – Dijo el hombre desconocido.

Su voz era inconfundible. 

– ¿C-Carlos? –  Dije asustada y confundida.

– Muy bien secretariucha… ¿No sabías que “tu Álex” y yo somos amigos? – Se rió

en mi cara. – Quitémosle la ropa. Esto te pasa por ir de fiesta en fiesta, zorra.

Tyson se abalanzó sobre Sofía.

Las dos chicas luchaban contra sus propios agresores. Buscaban escapar de 

aquella realidad en la que estaban siendo manoseadas, insultadas, penetradas… Violadas. Lloraban, suplicaban y forcejeaban pero ellos no paraban. En un momento intentaron huir de sus agresores pero lo único que recibieron fueron más golpes y más dolor. Atestaron puñaladas contra las chicas y solo una de ellas sobrevivió. Sofía, la parte llena de ilusión, de alegría y de belleza de Talía, murió tras recibir apuñaladas en el cuello, torso y cabeza. Talía también las recibió, aunque las suyas no se habían manifestado físicamente.

II

¿Denuncié lo que me ocurrió hace exactamente una semana? Por supuesto que lo 

hice.

¿De qué sirvió? De nada. No tenía pruebas y nadie me creyó. Algunos medios 

me regalaron el beneficio de la duda pero solo lo hacían para atraer al morbo de la gente.

Ese día destrozó una parte de mí. 

Mi venganza será esta noche. Nuestra venganza será esta noche. La venganza de 

todas las personas que han sido insultadas, maltratadas, violadas y asesinadas a manos de otras. Nos uniremos y lucharemos contra el sistema que permite que sigan ocurriendo estas cosas, contra la sociedad que hace la vista gorda a todo y contra la superioridad de unas personas  frente a  otras.  

¿Sabéis que es lo peor de todo? Que esto es una lotería. Quien sabe, quizás la 

persona con la que llevas trabajando años puede destrozarte la vida en cuestión de minutos.

Yo, Talía, una mujer sin rostro y sin edad, invisibilizada y menospreciada allá 

adonde iba, representaré a las mujeres en esta lucha y empezaré publicando esta historia, mi historia. Mi mayor deseo es que sea la última mujer en vivir lo que he vivido pero se que no va a ser así. La lucha será larga e intensa así que, por el momento, me conformo con servir de ayuda a las personas que lo necesiten y, sobretodo, a las que han vivido una situación parecida a la mía.

Más fuerte que el miedo es el deseo de luchar por la libertad (Claudia Ruggerini)

Firmado: Violeta Díaz



 

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