Viento del Norte

El viento de norte, como dice la canción, es lo que sentí correr sobre mi piel, como si se tratara de una mascarilla con efecto lifting. En ese momento, mi único objetivo era bajar las escalerillas del avión lo más rápido posible; no tenía prisa, pero los viajes por las nubes me ponen un poco ansioso. El paseíllo hasta la terminal me hizo sacar la chaqueta de la maleta.

Nada más cruzar la puerta de llegadas, visualicé a mi contacto con un cartel con mi nombre impreso. Aquel chico con pelo y cejas color zanahoria y pecas salpicando su tez blanca, resultaría ser mi amigo del alma en Escocia. Su nombre, aunque impronunciable, me gustó. Eairrsidh, significaba “realmente valiente”. Afortunadamente tenía una versión corta y más fácil que era Eair. Desde el principio intentó camuflar su profundo acento escocés para que le siguiera sin dificultad.

En fin, ya tenía guía y era bienvenido a Kirwall, principal ciudad de las Islas Orcadas. Tras un breve trayecto, sin casi tráfico, llegamos al “Inn Guest House” en Holm. Allí me esperaba una habitación realmente confortable y unas vistas preciosas, naturaleza en estado puro. Tras dejar el equipaje en mi cuarto, me reuní en una sala con Eair, un representante de Westray Exports y otro más de turismo. Los cuatro repasamos y perfilamos cuidadosamente nuestra agenda para la intensa semana que nos esperaba. El proyecto que pretendíamos activar entre las islas Orcadas y Cantabria estaba a punto de arrancar y yo había sido elegido; no podía fallar ahora, me dije sin titubear.

En mi primera visita, Mainland fue la isla elegida; quizás el hecho de que fuera la isla principal ayudó en la elección. Tras la primera toma de contacto con el entorno, nos trasladamos a Cuween Hill Cairn, lugar de peregrinaje de turistas en verano. Mi amigo Eair me explicó que todos los montes y pequeñas colinas a mi alrededor estaban salpicadas de Cámaras funerarias milenarias. Desde ese punto observé el contraste brutal entre un verde intenso, un gris oscuro en el cielo y un azul penetrante del mar. El viento acompañaba el paisaje y lo hacía más misterioso, si cabe. Tras quedarme unos minutos en silencio, embobado, mi amigo se dispuso a presentarme a dos estudiantes de periodismo escocesas copartícipes del proyecto y, por tanto, colegas. Leslie y Lair eran sus nombres. La primera tenía una belleza típica escocesa. Ojos verdes muy expresivos, pelo castaño y una educación exquisita; y es que eso se percibe desde el primer minuto. Lair era rubia con preciosos ojos azules y sonrisa y voz muy, muy dulces. Entre los cuatro simularíamos ser dos parejas viajando juntas; con esa excusa explicaríamos datos curiosos y venderíamos las marcas de ambas zonas.

Lo que pretendíamos hacer durante nuestra estancia era grabar cortos con contenidos que destacaran los puntos en común entre estas islas y Cantabria. De este modo podríamos promocionar ambos lugares con diferentes fines y completar nuestro trabajo de fin de grado. Ambos fines estaban tan íntimamente ligados y planificados que me quitaban horas de sueño y me ilusionaban a partes iguales.

Después de seguir las primeras indicaciones del director de grabación y de los cámaras, grabamos los primeros exteriores sin audio. Sólo proyectamos una imagen fresca y natural de personas jóvenes que están descubriendo parajes únicos. Por suerte, las tomas salieron muy bien en tan sólo dos intentos. Sin tiempo que perder, nos desplazamos a una zona de acantilados típica por la gran variedad de aves que la sobrevuela. Los famosos acantilados de Yesnaby son imponentes; sobre todo su gran monolito, una roca que se alza a 35 metros de altura conocida como Yesnaby Castle. Las olas rompen con fuerza contra las rocas. En este punto, debo confesar que hasta a un cántabro como yo, le impresionó la altura; no en vano, estábamos ante uno de los 10 acantilados más impresionantes del mundo. Eso había que grabarlo, pero desde nuestra visión.

Durante todos los desplazamientos, las chicas, Eair y yo nos habíamos intercambiado ya muchísima información sobre nuestros gustos y se podría decir que entre Lair y yo había nacido una conexión especial. Tras la comida en un típico pub de la zona, me atreví hasta a bailar con los lugareños. Me sentía muy, muy bien y es que los escoceses de esta zona son muy abiertos y muy receptivos con los que les visitan. Lo que no supe hasta el final del viaje es que la escena del pub, que en principio era privado, formaría parte del video y fue elegido por la espontaneidad, que era lo que se buscaba trasmitir.

Sin darme cuenta, los días pasaron y yo estaba totalmente sumergido en aquel trabajo maravilloso. Las reuniones con empresarios y emprendedores no hicieron más que animarme a explorar un mundo lleno de posibilidades en una zona desconocida para muchos paisanos. En mi cabeza se agolpaban ideas para mi vida post-universidad. Keep calm!, me dije en alguna ocasión. ¡No corras tanto, Laro!

En mis últimas horas en las islas, recibí una sorpresa muy especial de Eair, Leslie y Lair. Los cuatro pasamos un atardecer maravilloso en el “Ring of Brodgar” (círculo megalítico levantado cerca del 2500 a.C.). Las sensaciones que tuve allí fueron una mezcla de entorno natural, tristeza, euforia y algo más…y es que Lair y yo ya no nos separábamos ni un momento. Recuerdo como algo especial el abrazo en el que nos fundimos allí mismo. No hicieron falta palabras. Creo que ambos sentíamos mariposillas. ¿Habría conquistado yo, Laro, a una escocesa descendiente de vikingos?¡ Vikingos&cántabros, buena combinación! El tiempo dirá, me dije, mientras intentaba relajarme.

De pronto me vi de nuevo mirando por la ventanilla del avión y algunas sonrisas se dibujaron en mi cara, mientras repasaba mentalmente todo lo vivido. Desde mi asiento y sin perder tiempo, aproveché para adelantar trabajo porque en Santander me esperaban varias reuniones para fijar la agenda de trabajo en casa. Los informes estaban listos y sólo quedaba ver a los míos de nuevo y ponerles al día. Lo que había nacido entre Lair y yo lo omití para no adelantarme a los acontecimientos. Como dice un buen amigo, la discreción es la madre de la buena educación; en clara referencia a lo nerviosas que se ponen las madres cuando las das demasiados detalles amorosos.

Cuando ya había vuelto a mis rutinas y sólo me ilusionaba hablar con Lair a través de Skype, recibí una gran noticia de Eair. Me anunciaba que su viaje hacia Santander se adelantaba por cuestiones operativas y que Lair suspiraba por un cántabro. ¡Qué vuelco me pegó el corazón! Tenía que superar las expectativas y repasar todos los detalles al milímetro. Nada podía fallar. En ese instante, sentí que Eair era un buen amigo, confidente y colega.

Las horas pasaron lentas por las noches y rápidas por el día. En conjunto puedo decir que todo estaba listo para recibir a mis amigos. El equipo de grabación en Santander era de la zona y por tanto la comunicación sería más fluida o al menos eso pensaba yo, hasta que, tras ir en comitiva a recibirles al aeropuerto, pude comprobar como el fuerte acento escocés jugó una mala pasada a los que se creían buenos conocedores de la lengua de Shakespeare. A pesar de todo, con buena voluntad todo se arregló. Los magos de sonido meterían voz en off y listo. Al fin y al cabo, era un truco muy recurrido; y es que la llegada también estaba incluida en esa espontaneidad que se buscaba.

Tras los saludos fuera de cámara, nos desplazamos rápidamente al Hotel Bahía. Quedaron impresionados con las vistas, la temperatura tan agradable que hacía y la ausencia de viento. Durante las siguientes horas, hicimos exactamente lo mismo que yo había hecho en terreno escocés: reuniones y agenda de trabajo. Cuando esto terminó, acordamos pasar a recogerles para llevarlos a cenar al Barrio Pesquero y a tomar una cerveza por Cañadío y alrededores. Lair me comentó que el ambiente era fantástico y que podría acostumbrarse a vivir aquí. Entre bromas y no bromas me dijo que iba a buscar trabajo por aquí. Yo rápidamente la animé y a pesar de la dificultad que entrañaba, no quise romper lo mágico del momento. Como al día siguiente teníamos tareas, los acompañamos antes de media noche a su hotel. Ese día Lair, me regaló un beso breve pero delicioso.

Nuestro primer día de grabación nos llevó a la Península de la Magdalena, Faro de Cabo Mayor y La Maruca. Quedó todo muy auténtico. Los de grabación, bromeando, nos animaron a dedicarnos a la interpretación. Yo creo que nos ayudaba mucho, la relación tan bonita que teníamos y las ganas por sacar adelante nuestro proyecto. En definitiva, todo fluía.

Santillana del Mar, Cabárceno, Liérganes y Potes (Fuente Dé) …fueron escenarios obligados para grabar y lucir nuestra belleza. Los productos típicos de la zona pasiega fueron muy apreciados por ellos y yo debo confesar que su gastronomía y sus prendas de lana, su whisky y sus joyas autóctonas daban la talla sin problemas.

Los cuatro supimos aprovechar el tiempo sin desperdiciar ni un segundo y esta vez la despedida no fue tan triste porque la Universidad de Cantabria les ofreció formar parte de un proyecto de colaboración con la Cámara de Comercio. Nuestro futuro en común estaba escrito. Eair, Leslie y Lair pasaban a ser embajadores no oficiales de la tierra.

¡Bienvenidos a todos los que sumáis; afortunadamente sois muchos!

Mainland.

 

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